S?bado, 20 de enero de 2007

EL CONTRATO DE LOS ALCALDES

NUESTRO CONTRATO CON EL ALCALDE

Desde que los candidatos a las alcald?as de nuestros concejos se asignaron un sueldo por desempe?ar su trabajo, - en Ribadeo esto ocurri? desde hace s?lo ocho a?os - se ven sometidos a las condiciones que regulan todo contrato: Do ut des. Por un lado est? el pagador, el que aporta el dinero, que en este caso son los ciudadanos; y por el otro el que aspira al trabajo, es decir, el candidato a alcalde. Un pacto establecido entre una persona y un colectivo, que tiene como contraprestaci?n al trabajo prestado el salario que se le ha de abonar. Y as? como el trabajador, en este caso el alcalde, tiene derecho a exigir su salario al pagador, que son los ciudadanos, as? tambi?n los ciudadanos, como empleadores, tienen derecho a exigir que el alcalde cumpla con el trabajo que prometi?. Pero, ?qu? prometi? el alcalde? ?Cu?l es el trabajo a desarrollar, objeto de este contrato? Ni m?s ni menos que el contenido en el programa electoral ofrecido en la campa?a. En el se recoge el trabajo que prometi? desarrollar durante el tiempo de duraci?n de su contrato. Establecida as? la relaci?n contractual entre los ciudadanos y sus alcaldes, hay que tener en cuenta dos cosas: La primera, la importancia de los programas electorales, que constituyen el objeto del contrato; y, la segunda, el grado de su cumplimiento.
En cuanto a la importancia de los programas electorales, no ha faltado alg?n famoso pol?tico que ha aireado la frase de que ?los programas se hacen para no ser cumplidos?. Y es posible que tuviera raz?n, a juzgar por lo que se ve en muchos casos.
No se ha de olvidar, sin embargo, que el programa ofertado por un aspirante a la alcald?a es la ?nica y principal referencia de que dispone el ciudadano elector para conocer y aceptar, o no, ese contrato. Saber qu? piensa hacer el candidato, si llega a gobernar, con los grandes problemas pendientes, como pueden ser la vivienda, el medio ambiente, la seguridad ciudadana, las infraestructuras, la participaci?n ciudadana, la pol?tica impositiva, la inversi?n de los recursos y todas aquellas carencias que se dan en la vida de una comunidad. Es decir, el programa electoral de gobierno. Esto ser?a la materia objeto del contrato, sin la cual no podr?a existir.
En cuanto al grado de su cumplimiento, es aqu? en donde el ciudadano elector, en su papel de pagador, ha de velar constantemente por su nivel de ejecuci?n, seg?n lo acordado entre las partes al aceptar el programa del candidato. Circunstancias sobrevenidas pudieran, en alg?n caso, modificar la estricta aplicaci?n de un programa, pero nunca anularlo, porque eso llevar?a consigo su derogaci?n, y por lo tanto, el cese en el cargo de alcalde.
De aqu?, precisamente, nace el derecho que tiene el ciudadano para formular sus cr?ticas, y sus protestas, por el incumplimiento del programa pactado con el candidato a la alcald?a.
Trasladada esta doctrina al ?mbito municipal ribadense, ?qu? quiere decir?
Quiere decir que el alcalde nos ofreci? un programa electoral, con unos contenidos concretos para sacar adelante con su gesti?n, y por cuya ejecuci?n se impuso un salario de casi 50.000 euros al a?o, (unas 22.500 pesetas diarias, en dinero blanco) que debemos pagarle.
Quiere decir que, a juzgar por lo que hizo en estos tres largos a?os, el Vacas incumpli? el contrato. No cumpli? lo pactado con los electores e ignor? las voces del pueblo a lo largo de su mandato, para seguir sus propios criterios. Quien se tome la molestia de releer el programa ofertado por ?l, se dar? cuenta de que no s?lo no hizo nada de lo que hab?a propuesto, sino que hizo todo lo contrario de lo prometido a los ribadenses. Y mientras que los ciudadanos est?n cumpliendo lo pactado en ese contrato, pagando puntualmente su n?mina, el alcalde, al no respetar las condiciones pactadas en el contrato, debe abandonar su puesto en la alcald?a. Y la gente que acept? su programa y le vot? no debe olvidar que la primera vez que ?l enga?? a los electores, la culpa fue del alcalde; pero la segunda vez, si se da en el futuro, la culpa ser? de los electores. ? Jos? M? Rodr?guez

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