Mi?rcoles, 28 de febrero de 2007

EL SILENCIO DEL PUEBLO

La coalici?n del PSOE-BNG que est? gobernando en Ribadeo llega ya al final de su camino. Una etapa en la que la improvisaci?n, la ociosidad y el despilfarro en el gasto, los constantes viajes a lo largo de Europa, la inactividad en la gesti?n y las actuaciones en los juzgados, marcaron la pauta de su mala gesti?n. Y todo esto se hizo con el silencio del pueblo. Una mala gesti?n, de cuya responsabilidad el mismo pueblo no est? exento, pues los alcaldes no vienen de Marte. Y as? fue como, con el silencio del pueblo y a sus espaldas, los dos candidatos, con minor?a de votos en las elecciones, formalizaron los pactos que los llevaron a la alcald?a. Unos pactos que implicaron dos suculentos sueldos que les suponen a los ribadenses una grave carga econ?mica que se refleja en los impuestos que han de pagar.
Con el resignado silencio del pueblo y en contra de lo prometido en su programa, como era la mejora social de los m?s pobres, fueron cargando sobre los hombros de los vecinos, v?a impuestos, contrataciones de trabajadores innecesarios, dotados de grandes n?minas, y cuyo trabajo resulta ineficaz en muchos casos. Ignorando las insistentes protestas del pueblo consumaron unos rellenos innecesarios en la r?a. Unos rellenos, que ahora se dedican a negocios y aparcamientos, que bien pudieran estar ubicados en otros parajes.
Con el silencio del pueblo, utiliz? el alcalde el enga?o y la mentira para entregar en manos privadas el puerto de Mirasol, en contra de lo que sostiene el socialismo
Con el silencio del pueblo, y soslayando su obligaci?n de defender al concejo, que son los vecinos, apoy? el alcalde una escandalosa subida salarial para algunos funcionarios, de elevados costes econ?micos para el municipio que, l?gicamente, deben ser sufragados por el conjunto de los ciudadanos a trav?s de los impuestos, y, por si esto no fuera bastante, un Plan de Pensiones para que tengan una m?s feliz jubilaci?n. Una gran carga que gravar? para siempre el futuro de este concejo.
Con el paciente silencio del pueblo se mantuvieron actitudes permisivas ante ciertas ilegalidades en la construcci?n y se permitieron edificios con grandes alturas que convierten las calles en callejones oscuros, planificando un dise?o de villa cada vez m?s inhumano.
Con el silencio del pueblo instal? el alcalde en la villa los monecos de Ib??ez y de los cocos, gastos superfluos para un concejo tan endeudado, y de valor est?tico m?s que dudoso.
Con el silencio del pueblo despidieron a ciertos trabajadores, a quienes hubo que indemnizar, con los dineros de todos, por despidos declarados improcedentes. Tambi?n, ante la pasividad de los ribadenses, las constantes denuncias del regidor llevaron a muchos a los juzgados, instaurando la crispaci?n entre los funcionarios del consistorio, los pol?ticos de la oposici?n y los vecinos.
Ignorando las protestas del pueblo se hizo un funesto dise?o de circulaci?n en la villa, que aport? m?s perjuicios que soluciones, y que a?n sigue pendiente de resolver.
Con el silencio del pueblo se dedic? el alcalde a viajar por distintos pa?ses de Europa, para entregar un CD en Italia o para traer un ascensor, siempre acompa?ado de su corte de funcionarios. ?Cu?ntos viajes le quedan a?n por hacer?
Y en contra del criterio del pueblo, claramente manifestado, aprob? el alcalde ciertas urbanizaciones de lujo, destinadas a segundas viviendas para clases privilegiadas, en espacios altamente sensibles, como era el de O Costal, con total desprecio de los intereses tur?sticos y las bellezas medioambientales, mientras olvidaba sus compromisos de construir viviendas sociales para los desheredados de la fortuna.
Y as?, quien promet?a a los ciudadanos, en su discurso de investidura, gobernar con el pueblo y para el pueblo, con honestidad, austeridad, participaci?n ciudadana y transparencia, gobern? de espaldas al pueblo, para no tener que dar cuentas de los puntos oscuros de su gesti?n. Y el pueblo, un pueblo mayoritariamente pasota, callado y silencioso, permiti?, con su silencio, los mayores abusos, sin darse cuenta de que hay veces en que, como hicieron los de Nigr?n, hay que decir que no estamos de acuerdo con esa gesti?n.- Jos? M? Rodr?guez

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