S?bado, 24 de febrero de 2007

HORIZONTES OSCUROS

HORIZONTES OSCUROS

La sensaci?n de corrupci?n que se tiene de muchos de los que hoy se dedican a la pol?tica es general. Una sensaci?n que va en aumento desde que vivimos en democracia. Los que en la Edad Media nos gobernaban en nombre de Dios eran p?simos emuladores de los que hoy nos gobiernan en nombre del pueblo. Por si no fuera bastante lo que la gente percibe en su vida diaria, contribuyen a ello los muchos casos de corrupci?n que, d?a tras d?a, est?n difundiendo los medios informativos. M?ltiples casos de corrupci?n urban?stica y especulaci?n, de prevaricaci?n y cultivo del amiguismo, a costa del dinero del pueblo. El sistema de gobierno de que nos hemos dotado empieza a hacer aguas por todas partes. Y nadie trata de ponerle remedio. Los nobles principios de servicio a la sociedad, de ?tica y transparencia de que presumen en sus programas los que viven de la pol?tica han sido ya superados por las bajas pasiones que afloran en aquellos que aspiran al beneficio personal y al enriquecimiento a costa de los ciudadanos. La visi?n que se tiene de la situaci?n es, casi, apocal?ptica. El regateo que Lot estableci? con Yahve para obtener el perd?n para Sodoma era s?lo una sombra de lo que podr?a ser hoy la justificaci?n de la conducta de la clase pol?tica. Apenas quedan justos entre ellos para intentar regatear con Yahve. ?C?mo se ha ca?do tan bajo en algo tan bello y tan noble como es el servicio y la entrega a la comunidad? ?A d?nde se ha ido el sentido de la responsabilidad que debe tener quien acepta el encargo de gestionar los intereses del pueblo?
Pero nuestros gestores, esos que se dedican a vivir de lo p?blico, en vez de para lo p?blico, no vinieron de Marte. Son hijos del pueblo. Pertenecen a nuestra comunidad. Es, por lo tanto, en el pueblo en donde tiene su asiento el virus de la corrupci?n. Es el pueblo el que la produce y la consiente. Un pueblo en el que los valores humanos y ?ticos ya no cotizan en el mercado como lo hac?an anta?o. Un pueblo dominado por el materialismo y el consumismo que s?lo piensa en su bienestar personal y mira s?lo para su ombligo. Un pueblo que ignora que la pol?tica es cosa de la totalidad de los ciudadanos. Y cuando la gente no ve la pol?tica desde esta perspectiva se genera un distanciamiento cada vez mayor entre los ciudadanos y los gestores que viven de ella. Esta separaci?n es aprovechada por muchos pol?ticos para cometer impunemente sus fechor?as. Caminan siempre en el filo de la legalidad, del cual algunos, de vez en cuando, se caen. Se aprovechan de la apat?a y la pasividad popular acudiendo a t?cnicas sofisticadas de manipulaci?n de los hechos y del lenguaje que usan. De esos polvos vienen ahora estos lodos. Pol?ticos que, so pretexto de prestar un servicio a la sociedad, hacen de la pol?tica su profesi?n y se dedican a la expoliaci?n de los recursos p?blicos y a vivir a costa del pueblo. Son los mercenarios de la pol?tica. Gestores, en los que la moral y la ?tica es algo ajeno a la actividad pol?tica que desarrollan. Administradores, para quienes lo importante es alcanzar el ?xito y el poder a costa del pueblo.
No es la primera vez que la sociedad atraviesa estos largos desiertos. La historia es testigo de lo que digo. Pero, de vez en cuando, de su seno surg?an en otros tiempos los carism?ticos l?deres que reconduc?an los pasos de la sociedad. Hoy no se ve horizonte para la esperanza. El pueblo vuelve la espalda a la realidad y calla y aguanta. S?lo se vislumbra oscuridad en el horizonte.
Dichosa edad y siglo dichoso aquel en el que los pol?ticos se dedicaban al servicio del pueblo, con ?tica y transparencia. Dichosos los tiempos aquellos en los que la generosidad de los gobernantes privaba sobre el ego?smo y la responsabilidad sobre la ambici?n personal. Eran tiempos de utop?as, hoy lo son de desenga?os. Se necesita una nueva ecuaci?n moral que cambie las motivaciones que impulsan a los pol?ticos a la gesti?n de la cosa p?blica. En vista de lo que vemos, que nadie se extra?e si en las elecciones venideras gana el voto en blanco o la abstenci?n.- Jos? M? Rodr?guez

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