S?bado, 05 de agosto de 2006

PREG?N DE LA JIRA DE SANTA CRUZ

PREG?N DE SANTA CRUZ
(Pronunciado por Jos? M? Rodr?guez D?az, el d?a 5 de julio de 2006, en el Auditorio de Ribadeo)

Se?oras y caballeros. Con la venia de Vds.

Se me pide que oficie hoy de pregonero para proclamar al pueblo el comienzo de la Jira de Santa Cruz. Se que, ni la falta de tiempo de que dispuse para hilvanar estas l?neas, ni mi limitada capacidad van a satisfacer las expectativas de esta ilustrada asamblea. A Vds., pues, pido paciencia para poder soportarme y disculpas por mi atrevimiento al aceptar este encargo. Por eso, la brevedad de este preg?n no va a ser en mi una virtud, sino una necesidad. Pensar en m? para este discurso, despu?s de tan distinguidos pregoneros que por aqu? antes pasaron, lo considero un honor que no merezco. A la Directiva de ?Amigos da Gaita? agradezco la distinci?n que me hacen. S?lo el cari?o que siento por este pueblo, del que he estado largos a?os ausente, me oblig? a aceptar este encargo. Soy consciente de que me encuentro ante un culto y exigente auditorio. Pero conf?o en que vuestra benevolencia disculpe mi gran osad?a.
No voy a detenerme ahora en ensalzar las bellezas de Santa Cruz, de su hermoso paisaje o de la importancia de la gaita gallega, el s?mbolo m?s ?enxebre? de nuestra tierra, porque otros, m?s preparados que yo, lo hicieron antes desde esta tribuna. Adem?s, creo que casi todo est? dicho ya sobre la Jira y sus creadores, sobre la capilla y la cruz de piedra y sobre el gaiteiro. Sobre la gaita, a?n suena en nuestros o?dos la brillante y jocosa eleg?a que, desde esta misma tribuna, le dedic? el pregonero del a?o pasado, Julio Carballal.
En el poco tiempo de que dispuse para hilvanar estas breves palabras, he tratado de acudir a mis personales vivencias de aquellos tiempos pasados de los a?os sesenta, en los que, por vez primera, empec? a incorporarme a esta celebraci?n campestre, invitado por una familia muy popular de esta villa, a quien desde aqu? dedico un grato recuerdo.
Establecer una comparaci?n entre las romer?as de aquellos a?os y las actuales es una idea muy sugerente para apreciar los cambios efectuados en el modo de celebrarlas. Y esta es mi intenci?n.
Las vivencias que conservamos de esta romer?a los que vivimos aquellas pasadas ?pocas, son experiencias que recordamos con verdadera nostalgia. El recuerdo de aquella juventud ya pasada las hace a?n m?s atrayentes y sugestivas. Es natural.
Pero, no cabe duda de que se est? produciendo un gran cambio, desde entonces, en la forma de vivir y celebrar esta fiesta. Y esto es lo que hoy quiero aqu? resaltar.
El marco social que entonces nos toc? a todos vivir era muy distinto del actual. Las pocas ocasiones que ten?amos de divertirnos se viv?an con mayor entusiasmo y entrega. La vida de aquellos a?os era m?s propicia para celebrar la romer?a con mayor intensidad que, quiz?s, lo puede ser en estos tiempos de hoy, en los que la sociedad actual goza de otros muchos y variados atractivos de que antes no disfrutaba.
Las relaciones vecinales, m?s intensas e ?ntimas entonces que hoy en nuestra villa, marcaban profundamente la vida de nuestras gentes, que viv?an la vida con un sentido de vecindad m?s profundo. Unas relaciones que ese d?a se ve?an trasladadas al campo de Santa Cruz, dotado de la vista m?s hermosa que se puede imaginar, y se traduc?an en una explosi?n de alegr?a entorno a aquellas meriendas que durante horas alegraban la vida de las familias, que all? acud?an, con sus invitados. El poder de convocatoria de esta fiesta reun?a a mucha gente del mundo rural que, atra?dos por la gaita gallega, tambi?n ven?an all? a disfrutar de la alegr?a com?n con sus suculentas viandas. All? los romeros, no s?lo se agrupaban por pandillas de familias y amigos, sino que conviv?an y celebraban sus alegr?as unidos, sentados en torno a una mesa o en el suelo. Era como un aula gigante, al aire libre, en donde se aprend?a a convivir y disfrutar todos juntos.
Pero la celebraci?n de la Jira empezaba ya en la villa, durante las primeras horas de la ma?ana, con las alegres alboradas de las gaitas, creadas por el Gaiteiro Mayor, Primitivo, amenizando las Cuatro Calles y el Cant?n, pregonando, con sus sones alegres y agudos, el comienzo de la romer?a. El ambiente de fiesta era ya desbordante en esas tempranas horas de la ma?ana. Y este ambiente festivo empezaba a llenar toda la villa de vida, con la presencia de pandillas de mozos, venidos de otros pueblos vecinos para participar en la romer?a. Recorr?an las calles y los bares entonando canciones e impregnando el ambiente de bullicio y aires de fiesta.
A medio d?a, despu?s de tomar el acostumbrado aperitivo en los bares con los amigos, la gente empezaba a desfilar hacia el monte. Los coches eran escasos y mucha gente sub?a a pie la empinada cuesta de Santa Cruz, formando como una gran procesi?n, portando, en sus cabezas, las cestas con las viandas, cubiertas con blancos manteles.
Ya en el monte, elegido el sitio para acomodarse, sentados sobre la alfombra verde y mullida, que formaba la hierba, o en una mesa, preparada el d?a anterior, bajo la sombra de los pinos, buscando siempre la proximidad de los amigos m?s ?ntimos, daba comienzo el ritual de la comida. Se abr?an las cestas y sobre los manteles blancos se iban colocando los suculentos manjares. Y empezaban los intercambios de viandas entre familiares y amigos para compartir la exquisita empanada de raxo, las carnes asadas o la deliciosa tortilla, junto al abundante tintorro para regarla. Luego ven?a el recorrido de las gaiteiras para alegrar las meriendas con el cantar de sus gaitas. Ellas eran las protagonistas de la jornada y a las que muchos romeros acompa?aban en sus recorridos, cantando y bailando la mui?eira.
Mozas, vestidas con lujosos trajes gallegos, con sus faldas rojas y negras, ribeteadas con abalorios de azabache y sus inmaculadas camisas blancas, luc?an sus galas y encantos mientras, contorne?ndose seductoramente, recorr?an las meriendas cantando y tocando las panderetas.
Y de cada merienda, recuperadas las fuerzas con el tintorro y la empanada, surg?an alegres las habaneras y las mui?eiras con las que muchos, como Ant?n, Coci?a, Mingos y otros que se un?an al coro, alegraban la fiesta con sus canciones, recorriendo las mesas de los amigos. El ambiente de alegr?a, que nace del est?mago lleno, del ribeiro y del cantar de las gaitas, impregnaba todo el entorno del campo. Y en ese ambiente de alegr?a y de fiesta, transcurr?an las horas entre las gratas conversaciones de los amigos y el danzar espont?neo de los grupos de bailarinas que, al son de las gaitas y rodeadas por grupos de gente, formando corros, bailaban las mui?eiras hasta el caer de la tarde, ya casi de noche, cuando los ?ltimos rayos del sol poniente resaltaban con su luz las blancas siluetas de Figueiras y Castropol, antes de desvanecerse en la oscuridad de la noche. Hoy nos queda, como recuerdo y testimonio de aquella ?poca, el monumento al gaiteiro, que proclama los or?genes de esta fiesta y el protagonismo que en ella tuvo la gaita. Esa gaita que, como dijo Daniel Cortez?n, en su precioso preg?n de hace a?os, no solamente canta y llora, sino que habla, tambi?n.
Para muchos, como era el caso de la familia que a mi me acog?a, la fiesta no acababa en Santa Cruz. Ya de nuevo en la villa, los amigos se juntaban otra vez para continuar consumiendo los restos de las viandas durante las horas nocturnas, y acabar, luego, disfrutando de la orquesta que tocaba en el Cant?n.
Y esa era la romer?a que a?n permanece viva en mis recuerdos. Muy distinta de la de hoy, en la que se imponen otras vivencias y otras formas de celebrarla. Esta es la nueva ?poca de la litrona y del calimocho, que domina en los ambientes juveniles de hoy. La sociedad no es est?tica. Los nuevos ritmos vitales, que marcan la vida de nuestros j?venes, son diferentes. ?Mejores o peores? Simplemente distintos. Pero es lo cierto, y lo vemos con pena, que en ellos priva m?s la diversi?n que las relaciones humanas. Y el ambiente que hoy se vive en Santa Cruz es distinto del que nosotros vivimos ayer. ?Qu? ha pasado para que estas vivencias est?n tan lejos de lo que fueron las nuestras?
Pero a uno le gustar?a que aquel esp?ritu que impregnaba la fiesta no se perdiera. Celebrar en com?n es sentir y vivir en com?n. Y los pueblos, hoy m?s que nunca, necesitan descubrir y conservar sus ra?ces para vencer lo negativo que nos imponen otras culturas extra?as, procedentes de un mundo globalizado. Para vivir unidos y mantener unida nuestra comunidad necesitamos seguir celebrando nuestras fiestas, unidos. A?oramos aquellos viejos tiempos, de escaso valor mercantilista, pero muy importantes en valores de convivencia. La invitaci?n que hago yo hoy, en este preg?n, es la de intentar recuperar las ra?ces de aquel esp?ritu con que esta fiesta naci?. Un pueblo gallego sin gaita es un pueblo sin alegr?a. Y un pueblo gallego sin romer?as es un pueblo en el que la gente convive sin conocerse.
No puedo dar fin a este preg?n, porque es obligado hacerlo, sin recordar aqu? a quienes fueron los fundadores de la Jira de Santa Cruz, que tuvo como principales inspiradores a los hermanos Su?rez Couto y a Francisco Maseda, entre otros. Como muestra de agradecimiento y en su recuerdo alzaremos ma?ana una copa brindando para que nunca falte la gaita en esta fiesta y por una larga vida para esta Jira que ellos crearon. Y hago votos para que la prestigiosa sociedad ?Amigos da Gaita?, impulsora y alma de esta fiesta, siga adelante con ilusi?n en sus esfuerzos para lograr que la Jira, aun sin cohetes, no pierda sus verdaderas ra?ces y dure ?mil primaveiras m?is?, como dec?a Cunqueiro.
Ribadenses e forasteiros, amigos da Gaita e da Xira, a prepararse para facerlle a homenaxe ? gaita e ?s gaiteiros e tamborileiros, ? empanada e ?s sardi?as, ? pan e ? vi?o e ? augardente para facer a queimada. Proclamamos aberta a festa da gaita. Pregoamos aberta a Xira de Santa Cruz. E ma??n, todos, como unha sola familia??? Xira de Santa Cruz, a comer e a bailar a mui?eira, e a presentarlle a ofrenda ? Gaiteiro!

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