S?bado, 20 de septiembre de 2008

AUSTERIDAD MUNICIPAL

Que estamos asistiendo a una profunda depresión económica es algo ya asumido por todos. Una crisis anunciada desde hace ya tiempo cuando todas las señales a aviso estaban en rojo, pero que todo el mundo prefirió ignorar dejándose llevar por las prometedoras perspectivas del ficticio y engañoso estado de prosperidad con el que Zapatero deleitaba engañosamente nuestros oídos. Cegado por la vorágine de las elecciones, prefirió cerrar los ojos y negar las evidencias ante una crisis que promete que ya nada volverá a ser igual que antes. Escondiendo la cabeza bajo el ala, como el avestruz, prefirió ignorar la evidente realidad que se avecinaba, ocultando al pueblo una profunda situación de crisis, cuyo verdadero alcance y duración aún hoy desconocemos, para que el pueblo pudiera seguir viviendo aletargado en sus sueños mientras él cosechaba sus votos.

            Viniendo a la administración local de Ribadeo, que es a la que quiero referirme en este comentario, la postura zapateril, ha juzgar por las recientes actuaciones de nuestro concejo, parece que ha echado raíces. Ni se vislumbran actuaciones correctoras de esta situación ni se perciben cambios de rumbo acordes con la actual situación. Más bien al contrario, la dinámica del derroche y del gasto incontrolado sigue su rumbo como en los mejores tiempos pasados de las vacas gordas. Las exigencias de dinámica electoralista de intentar superar en brillo las actuaciones de los anteriores alcaldes con vistas a las elecciones futuras está llevando al actual alcalde a caer en el “cuanto más, mejor”, en contra de lo que el sentido común y la prudencia aconsejan ante un estado de crisis. No se da cuenta el alcalde de que una acción de gobierno diseñada para la opulencia no resulta viable en tiempos de austeridad. ¿Qué familia sensata no trata de normalizar los gastos familiares ante un quebranto de fortuna sobrevenido?

            El aumento de los salarios, dietas y comisiones, dotaciones a los grupos políticos y demás gastos de personal realizados últimamente por el gobierno local, así como la subida de tasas en diversas actividades como las de los vendedores ambulantes, choca frontalmente con la nueva situación social que se avecina.

            ¿Qué medidas se han tomado, sino, en nuestro concejo para fomentar el ahorro energético? La iluminación del paseo del Faro, por poner un ejemplo, fruto de la alegría populista y derrochadora del gobierno anterior, se mantiene encendida todas las noches hasta horas tardías de la mañana siguiente. Un derroche innecesario y del que nadie se beneficia, salvo la clase política que así pretende deslumbrarnos con vistas a las elecciones.

            Tampoco la crisis ha hecho mella en los vastos programas de ciertas concejalías y se ha continuado la línea de actuaciones ajenas a la presente realidad de ajuste del cinturón. Un programa de gastos e inversiones adecuado a esta nueva situación no puede ser ajeno a las prioridades excluyentes de tantas actuaciones innecesarias en las que se está gastando el dinero de los contribuyentes. Porque apretarse el cinturón significa reducir los gastos y aumentar la productividad. Es evidente que las cuentas no se equilibran con sólo aumentar los impuestos, sino reduciendo los gastos.                                   Como el mayordomo infiel del Evangelio que después de administrar mal los bienes de su amo se dedicó a perdonar los pagos a los deudores de su amo en busca de sus futuros apoyos, no ha dudado el gobierno municipal en hacer suya la idea del gobierno anterior asumiendo la nefasta ejecución del ascensor de la Atalaya. Un servicio innecesario para Ribadeo que promete ser la oveja negra de la futura economía municipal. Algo que la villa nunca tuvo ni necesitó y que se está llevando adelante, sin ningún tipo de estudio sobre su viabilidad económica, por la iniciativa de un alcalde que acuñó aquella famosa frase: “¿será por dinero?” y que gobernaba a golpe de ocurrencias dando la espalda a su propio programa porque no convenía a sus intereses. Y justifica su apoyo a este proyecto el alcalde actual ensalzando la humanización que va a suponer para esa parte del casco antiguo de Ribadeo y para el embellecimiento del Callejón de los Peligros o la restauración de la calle Obispo Vélez. ¿Quiere decirnos el alcalde que la ejecución de esas obras no sería posible sin la instalación de ese famoso ascensor?                    Si ante la crisis que se avecina optara el gobierno por superar su ansia de exhibición, imponer una política de austeridad en los gastos discrecionales, ordenar las prioridades del gasto, abandonar los gastos superfluos y potenciar los de carácter social y productivo gastando menos dinero, bienvenida sea la crisis.

            Me gustaría terminar con aquel consejo de Sancho Panza, salido desde la prudencia de quien ve las cosas sin la pasión y los intereses de la baja política: “Nadie tienda más la pierna de cuanto fuere larga la sábana”, aconsejaba Sancho a sus amigos cuando, decepcionado, abandonó el gobierno de la Ínsula Barataria.- José Mª Rodríguez

           


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