Mi?rcoles, 30 de julio de 2008

RIBADEO Y SU R?A

            El  insigne pintor paisajista gallego, M. Paz Camps, en un alarde de exuberante imaginación plasmada en uno de sus lienzos, interpreta la formación de las rías gallegas acudiendo a la inspiración de las musas que guían sus pinceles. Cuando Dios acabó de modelar el mundo - imagina el pintor – lo cogió apoyando su mano en la costa gallega y lo lanzó al espacio para que ocupara su sitio en el cosmos. Al hacerlo quedaron marcadas en él las huellas de sus dedos formando así las cinco principales rías gallegas, un patrimonio exclusivo de Galicia, donde la riqueza  se da cita con la belleza.

            Así fue como nació nuestra ría, según la imaginación del pintor. Una ría que sería utilizada a lo largo de los siglos como fuente de subsistencia de los ribereños dando así origen a las comunidades que se asentaron en sus orillas y que más tarde utilizarían como medio de transporte en sus relaciones comerciales con otros pueblos.

            Su gran época de esplendor comercial tuvo lugar en los siglos XVIII y XIX cuando llegó a tener una flota de unos setenta navíos de altura y cabotaje que recorrían todos los mares del mundo, desde Riga hasta América, importando y exportando mercancías y pasaje. Una época de esplendor en la que fue respetada, tanto por los ribereños que se alimentaban de ella como por los que la utilizaban para el comercio. Y este fue el maravilloso legado, virgen e impoluto, que nos transmitieron nuestros antepasados y que hoy nosotros, ciegos e insensibles, nos empeñamos en destruir con nuestro equivocado concepto de progreso y desarrollo o guiados por intereses bastardos.

            Pues, desde el último cuarto del siglo pasado, se dio comienzo a una lenta pero continuada serie de actuaciones destinadas a la destrucción de la ría. Una destrucción impulsada por administraciones irresponsables, dirigidas por personas ajenas a esta comarca que se creen en posesión de las mejores y más brillantes ideas. Gestores que, ante intereses y presiones ajenas y decididos a acabar con la ría, no dudan en sacrificar nuestra herencia en aras de sus intereses. Fruto de esas equivocadas decisiones son las obras de las escolleras, los grandes rellenos, la sistemática destrucción de las calas y playas de que gozaba en el entorno de Ribadeo y la proliferación de las grandes naves en sus puertos, sin hablar de las pilastras del puente. Y así, en muy pocos años y con el aplauso del PP y del PSOE local, están acabando con la belleza de una ría, respetada a lo largo de tantos siglos de historia.

            Y todo este proceso destructivo fue posible gracias una amplia complicidad popular que con total pasividad asistió impasible a estos abusos, mirando hacia otro lado. Salvo raras y puntuales protestas de ciertas personas y colectivos, la ciudadanía en su conjunto, marcada por un profundo individualismo, volvió su espalda a este proceso imparable de destrucción. Ese mal endémico de la pasividad popular, fuente y origen de los abusos y de la corrupción de tantos políticos que se amparan en ella para cometer sus fechorías.

            Ante el inminente peligro que hoy se cierne, una vez más, sobre la ría, con ese proyecto de construir una gran nave en el puerto de Mirasol, ¿vamos a quedarnos de brazos cruzados viendo como, personas ajenas a esta comarca y presionadas por el gran capital, destruyen la ría, nuestra principal fuente de riqueza y a la que le debemos todo lo que somos y tenemos? El pueblo tiene la palabra. Ha llegado su hora. ¿Qué es Santa Cruz, sino, sin la ría? ¿Qué es la Atalaya sin su bello paisaje sobre la ría? Y hasta el hermoso paseo del Faro no sería más que un vulgar camino cualquiera si no tuviera la ría a sus pies. Nosotros mismos, los ribereños, le somos deudores de nuestra forma de ser y de hablar, de nuestra especial idiosincrasia. La ría es el elemento que une a toda la comunidad ribereña. Hasta la misma vocación comercial de la gente de Ribadeo le es deudora a la ría, pues tuvo su origen en el gran movimiento comercial que entró por sus puertos.

            Lo mismo que una cadena no puede cumplir sus objetivos si fallan los eslabones que la componen, así también, la sociedad ribereña de esta la ría no podrá defenderla si fallamos las personas que la formamos.

            Vecinos de Ribadeo, de Castropol, de Figueras y de Vegadeo. Nos encontramos en un momento crucial en la defensa de nuestra ría. Ha llegado el momento de reaccionar unidos frente a las actitudes expoliadoras de la Administración responsable. Ha llegado el momento de gritar todos juntos: ¡Basta ya! ¡La ría no está en venta!- José Mª Rodríguez

           

           


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