martes, 18 de julio de 2006
DESGOBIERNO EN LA GESTIÓN
TRES AÑOS IMPROVISANDO Van ya más de tres años que Ribadeo está soportando esta desatinada gestión de gobierno. Tres largos años perdidos para este concejo. Más de tres años improvisando, sin abordar ninguno de los grandes retos pendientes. Tres largos años entretenidos en trivialidades, esperando que pasen los días y caigan los euros.
El paraíso que este alcalde nos prometía en su discurso de investidura y en su programa electoral, resultó ser, como el de Milton: un paraíso perdido. Una serie de maniobras para engañar a los incautos que creyeron en él. Incapaz de sacar su programa adelante, y cumplir así su promesa y su contrato con los electores, dedicó su tiempo a improvisar y a viajar. Se pasó el tiempo de su mandato viajando constantemente para traernos a los franceses de la Bretaña y un ascensor, que nunca llega, para la Atalaya, junto con otras actuaciones menores, como fueron las bicicletas para alquilar, los contenedores de excrementos caninos, la reforma del auditorio de Cabanela, o la fuente de juegos de agua. Una constante improvisación en su forma de gobernar y poniendo siempre el acento en su respaldo al capital, como lo atestigua su apoyo a Acuinor o a aquellas urbanizaciones famosas, en vez de hacer viviendas para los necesitados o proteger el medio ambiente, como había prometido en su programa. Para asegurarse el apoyo a su gestión vacía de contenidos, no dudó en asegurarse la colaboración de algunos de los funcionarios, mediante una subida escandalosa del sueldo, en vez de defender los intereses económicos del concejo, como era su obligación, que son los intereses de los contribuyentes. Con pólvora ajena cualquiera dispara.
Esta fue su respuesta al apoyo que el pueblo le concedió, atraído por su eslogan “otra forma de ser, otra forma de gobernar”. Todo acabó en un estrepitoso fracaso. Ni hubo honestidad en la gestión, ni austeridad en el gasto, como lo demuestran los presupuestos de este año, ni participación ciudadana, tal como nos había prometido en su programa. Este alcalde no funciona en ese registro. Más bien hizo todo lo contrario de lo prometido a los ribadenses. Los impuestos crecieron de forma alarmante y otros nuevos se establecieron, el gasto público no se contuvo y la participación ciudadana en la gestión brilló por su ausencia. Y así van pasando los días. Y mientras, el pueblo permanece callado o se entretiene mirando para otro lado. La antigua costumbre de las tertulias, que tanto ocupaba antes el tiempo libre de los vecinos y en las que se hablaba de todo, incluida la gestión municipal, no está ya de moda. Nuevos hábitos de vida la ha suplantado. En todo caso, son otras cosas las que acaparan la atención de la gente en sus tiempos de ocio. De política no quieren hablar. Se sienten ajenos a ella, ignorando que viven en una “polis”. Como dijo Aristóteles, sólo los dioses y las bestias del campo, que viven fuera de la ciudad, son ajenos a la política. Ignoran que la política concierne a todos los que viven en una comunidad. Nuestra respuesta, pues, a la acción del gobierno local no puede ser el silencio. Si ejercen el gobierno en nuestro nombre tenemos la responsabilidad de opinar y de intervenir en los problemas que afectan al gobierno de la comunidad, como hicieron los de Nigrán. Permanecer dormidos e ignorar la política municipal, es darle la razón a Cervantes cuando, por boca de D. Quijote, afirmaba que “el sueño es alivio de las miserias de los que las tienen despiertos”. José Mª Rodríguez
El paraíso que este alcalde nos prometía en su discurso de investidura y en su programa electoral, resultó ser, como el de Milton: un paraíso perdido. Una serie de maniobras para engañar a los incautos que creyeron en él. Incapaz de sacar su programa adelante, y cumplir así su promesa y su contrato con los electores, dedicó su tiempo a improvisar y a viajar. Se pasó el tiempo de su mandato viajando constantemente para traernos a los franceses de la Bretaña y un ascensor, que nunca llega, para la Atalaya, junto con otras actuaciones menores, como fueron las bicicletas para alquilar, los contenedores de excrementos caninos, la reforma del auditorio de Cabanela, o la fuente de juegos de agua. Una constante improvisación en su forma de gobernar y poniendo siempre el acento en su respaldo al capital, como lo atestigua su apoyo a Acuinor o a aquellas urbanizaciones famosas, en vez de hacer viviendas para los necesitados o proteger el medio ambiente, como había prometido en su programa. Para asegurarse el apoyo a su gestión vacía de contenidos, no dudó en asegurarse la colaboración de algunos de los funcionarios, mediante una subida escandalosa del sueldo, en vez de defender los intereses económicos del concejo, como era su obligación, que son los intereses de los contribuyentes. Con pólvora ajena cualquiera dispara.
Esta fue su respuesta al apoyo que el pueblo le concedió, atraído por su eslogan “otra forma de ser, otra forma de gobernar”. Todo acabó en un estrepitoso fracaso. Ni hubo honestidad en la gestión, ni austeridad en el gasto, como lo demuestran los presupuestos de este año, ni participación ciudadana, tal como nos había prometido en su programa. Este alcalde no funciona en ese registro. Más bien hizo todo lo contrario de lo prometido a los ribadenses. Los impuestos crecieron de forma alarmante y otros nuevos se establecieron, el gasto público no se contuvo y la participación ciudadana en la gestión brilló por su ausencia. Y así van pasando los días. Y mientras, el pueblo permanece callado o se entretiene mirando para otro lado. La antigua costumbre de las tertulias, que tanto ocupaba antes el tiempo libre de los vecinos y en las que se hablaba de todo, incluida la gestión municipal, no está ya de moda. Nuevos hábitos de vida la ha suplantado. En todo caso, son otras cosas las que acaparan la atención de la gente en sus tiempos de ocio. De política no quieren hablar. Se sienten ajenos a ella, ignorando que viven en una “polis”. Como dijo Aristóteles, sólo los dioses y las bestias del campo, que viven fuera de la ciudad, son ajenos a la política. Ignoran que la política concierne a todos los que viven en una comunidad. Nuestra respuesta, pues, a la acción del gobierno local no puede ser el silencio. Si ejercen el gobierno en nuestro nombre tenemos la responsabilidad de opinar y de intervenir en los problemas que afectan al gobierno de la comunidad, como hicieron los de Nigrán. Permanecer dormidos e ignorar la política municipal, es darle la razón a Cervantes cuando, por boca de D. Quijote, afirmaba que “el sueño es alivio de las miserias de los que las tienen despiertos”. José Mª Rodríguez

