Viernes, 10 de agosto de 2007

CUANDO LA VERG?ENZA SE PIERDE

CUANDO LA VERG?ENZA SE PIERDE

Para Arist?teles la verg?enza y el rubor eran indicios inequ?vocos de la presencia del sentimiento ?tico. Y a?ad?a que sentir verg?enza es uno de los indicadores m?s inequ?vocos de que todav?a no hemos perdido del todo el sentido de lo ?tico en nuestras vidas. El rubor es la expresi?n del sentimiento de culpa que nos embarga por la maldad o la inmoralidad de nuestras acciones. La verg?enza y el rubor reprimen el impulso de violar las leyes y frenan la voluntad de corrupci?n. La ausencia de rubor y de verg?enza indica, pues, que las personas se han vuelto inmunes ante a la corrupci?n. Por lo tanto, cuando faltan todo es posible. Lo que ya a nadie sorprende es constatar que muchos de los pol?ticos que se dedican a la gesti?n de lo p?blico en nuestros concejos, ni sienten verg?enza, ni se ruborizan frente a los actos corruptos que constantemente practican en el gobierno. Es m?s, muchos de ellos son inmunes al arrepentimiento y reacios al cambio de actitudes.
Esos tales no sienten verg?enza ni se ruborizan cuando aceptan la subida de dietas y comisiones por asistir a los plenos o representar al concejo. Tampoco sent?an verg?enza ni se ruborizaban cuando en los anteriores mandatos votaban los suculentos sueldos de que se dotaban a s? mismos y a sus amigos en el concejo. No sent?an verg?enza ni se ruborizaban cuando beneficiaban a sus amigos con sustanciosas prebendas o cuando condonaban a algunos las tasas que deb?an pagar a las arcas municipales como cualquier ciudadano. No sent?an verg?enza ni se ruborizaban cuando utilizaban los recursos p?blicos a su capricho y antojo, sin criterios de prioridad, rentabilidad ni honestidad, manejando el dinero p?blico como si fuera de nadie. No sent?an verg?enza cuando eran acusados de favorecer a sus mecenas a costa de la legalidad urban?stica, como pas? recientemente en Ribadeo. Es en esos momentos cuando la reacci?n frente a una gesti?n p?blica tan inmoral, por parte de los servidores del pueblo, crea una profunda indignaci?n entre los ciudadanos que sostienen los concejos con su duro trabajo y el dinero de sus impuestos.
Y cuando en ellos se dan esas actitudes, tan reprobables, es porque, a pesar de lo que prometen y dicen en sus discursos, no solo mienten sino que utilizan al pueblo en su provecho. S?lo se fijan en ?l en tiempos electorales para enga?arlos y arrancarles el voto y con el voto el poder, invocando muchas y falsas promesas, para utilizarlo en su beneficio. Porque el poder es dinero. Y aqu? se juega mucho dinero. Pero una vez instalados en el consistorio y conseguido el poder hacen luego sus maniobras de espaldas al pueblo y lo ignoran en sus actuaciones.
?Qu? ciudadano no siente indignaci?n y verg?enza de tener por representante suyo a gente de esta ralea, carentes de sentimientos de dignidad y pundonor? Quienes as? act?an olvidan que la gesti?n municipal, ejercida como poder delegado que ostentan, no es s?lo una gerencia t?cnica de los asuntos municipales y relativos al bien com?n. Debe ser, sobre todo, una gerencia ?tica, que represente los valores de la ciudadan?a entre los cuales est? la honestidad y la transparencia. Y a los ciudadanos incumbe denunciar sus pr?cticas corruptas y sinverg?enzas.
Puede que existan, todav?a, gestores p?blicos que, sin duda, tienen la ?tica como bandera y que confieren dignidad a su funci?n. Personas para quienes la verg?enza representa un l?mite intraspasable. Personas que hacen pensar que no est? todo perdido. Personas como Nixon a quien la verg?enza oblig? a renunciar a la presidencia de EU. O como los japoneses que llegan a suicidarse por no poder soportar la verg?enza p?blica. O como aquellos que llegan a pedir la dimisi?n inmediata de altos cargos por sus actos vergonzosos. Hablar, sin embargo, sobre su n?mero trae a mi memoria aquella imagen b?blica del regateo que Lot mantuvo con Yaveh sobre el n?mero de justos que pod?a haber en Sodoma. Si hab?a alguno, eran muy pocos, porque, ante el silencio de Lot, Yaveh conden? Sodoma a la destrucci?n. Y pol?ticos justos y ?ticos entre nosotros, sin duda, los hay. Pero, ?m?s que en Sodoma?- Jos? M? Rodr?guez

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