Martes, 29 de mayo de 2007

MONDO?EDO, LA CIUDAD DE LOS BELLOS PAISAJES

MONDO?EDO, LA CIUDAD DE LOS BELLOS PAISAJES Mondo?edo no es s?lo la antigua y vieja ciudad formada por el esplendor de su catedral, los encantos de sus bellos rincones, sus piedras antiguas y calles estrechas, la grandeza de sus edificios nobles y antiguos, las hermosas monta?as que rodean su valle y la gente amable y acogedora que vive en ella.
Y por si estos tesoros no fueran bastante para atraer y cautivar a los forasteros con tantos encantos, goza, adem?s, de unos entornos de belleza incomparable, irrepetibles en otros lugares de esta hermosa comarca costera.
Al acertado t?tulo de Ciudad de los Museos que le asign? el cronista oficial de Foz, D. Jes?s Fern?ndez, otros le podr?an haber sido otorgados con no menos acierto. La Ciudad de los Poetas, por ejemplo, por el n?mero de tantos escritores y poetas que all? se formaron inspirados por los latines de Horacio y las eleg?as de Ovidio. O la Ciudad de los Valles, pues es el suyo el primero de una armoniosa cadena de ellos que se van sucediendo hasta la orilla del mar.
En cualquier direcci?n que se mire, uno se encuentra con parajes de ensue?o, formados por la belleza de sus verdes campos y de sus bosques, por los r?os que atraviesan serpenteando sus valles y por las monta?as que los rodean. Sin alejarse de la ciudad, basta adentrarse en el Bosque de Silva para disfrutar, a la sombra de aquellos casta?os, robles y avellanos, de la calma y del silencio que todo lo envuelve, s?lo interrumpido por el canto de los jilgueros y por el sonido del esquil?n de la catedral que se oye a lo lejos, convocando a los capitulares a coro.
Entre sus otras muchas bellezas est? esa peque?a arcadia, que es el hermoso rinc?n de la Fervenza, no lejos de la vieja ciudad, de perfiles salvajes y primitivos. Las cascadas de agua, cayendo sobre sus gran?ticas rocas, forman en ellas figuras extra?as, pozos y socavones que despiertan sugerentes im?genes que alimentan la imaginaci?n de los j?venes que acuden all? a ba?arse. Un espacio de calma, de belleza y de silencio en el que s?lo se escucha a la naturaleza.
Un poco m?s adelante se encuentra el peque?o valle de Viloalle, escondido a los ojos de los forasteros, que a?n se conserva impoluto en estos tiempos de galopante urbanismo. Rodeado por altas y escarpadas monta?as, lo serpentea, lentamente, el r?o Masma. Una imagen de ensue?o capaz de despertar la musa del pintor m?s exigente.
Desemboca este hermoso valle en el mirador de Marquide, desde donde aparece la exuberante belleza del tranquilo y frondoso valle de la parroquia de Masma. Y en medio de el se divisa ese paisaje paradis?aco coronado por el palacio del Buen Aire, hoy en ruinas, esperando su restauraci?n. La belleza de los hermosos rincones de ese valle, formados por el r?o que lo atraviesa, desde ?Los Pasos? hasta ?La Brava?, queda para siempre gravada en el alma de quien los contempla.
Pero los encantos de los entornos de Mondo?edo no est?n solamente en sus preciosos y apacibles valles. Son famosas por su grandiosidad las vistas panor?micas que se disfrutan desde las altas cumbres de las agrestes monta?as que rodean su valle.
Sirvan como ejemplo los famosos paisajes que se vislumbran desde el mirador del canal de Tronceda. Un maravilloso paraje para saborear una merienda, despu?s de un ba?o en las remansadas aguas del canal, mientras se disfruta de la vista panor?mica que ofrece el f?rtil y verde valle que se asienta a los pies de la ciudad episcopal.
No le van en zaga, tampoco, los grandiosos paisajes que se contemplan desde la cima del Padornelo que, como un le?n dormido, vela el sue?o de la vieja ciudad. Desde su cumbre se descubre una sorprendente imagen de la antigua ciudad y del valle que yace dormido a sus pies.
Y no menos hermoso es el impresionante paisaje que se divisa desde O Fiouco. Desde esa altura se contempla una nueva panor?mica, para muchos, desconocida. Desde all? domina la vista todas las cumbres que se levantan en sucesivas ondulaciones hasta la franja del litoral mari?ano, sobresaliendo por encima de la suave niebla que, asentada en los valles, las envuelve en las ma?anas de oto?o. Una imagen inusual y so?adora de la orograf?a costera en la que se van sucediendo, en descendente ritmo, monta?as y valles hasta perderse en el mar.

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