S?bado, 10 de noviembre de 2007

LA PARTICIPACI?N DEL PUEBLO EN LA POL?TICA

LA PARTICIPACI?N DEL PUEBLO EN LA POL?TICA

El art?culo 23 de la Constituci?n consagra el derecho que tienen todos los ciudadanos a participar en la vida pol?tica, bien directamente, bien por medio de representantes libremente elegidos.
Este derecho de participaci?n lo vienen ejerciendo los ciudadanos cada vez que son convocados a las urnas para elegir a aquellas personas que han de gestionar los intereses p?blicos durante un cuatrienio.
Durante el per?odo electoral se produce un fuerte intercambio de ideas y opiniones entre los ciudadanos sobre temas de inter?s, como el modelo de ciudad que se quiere, el urbanismo, el medio ambiente, la protecci?n de las personas dependientes y otras cosas de inter?s para la ciudadan?a. Con sus muchos y variados comentarios e intervenciones se crea una saludable atm?sfera de opini?n y de reflexi?n entre la gente durante esos d?as. Una actitud que debiera prolongarse una vez pasadas las elecciones.
Y mientras que en el pueblo se respira esta atm?sfera de opini?n, casi todos los candidatos en campa?a a la alcald?a prometen en sus programas que van a contar con el pueblo a la hora de gobernar. Y todos acuden a los vecinos en busca de sugerencias para conocer sus inquietudes. Y hasta algunos prometen dar respuesta a sus sugerencias en sus programas. ?Qu? ocurre despu?s? Que una vez instalados en el poder esta promesa nunca se cumple, porque despu?s se olvidan de todo y no escuchan a nadie. Pasadas las elecciones, se desarrolla en ellos el sentido de la representatividad de tal forma que, so pretexto de representar a los ciudadanos que los eligieron y obtener su mandato para gobernar, prescinden del pueblo. Se apropian de la delegaci?n obtenida para hacer lo que quieren, ignorando la opini?n y los deseos del pueblo.
Y el pueblo, por su parte, pasadas las elecciones, retorna de nuevo a su apat?a pol?tica tradicional. Carente de mentalidad urbana, retoma su visi?n de la vida, individualista y aldeana. Ignora que la participaci?n en la pol?tica activa no es un valor exclusivo de aquellas personas que se presentan para gobernar. Es un derecho y una exigencia del pueblo, que tiene el derecho y el deber de seguir opinando, pasadas ya las elecciones, sobre los temas que le afectan, como el urbanismo, la educaci?n, la sanidad, los servicios sociales, el medio ambiente o la cultura.
La aportaci?n, pues, de los vecinos a la pol?tica no debe terminar el d?a de las elecciones. No debe quedar reducida a un mero examen de los candidatos cada cuatro a?os. Es aqu? en donde deben entrar en juego los necesarios mecanismos para hacer posible que los ciudadanos puedan participar opinando, construyendo, sugiriendo y debatiendo sobre los asuntos que interesan al pueblo. Se trata de encontrar la mejor f?rmula para establecer un di?logo permanente entre los gobernantes y los gobernados, que se prolongue m?s all? del d?a de las elecciones, para construir as? una sociedad m?s viva, m?s representativa y democr?tica. Para eso se necesitan gobiernos abiertos y receptivos. Los pol?ticos que tienen miedo a la cr?tica, a la sugerencia o al debate y los que desean el ejercicio del poder en solitario, se convierten en sospechosos. Sospechosos de querer ostentar el poder en solitario para poder hacer libremente sus fechor?as. Esos tales critican y temen a quienes se interesan y preocupan por la gesti?n de lo p?blico. Los amenazan a que, si quieren hablar de pol?tica, se presenten a las elecciones, como sol?a contestar el Sr. P?rez Vacas, en su funesta etapa de alcalde, a las cr?ticas que se le hac?an. Rechazan las opiniones pol?ticas de los dem?s, olvidando que todo el mundo puede y debe opinar sobre los asuntos del pueblo. Y aquel pueblo que no se ocupa de la pol?tica, renuncia al ejercicio de sus derechos y a la obligaci?n de contribuir con sus aportaciones a un mundo mejor.
Las asociaciones de vecinos no s?lo son, pues, convenientes, sino necesarias. Son un freno al abuso de poder. Por eso son rechazadas por quienes pretenden utilizar el poder en su beneficio. Pero los que busquen el poder como servicio a los ciudadanos se sentir?an m?s arropados en sus decisiones con la participaci?n popular.
Por eso parece urgente impulsar la elaboraci?n de f?rmulas de participaci?n de los ciudadanos y asociaciones en la vida municipal a trav?s de los instrumentos necesarios, como son los Reglamentos de Participaci?n Ciudadana o los Consejos Ciudadanos o las Oficinas de Participaci?n Ciudadana. El BNG, hoy en el gobierno de Ribadeo, habla en su programa de la puesta en marcha de los llamados ?Consellos Parroquiais? para integrar en ellos a las personas y a los colectivos vecinales. El tiempo nos dir? si su promesa se convierte en realidad.- Jos? M? Rodr?guez

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