Jueves, 14 de septiembre de 2006

RETROCESO ALARMANTE DE RIBADEO

RETROCESO ALARMANTE DE RIBADEO.- Por V?ctor Moro

Con los a?os y la distancia f?sica que no afectiva, reviven vigorosos los recuerdos de la infancia y de la juventud ya lejana, confirmando con el poeta que ?la patria del hombre es su infancia?. Cada d?a tengo m?s presente mi Ribadeo de lo primeros a?os treinta con toda su amplia diversidad social, cultural y pol?tica, en un clima de progreso y prosperidad compartida, truncada dram?ticamente y recuerdo, en lamentable comparaci?n con nuestra postergaci?n actual, a muchos ribadenses entregados generosamente a la defensa y mejora de la villa y de sus gentes.
En m?s de una ocasi?n me refer? a aquel Ribadeo con Instituto Nacional de 2? Ense?anza que don Manuel Becerra, ministro de la 2? Rep?blica, hab?a elevado de categor?a a partir del Instituto Local, a?os antes promovido por Calvo Sotelo, trayendo a Ribadeo un grupo de brillantes catedr?ticos de 2? Ense?anza que elevaron el tono cultural de la comarca y se hicieron presentes activamente en manifestaciones diversas. Tambi?n a nuestro partido judicial perdido, hoy en Mondo?edo; a nuestro nivel sanitario de iniciativa privada, actualmente de titularidad p?blica, mal dotado y con deficientes instalaciones; a nuestros seminarios en permanente reivindicaci?n de los intereses locales; a nuestro rango pesquero y mar?timo hoy crepuscular; a nuestras sociedades recreativas y culturales; a las distintas y exitosas actividades deportivas en pugna balomp?dica por el occidente astur; a los coros gallegos y a las brillantes representaciones teatrales aut?ctonas. Ribadeo destacaba por su pujanza ciudadana y su potencial progreso en toda la amplia comarca mari?ana.
Quedan muy lejos la pujanza naviera ribadense o los balbuceos industriales en la casa f?brica, hoy Teatro decr?pito y abandonado, o los truncados sue?os de prosperidad en torno a la explotaci?n minera de Villaodrid, con el desaparecido ferrocarril que festoneaba el Eo en recorrido paisaj?stico tan hermoso como desconocido. Los empe?os ferroviarios ribadenses desde Villafranca no prosperaron. El ferrocarril de la Costa no cruz? la r?a por el Costal a Castropol como mejor soluci?n para salvar el estuario. Los sue?os renovados con la CEPAL, que moviliz? la ciudadan?a en manifestaci?n popular, se los llev? el viento de la apat?a, de la falta de apoyo p?blico, que contin?a en la actualidad.
Los intereses de Ribadeo, sus verdaderos intereses, en manos de representaciones municipales m?s ocupadas en la refriega partidaria que en promover el progreso del municipio, conducen a esta situaci?n de apat?a que todo lo envuelve. En Ribadeo se desarrolla un urbanismo desaforado en connivencia destructora entre promotores y municipio, cualquiera que sea su mayor?a pol?tica. Se prodigan especulativas alturas, cual ocurre en la traves?a desde el Parador al Jard?n o en la carretera del muelle, hoy Calvo Sotelo, convertidas en tuber?as atosigantes e inhumanas.
Actuaciones aberrantes como la desarrollada sobre el solar de la casa de Pi??n, cerrando la visi?n a la r?a o con la casa de los Barreiro tambi?n sacrificada, siguen amenazando el futuro urban?stico con promociones innecesarias, mientras edificios singulares como la Aduana Vieja o el de las Monjas en la Trinidad se derrumban lentamente. Las casas colgadas sobre Espi?aredo son ejemplo del feismo al uso tambi?n presente en la esquina de Lage en el Cant?n. Incomprensiblemente Rodr?guez Murias o Ram?n Gonz?lez no fueron ensanchadas cuando hubo oportunidad de hacerlo. Las grandes posibilidades de expansi?n racional de Ribadeo sobre tierras de Obe, Villasel?n y Pi?eira no se consideran y viviendas unifamiliares se prodigan dispersas sin la m?s m?nima ordenaci?n ni visi?n de futuro. La Plaza de Espa?a, el Campo para los viejos ribadenses o tambi?n los Salones Gardeta, en recuerdo del alcalde que los convibi?, sigue cruzada por la carretera de Asturias sin la iniciativa de un estacionamiento subterr?neo que resuelva la precariedad actual y lo convierta en el m?s noble espacio ciudadano de la villa.
Evidentemente se trata de actuaciones que requieren financiaci?n pero para eso est? la gesti?n municipal, hoy limitada al arreglo de algunas calles peatonales, a un rid?culo estanque en las cercan?as del Parador o, seg?n me dicen, un posible elevador desde Porcill?n a la Atalaya de dudosa utilidad o a la colocaci?n de monecos que, sin considerar su calidad art?stica, est?n mal emplazados. Los cocos se pierden contra la capilla de San Roque e Ib??ez no acaba de bajar las escaleras en hu?da premonitoria de su viejo palacio?
Un municipio exige gesti?n. Un programa de objetivos ambicioso. Ribadeo no goz? de la atenci?n del gobierno de Fraga y todo parece que contin?a igual con Touri?o, que pas? por Ribadeo ignorando incluso nuestra toponimia. Los planes comunes astur-galaicos siguen sobre el papel ante la pasividad municipal. No hay iniciativas de asentamientos por carecer de un parque empresarial adecuado. No hay impulsos oficiales que reaviven el tono cultural, el progreso y la mejora de renta hoy muy baja. Fuera de la movida de los fines de semana, sin m?s relevancia que sus efectos ruidosos insoportables, la vida de Ribadeo, tras la corriente ef?mera del turismo veraniego, entra en letargo adormecedor sin vida ni aliento de progreso propio. Hay quien destaca su importancia como enclave de servicios con atractivo n?utico veraniego en torno a la r?a, hoy seriamente amenazada por los arrastres que provocan las instalaciones marisqueras de la ribera asturiana. O sea sujeto pasivo de actividades estacionales ajenas, sin potencial aut?ctono en la industria, en la pesca, en la agricultura o en sectores adecuados a sus caracter?sticas, que generen puestos de trabajo fijos y salarios en consonancia. Bien est? el breve turismo estacional pero s?lo con esto seguiremos languideciendo.
Las noticias de prensa con que inicio estas letras deben llevarnos a reflexi?n. Mientras otras villas promueven estudios universitarios Ribadeo sigue en el letargo ineficaz. Nos perdemos en diferencias partidarias est?riles sin gesti?n apreciable en estamentos provinciales, regionales o estatales que nos ignoran. La ausencia de gesti?n es alarmante. Salvo hermanamientos intrascendentes que concluyen con una copiosa comida, Ribadeo no progresa en ning?n campo, lamentablemente ocupado en destruir cuanto la naturaleza tan generosamente nos regal?.

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