Mi?rcoles, 14 de junio de 2006

EL FUTURO DE LA MARI?A LUCENSE

EL FUTURO DE A MARI?A

Los movimientos de masas fueron una constante en la historia. Las causas que los motivaron fueron distintas unas de otras. Unas veces fueron razones de supervivencia, pol?ticas o sociales otras, seg?n los tiempos y circunstancias.
En los recientes tempos pasados las expectativas de una vida mejor empujaron a mucha gente a abandonar el medio rural en el que viv?an, para situarse en las ciudades en busca de una vida mejor. Rebotados ahora de ellas, cansados de la vida urbana, son muchos los que regresan a estos parajes para llenar el vac?o que les dej? la ciudad.
La mari?a lucense est? hoy en el punto de mira de mucha gente que regresa a la naturaleza, para convertirla en el lugar de su residencia. Gente que, aun no teniendo aqu? sus ra?ces, est? dispuesta a convertirla en su particular e id?lica Arcadia. Gente que, consciente de las bellezas que a?n se conservan en esta costa y que ya no se encuentran en otro sitio, est? dispuesta a invertir aqu? sus ahorros para disfrutar de sus encantos.
Cualquiera que se moleste en darse una vuelta por la costa de Barreiros, por ejemplo, podr? comprobarlo. La gran cantidad de construcciones que all? se est?n levantando en estos momentos dan testimonio de lo que digo y son preludio de lo que se avecina. Una masificaci?n de gentes que, atra?das por las bellezas de nuestra costa, de sus limpias aguas, de sus playas y sus bellos rincones, acuden a situarse en A Mari?a. Pero, ?qu? pasar? cuando, muy pronto, todo est? saturado y la vida se haga dif?cil por el exceso de poblaci?n? ?C?mo va a repercutir en los servicios que se van a necesitar, en la capacidad de las playas, en la calidad de las aguas y en las infraestructuras?
Encauzar y gestionar adecuadamente este fen?meno que se avecina es un gran reto para nuestros gestores, tanto a nivel auton?mico como municipal. De las medidas que tomen ahora, en orden a una ocupaci?n racional, ordenada y soportable, depende el futuro de esta comarca. Los intereses y obst?culos con los que se van a encontrar, las presiones de los dona ferentes, particulares y constructores, y de los que est?n interesados solamente en el dinero, son barreras dif?ciles de superar. ?Tienen conciencia de la importancia de este fen?meno? ?Est?n dispuestos a actuar a tiempo e impedir que se cometan errores irreversibles?
La sensaci?n que se percibe desde la calle no es esperanzadora. Se tiene la impresi?n de que no se est? actuando en la direcci?n adecuada. Algunos alcaldes sucumben a la tentaci?n de aumentar sus ingresos, v?a licencias, sin valorar los perjuicios que se van a seguir. No se impulsan medidas capaces de dar respuesta a este problema con un estudio bien hecho sobre el futuro de A Mari?a, en su conjunto. Da la impresi?n de que se est? gobernando improvisando las soluciones para resolver los problemas que se presentan puntualmente. No se crean ?reas de protecci?n de la costa, ni se respetan las ya existentes. La reserva existente de Red Natura 2000 no se respeta. No se planifica la ocupaci?n ordenada del suelo. Se cae en el falso t?pico de creer que construcci?n y cemento es igual a desarrollo y, por lo tanto, a felicidad .Y de esta forma, la moda de las segundas viviendas se est? cargando lo que nuestro litoral tiene de bello y hermoso. Es urgente una ley de protecci?n y respeto de los espacios costeros. Una ley que evite esta concentraci?n en la costa y favorezca la construcci?n en el interior, en donde desde siempre se asentaron las poblaciones.
Cuando pasen los a?os, los que aun recuerden como era la vida en la costa lucense y el bello paisaje que hab?a dejado el paso del tiempo, se dar?n cuenta del da?o que hicimos a la vida de nuestros hijos permitiendo la destrucci?n de esta comarca. Y entonces, otra vez, otro movimiento migratorio empezar?. ?Hacia d?nde? Es la factura que ma?ana tendr?n que pagar nuestros hijos por los atropellos medioambientales que cometieron sus padres.- Jos? M? Rodr?guez

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