Jueves, 15 de marzo de 2007

NEFANDO ADUNTERIO

NEFANDO ADULTERIO

Somos muchos a?n los que recordamos aquellas solemnes procesiones de semana santa, recorriendo las calles de nuestras ciudades en tiempos del nacional catolicismo. Procesiones presididas siempre por las autoridades civiles de turno, con sus bastones de mando y sus trajes de gala, formando en ellas despu?s del p?rroco o del obispo. Muchos a?os han pasado ya desde entonces y han tenido lugar muchos cambios. Uno de ellos, y no el de menor importancia, es el haber pasado de un estado confesional, en el que Iglesia y Estado caminaban unidos, a una forma de gobierno democr?tico, en el que cada uno busca sus fines por separado. Nos hemos dotado de una Constituci?n que nos define como un estado aconfesional, en el que ninguna confesi?n religiosa tiene car?cter estatal. Pero parece que el cambio no ha afectado a las procesiones. Siguen siendo las mismas, presididas por las mismas representaciones civiles, dando, a veces, la impresi?n de que nada desde entonces ha cambiado. Y mientras Zapatero se empe?a en romper los moldes tradicionales de la cultura cristiana heredada, con un laicismo de nuevo cu?o, no faltan quienes, fieles a una concepci?n cesaropapista del Estado, siguen empe?ados en que las autoridades civiles sigan presidiendo en nuestras calles las manifestaciones p?blicas de los misterios sagrados de la Semana Santa. Mientas que la Conferencia Episcopal reconoce la galopante laicidad de la sociedad espa?ola y la disminuci?n de sus fieles, las manifestaciones de la Semana Santa, con sus pasos y procesiones, proliferan cada vez m?s y con m?s esplendor. Avanza el laicismo y la sociedad se confiesa menos creyente, pero las procesiones de la Semana Santa cobran m?s protagonismo. ?C?mo se explica este raro fen?meno? ?No estaremos ante una clara utilizaci?n de lo religioso en beneficio de intereses profanos? El marcado exhibicionismo que impera en muchas procesiones de Semana Santa, con el baile de sus im?genes y otras extravagancias, menoscaba su esp?ritu original y su sentido piadoso, convirti?ndolas en puro espect?culo. Un espect?culo de masas, declarado ?de inter?s tur?stico? en muchos lugares, con gran satisfacci?n de la jerarqu?a. No van por otro camino las manifestaciones que hac?a en la prensa, el a?o pasado, la portavoz de la junta de Cofrad?as de Viveiro cuando afirmaba: ?cuanta m?s promoci?n de la Semana Santa, m?s riqueza?. Y hasta se lleg? al extremo de celebrar, en esta citada villa, una segunda Semana Santa para los ni?os, a imitaci?n de la primera. Es decir, la utilizaci?n descarada de lo sagrado en favor de lo comercial. Lo que hoy, sin ning?n pudor, se denomina ?turismo religioso?. Estamos ante la misma situaci?n que provoc? la expulsi?n por Jes?s de los mercaderes del templo.
Y de esta inadecuada utilizaci?n de los misterios sagrados los dos estamentos son responsables. El clero por permitirlo y los pol?ticos porque, en vez de colaborar con la Iglesia desde la laicidad del Estado, con su respeto, se sirven de ella para sus fines. ?Por qu?, sino, aquellos que juraron cumplir la Constituci?n se prestan a presidir las procesiones, como pasa en Ribadeo? Justifican su postura ampar?ndose en el car?cter representativo que tiene su presencia en estos actos. Quienes esto defienden cometen el error de interpretar las procesiones como un mero acto social que pueden capitalizar en su beneficio. Ignoran que el fin de las procesiones y los dem?s actos de culto es congregar a los fieles para explicitar y celebrar su fe. Es dudoso que el estamento eclesi?stico preste un mejor servicio a la Iglesia con estas actitudes de complacencia con los poderes civiles. La separaci?n entre la Iglesia y el Estado parece que no tiene a?n unos contornos bien definidos. Trono y Altar, no son una buena combinaci?n. Ya lo dec?a Curros Enr?quez: ?De Cristo a m?stica esposa / fixo nefando adulterio / e a s?a falta vergonzosa / non ter? perd?n divino / sen?n cando a Cristo torne / dos brazos de Constantino?. Una cosa es que la Iglesia y el Estado traten de fomentar conjuntamente los valores morales y ?ticos fundamentales de la persona y otra distinta que mantengan a?n actitudes propias de otros tiempos pasados. Los problemas del hombre no se resuelven con el retorno de la Iglesia a los tiempos del Dies irae. ? Jos? M? Rodr?guez

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