Lunes, 07 de diciembre de 2015

CEDOFEITA Y CUBELAS, DOS CARAS DE UNA CRISIS

Crisis en la Iglesia. Crisis que marca el final de una etapa y el comienzo de otra. La confrontación entre lo viejo y lo nuevo. Tradición o Evangelio. Ha llegado la hora de elegir nuevos caminos. Las ventanas abiertas por el Concilio Vaticano II han dado estrada a un nuevo aire fresco en la Iglesia. Ventilación renovadora de una atmósfera contaminada por las adherencias de una larga etapa pasada. Un dilatado período en el que la Iglesia fue víctima de los despojos y escorias adheridas a lo largo de sus dos mil años de andadura. Vicios y corrupciones que la han alejado del mensaje de salvación de su fundador.

Y, como todas las crisis, la que hoy padece la Iglesia tiene vertientes opuestas. Posturas enfrentadas, con sus correspondientes mentores a veces en abierta oposición entre sí. Actitudes conservadoras e inmovilistas las unas, patrocinadas por los defensores de la “Ecclesia semper idem” como la definía Juan Pablo II. Frente a las progresistas y renovadoras las otras, apoyadas por los defensores de la “Ecclesia semper reformanda” como la calificaba Karl Barth. Mentores de las primeras, los acomodados sectores conservadores, los clérigos involucionistas, respaldados por no pocos poderosos jerarcas. Su lema: “nihil innovetur nisi quod traditum est”. Inspiradores de las segundas los sectores aperturistas, encabezados por el papa Francisco y las reformadoras Comunidades de Base. Su lema: “Una Iglesia pobre para los pobres”, Franciscus dixit.

Oscilaciones e indefiniciones instaladas en el ámbito de sus teologías y de sus prácticas litúrgicas. Titubeos y vacilaciones alojadas en sus estructuras y en sus principios morales. Cuestionamientos apostados en sus posturas económicas y hasta en sus expresiones artísticas.

            Imágenes testimoniales externas, expresivas de esas dos vertientes, no faltan en nuestro entorno cercano. Símbolos representativos de esas dos posiciones distintas. El templo de Cedofeita, por un lado. Una imagen plástica de esa vertiente inmovilista y decadente. El estado de conservación de este templo, tanto en su espacio interior como en su porte exterior, atestigua esa imagen de abandono y desidia, que corrobora la crisis propia de la decadencia del final de una etapa.

            Su imagen opuesta, la iglesia de Cubelas. Un templo de finales del siglo XVII, con su fachada reedificada un siglo después. Por iniciativa de sus feligreses, que supieron involucrar en su aspiración restauradora a las distintas administraciones, brilla hoy renovada la nueva imagen de su singular pórtico.  Un magnífico pórtico, abierto por sus dos lados, que acaba de ser objeto recientemente de una excelente restauración. La recuperación de sus tres arcos primitivos, correspondientes a las tres naves interiores del templo, acaba de devolver este pórtico a su estado original para recobrar así su figura y esplendor inicial. Y la pila bautismal en el centro del pórtico simbolizando que el bautismo es la puerta de entrada en la iglesia. Una muy acertada iniciativa de restauración de los feligreses de Cubelas, que sus vecinos de Cedofeita y de otras muchas parroquias deberían imitar.

           

 

 

 

 

 

 

                      Pórtico Cubelas. Vista interior

 


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