Domingo, 26 de noviembre de 2006

DISPARAR CON P?LVORA AJENA

DISPARAR CON POLVORA AJENA

Han pasado ya muchos meses desde aquella sentencia famosa que condenaba al concejo a pagar 60 euros al mes a un vecino de Ribadeo. Se pretend?a con este dinero, fijado en la sentencia, desagraviar a esta familia por los efectos nocivos que tiene que soportar, provocados por los decibelios de la movida nocturna. La sentencia declara culpable al concejo por inhibirse en la aplicaci?n de las normas y no evitar que se produzcan estos trastornos en la vecindad. Y el concejo ha de pagar 60 euros mensuales al perjudicado mientras duren los perjudiciales efectos producidos por los decibelios de la movida nocturna.
Desde entonces nada se ha hecho desde el concejo para eliminar la contaminaci?n ac?stica que provoc? esta demanda. Las cosas siguen igual que estaban entonces. El ayuntamiento sigue eludiendo su obligaci?n de hacer que se cumplan las normas y se inhibe de su deber de tomar las medidas para erradicar este abuso. Estamos, pues, ante el abandono de un servicio que el ayuntamiento est? obligado a prestar: garantizar el orden y la paz ciudadana. El alcalde ha optado por seguir pagando mensualmente al perjudicado la sanci?n impuesta por el juzgado, en vez de corregir los abusos que la ocasionan. Una c?moda forma de solucionar el problema sin tener que enfrentarse con los responsables del exceso de decibelios y, al mismo tiempo, cumplir as? con la letra de lo dispuesto en la sentencia. Lo primero, porque cree que le puede ser m?s rentable en las elecciones. Y lo segundo, porque el alcalde paga con el dinero del pueblo. Y, como dice el refr?n castellano, ?con p?lvora ajena cualquiera dispara?.
Pero, jugar as? con el dinero del pueblo, es una forma reprochable de gobernar. ?En d?nde est? la administraci?n austera que el alcalde prometiera al pueblo en su programa? Acudir al dinero del pueblo para solucionar los problemas que se deben solucionar por otro camino es un recurso f?cil y c?modo, pero inapropiado. Y es un recurso al que acude el alcalde con demasiada frecuencia para solucionar los problemas de su mala gesti?n. Porque eso mismo fue lo que hizo cuando, a costa del dinero del pueblo, apoy? las aspiraciones econ?micas de los funcionarios municipales, mediante unos escandalosos convenios, perjudicando los intereses del concejo, que son los intereses del pueblo; o cuando procedi? a los despidos de ciertos trabajadores, calificados por los juzgados de improcedentes, con el consiguiente menoscabo econ?mico para el concejo, que tuvo que indemnizarlos por la p?rdida de su trabajo; o cuando lo utiliz?, con ligereza, para promover actuaciones judiciales contra miembros de la corporaci?n municipal, que luego resultaron absueltos por los juzgados; o cuando, como ahora, se permite utilizar los dineros del pueblo pagando indefinidamente una compensaci?n a un perjudicado, en vez de corregir las causas que la provocan.
Este no es el camino de administrar el dinero del pueblo. Se supone que administrar con austeridad un concejo es velar por la correcta utilizaci?n de su patrimonio, que es el patrimonio de todos, poniendo todos los medios para que el dinero de los contribuyentes se invierta adecuadamente en cubrir las necesidades y los servicios que necesita la sociedad, empleando todos los medios para evitar el despilfarro y la malversaci?n. Y lo que a lo largo de estos a?os de gobierno socialista hemos vivido nos lleva a concluir que ha habido un gran despilfarro en la utilizaci?n de los recursos, tanto en estos casos citados, como en los innumerables y prolongados viajes que hace el alcalde, acompa?ado de su escolta de funcionarios, as? como en gastos suntuosos y superfluos que no se traducen en mejores servicios a la sociedad.
Y todo esto ocurre con la connivencia de sus socios en el gobierno, gentes ejusdem farinae, que miran para otro lado con tal de conservar la canonj?a. No cabe duda de que Ribadeo ha conocido tiempos mejores. Jos? M? Rodr?guez

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