Viernes, 10 de octubre de 2008

EL ASCENSOR, UN DESAFORTUNADO PROYECTO

No cabe duda de que la recuperación del casco histórico de la villa de Ribadeo, bastante deteriorado por el transcurso del tiempo, se ha convertido en una urgente y prioritaria necesidad. Hay que impedir por todos los medios que el testimonio vivo de la historia de Ribadeo, esculpida en esos edificios antiguos y emblemáticos, con sus calles estrechas y plazoletas, representativos de otra época anterior, sigan cayendo uno tras otro en un montón de ruinas, expresión de una imagen de abandono y de desidia de una sociedad indiferente a su pasado. En estos últimos tiempos, las autoridades municipales, impulsadas por los programas de recuperación de la Xunta de Galicia, han tomado conciencia de este problema y se están dedicando a impulsar la recuperación de sus edificios, calles y espacios, aprovechando las ayudas que la administración ofrece para este fin. Un objetivo este de gran importancia, sin duda, para la conservación de las raíces, de la historia, de la cultura y que contribuyen también la puesta en valor de la villa de Ribadeo.

            Pero estas loables actuaciones debían estar al margen de ciertas ocurrencias y veleidades de quienes, más interesados en dejar las huellas de su paso por la alcaldía que en proteger los verdaderos valores históricos, arquitectónicos, urbanísticos y culturales de la villa, no han dudado en inspirar este descabellado proyecto, sin ningún estudio sobre su necesidad y viabilidad económica. Y como parece que este proyecto está próximo a convertirse en realidad sin que nadie haga nada para evitarlo y como nadie hasta ahora logró convencerme de que la conveniencia y necesidad de este servicio justifican los perjuicios que va a suponer para la economía municipal es por eso que vuelvo a insistir sobre la oportunidad de repensar esta iniciativa.

            El estudio del proyectado ascensor parece estar basado únicamente en conjeturas sobre el  movimiento de masas, ignorando la actual ausencia de necesidades y sin un estudio serio sobre la futura evolución del fenómeno turístico. Más bien al contrario, subordina su existencia a una supuesta demanda del futuro turismo y no al revés, como era de esperar, a una exigencia provocada por la presión del turismo.

            Por otra parte, la instalación de un artilugio de esas características en ese espacio parece inadecuada, pues se trata de un artilugio completamente ajeno a las claves paisajísticas del entorno en el que va a estar situado y cuyo impacto paisajístico en nada va a mejorar las huellas dejadas allí por el paso del tiempo y la estela secular de la naturaleza. Más bien, al contrario, puede convertirse en un elemento discordante que deje su ridícula impronta en el entorno, pues es bien sabido que nunca el cemento podrá mejorar la pátina de la naturaleza, cosa que la Dirección de Costas parece olvidar con frecuencia.

            Todo ello, sin olvidar que estamos ante un artefacto completamente ajeno a lo que constituía la vida social de los antiguos moradores de ese casco histórico y extraño a su forma de vida. Un elemento anacrónico, por lo tanto, discordante con el conjunto. La vida en el casco histórico de esta villa nació y se desarrolló ajena a esos artilugios más propios de los modernos modelos urbanísticos.

            La decisión de hacer realidad en Ribadeo este proyecto, en ese bello paisaje de la villa, corre parejas con aquel idílico sueño de Fraga de levantar la famosa Ciudad de la Cultura en Compostela. Una decisión la de este político, concebida para perpetuarse con ella en la historia, igual que los faraones con sus pirámides, sin medir las graves consecuencias económicas que ello supondría para Galicia; así también este ascensor de la Atalaya nació como una más de las alegres ocurrencias de un alcalde que con sus luminosas ideas quiso dejarlo ahí como emblema y testimonio de su glorioso paso por la alcaldía, sin tener en cuenta las consecuencias que esta actuación va a tener en el futuro para la economía de este concejo. Porque, ¿quién va a pagar su funcionamiento? ¿Los usuarios o el concejo? ¿Cuántas personas lo van a utilizar cada día? Etc. Dos proyectos, el de la Ciudad de la Cultura y el del ascensor de la Atalaya, unidos ambos por la misma ambición y por la misma ausencia de estudios informativos sobre su viabilidad y repercusión económica para Galicia y para Ribadeo.

            El propósito de este comentario no es intentar transmitir una visión negativa sobre lo que pueda significar progreso y bienestar para Ribadeo. Nada más lejos de mi intención. Bienvenidos sean todos los esfuerzos que signifiquen prosperidad y desarrollo para la villa y sus vecinos. Lo que simplemente reclamo es más sensatez y responsabilidad a la hora de tomar decisiones que puedan afectar al bolsillo de los vecinos y condicionar el futuro de nuestra comunidad para evitar desastres futuros y arrepentimientos tardíos. Pero al alcalde le pasa con este proyecto como le pasa a la actual Xunta de Galicia con el Gaiás. Que se empeña en seguir adelante con el proyecto de su antecesor, sabiendo que es, no sólo un error, sino que rechazándolo se saldría ganando.- José Mª Rodríguez

           

           

           

           


Comentarios

Añadir un comentario