Mi?rcoles, 09 de julio de 2008

EL FUTURO DE LOS CASTROS

 Mediante breves reseñas, publicadas en el semanario La Comarca del Eo, me vine ocupando en días pasados de los castros más importantes catalogados en el concejo de Ribadeo. Castros que en nuestro concejo permanecen enterrados bajo tierra ocultando los restos de vida que dejaron nuestros antepasados. De esos espacios que, en tiempos pasados, cientos de miles de hombres y mujeres habitaron en esta comarca. Para hablar de sus características, de su estructura, conservación y situación me dediqué a recorreros uno a uno. Y así me referí, en primer lugar, al castro de As Grovas, en Vilaselán, quizás el más importante de todos ellos, tanto por su extensión como por sus sistemas defensivos y el más fácil y cómodo de visitar por su cercanía a Ribadeo. Siguiendo la ruta costera me ocupé seguidamente, también, del castro de Fornelo, en Piñeira, fácilmente reconocible por sus murallas y fosos y de acceso muy cómodo, lo mismo que el de Meirengos, en A Devesa. De los castros del interior me ocupé, en primer lugar, del de As Cárcovas, en Pastoriza, relativamente cercano a Ribadeo. Siguiendo la ruta de los castros del interior di cuenta, también, del importante castro de A Pumarega, en Cubelas, un castro muy importante y fácil de visitar, en el que aún hoy se pueden ver las paredes de las casas a flor de tierra por lo que su recuperación y puesta en valor sería muy fácil y necesitaría poca inversión. Seguidamente me ocupé de los castros de A Torre, en Vilausende, quizás el mayor de todos los del concejo por su extensión y, finalmente, del de A Aira do Castro, en Arante, de pequeñas dimensiones y, sin duda, el de más difícil acceso y el más alejado de Ribadeo.                                                           Mi intención al hablar de ellos no fue otra que colaborar en la puesta en valor de este importante y antiguo patrimonio arqueológico. Considero que la información a los vecinos de este concejo y a todos los interesados en esta rama del saber es fundamental para lograr despertar en la gente el interés por la conservación de este patrimonio. Lo hice convencido de que el conocimiento sobre su existencia y la puesta en escena de su extraordinario valor cultural y turístico redundarían en su conservación y puesta en valor.

            La ignorancia en la que estuvieron sumidos en la larga noche de los tiempos fue causa de los atropellos y la destrucción que muchos de ellos sufrieron en los tiempos más recientes, después de más veinte siglos de existencia. Cabe citar, sin salir de nuestro propio concejo, los atropellos y destrucción que sufrió, por ejemplo, el castro situado en las proximidades de la playa de Os Castros, en A Devesa, destruido por la edificación de un chalet construido encima de las piedras milenarias del castro, allá por los años sesenta, ante la pasividad de todas las Administraciones. O el castro de A Torre, en Vilausende, en el que se permitió construir un depósito de agua de grandes dimensiones. O el importantísimo de A Pumarega, en Cubelas, que, impunemente, fue parcialmente destruido por la excavación de una pista forestal que lo atraviesa.

            Todos estos atropellos, fruto de la ignorancia de la gente y del pasotismo de las Administraciones, contribuyeron a su total o parcial destrucción, sin que los responsables de velar por su conservación movieran un dedo para evitarlo. Los peligros actuales a los que los castros siguen expuestos no son desdeñables, sobre todo los castros del interior, aprovechados por sus propietarios para la producción forestal de eucalipto. Es evidente que las raíces de estos árboles, así como las máquinas que se usan para su explotación y reforestación están contribuyendo a su lenta destrucción, sin que nadie haga nada para evitarlo, mientras se invierten cantidades ingentes de dinero en otras trivialidades. La promulgación de una norma que protegiera estos espacios de la plantación de eucaliptos contribuiría sin duda a su mejor conservación, sin que su incidencia en la riqueza forestal tuviera apenas relieve. Con el actual abandono de la limpieza de los montes los castros van quedando en el desconocimiento y el olvido de las nuevas generaciones.  Por eso, sería oportuno promover actuaciones dirigidas a la limpiza y desbroce de sus superficies para su correcta delimitación y protección contra los incendios, así como proceder a la apertura, preparación y señalización de accesos adecuados para que pudieran ser visitados.

            ¿Fueron estos los únicos núcleos de población que había en nuestro concejo en los tiempos de la cultura castreña? Sin descartar la existencia de algunos otros, destruidos quizás por la mano del hombre que utilizó sus superficies para hacer praderías o plantaciones de eucaliptos, existieron sin duda otros castros que están aún sin estudiar y de los que en muchos sitios aún quedan nombres, como “o castro” o “as cárcavas”, como testigos mudos de una cultura ya desaparecida.

            Las posibilidades, pues, que nuestros castros ofrecen, tanto en el ámbito del turismo, como en el de la cultura, son importantes. Su simple señalización y programación de una  “ruta de los castros”, mediante trípticos divulgativos, es de vital importancia para el concejo, no sólo desde el punto de vista cultural sino, también, desde el punto de vista social y económico. Si esta sencilla aportación ha contribuido a despertar la sensibilidad y el interés de los vecinos y de las Administraciones responsables de la conservación y recuperación de estos tesoros culturales doy por bien empleado mi esfuerzo. El tiempo lo dirá.- José Mª Rodríguez

           


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