S?bado, 18 de octubre de 2008

EL ORINAL DE KING KONG

El interés del alcalde por mejorar la imagen de esta villa y la humanización de sus calles y espacios está más que demostrado. Su vocación restauradora de edificios y plazas, ornato de calles y aceras está suficientemente acreditada por sus diversas actuaciones, tanto en el anterior gobierno desde su cargo de teniente de alcalde y responsable de obras, como en el actual con sus diversas actuaciones impulsadas ahora desde la máxima magistratura local.

            Pero a lo largo de la intensa actividad desarrollada por él en este campo ha habido, como en toda obra humana, luces y sombras, aciertos y errores. Algunos de estos, como el de la deficiente ejecución de la calle de San Francisco, son de difícil explicación. Entre sus muchos aciertos cabe destacar entre otros, por su impecable acabado, la remodelación de la calle  Ramón González, tan elogiada por todos.

            La aún inacabada y mediocre reforma actual del Campo de Santa María, el parque principal de esta villa, no parece haber sido un modelo de ejecución, ni en su forma ni en su duración. De esta obra tan anunciada se esperaba otra cosa más airosa para Ribadeo. En algunos de sus jardines, desnudos de césped, permanecen aún montones de tierra, testimonio del abandono y la desidia en la ejecución de esta obra, que ni siquiera incluyó la renovación del cierre de mirtos que separan el parque de la carretera. Una grave falta de consideración y respeto, tanto a los habituales usuarios, los vecinos de Ribadeo, como a los forasteros que visitan nuestra villa a los que se está transmitiendo una imagen de abandono y de desidia.

            Pero el colmo del decadente mal gusto de los autores de este proyecto y de los responsables que lo aceptaron es el pésimo diseño de la fuente que se levanta frente al Cantón de los Morenos. No preguntamos porqué se ha aceptado un diseño tan horroroso y tan deficiente para una fuente enmarcada en un parque de estilo tradicional situado enfrente de los emblemáticos edificios del Cantón y del Palacio de Ibáñez, modelos arquitectónicos muy ajenos al extraño diseño de esta fuente. Cuando se esperaba una fuente de corte clásico y materiales nobles, como tantas otras que se ven por los parques de nuestras ciudades y villas, esta que han colocado, - y lo digo sin aún conocer su acabado final - semeja un enorme orinal dispuesto a recibir los corporales efluvios nocturnos de los usuarios del parque. Por algo la picaresca popular ya la ha bautizado con el nombre de “el orinal de King Kong.

            Encontrar un modelo de fuente más acorde y en consonancia con su entorno no parece difícil. Ejemplos suficientes abundan en cualquier villa que nos pueden aportar mejores ideas para un modelo de corte más clásico y más acorde con el entorno.

            Ahora que aún estamos a tiempo, haría bien el alcalde en recapacitar sobre lo desacertado de este diseño y someter la elección de un modelo de fuente, más apropiado para este espacio, al criterio de personas cualificadas en la materia para evitar la consumación de este feísimo y ridículo elemento decorativo. Y por si mis gustos artísticos no estuvieran actualizados tengo a mi favor, para mayor abundamiento, el hecho de que esta no es sólo mi personal opinión sino la de mucha gente que me ha manifestado su disgusto y su rechazo a esta obra. Gente que hubiera preferido la anterior imagen del parque a esta solución de tan pésimo gusto.

            Esta villa se merece un parque y una fuente dignos de esa pequeña ciudad en la que el alcalde la quiere convertir y en consonancia con el estilo y la nobleza de los edificios en que se enmarcan. No parece aceptable la disculpa de la insuficiencia del presupuesto para justificar el indecoroso diseño que nos tratan de imponer. A la alcaldía le es exigible mayor firmeza a la hora de aceptar ciertas obras que nos proponen para que no nos metan gato por liebre. Ya se que nadie posee en exclusiva el don de la verdad ni el canon de la belleza. Por eso, para evitar posibles errores, la sana prudencia aconseja tener siempre en cuenta la fundada opinión de los técnicos en la materia. Pues, como decían los escolásticos: Peritis in arte, credemdum.- José Mª Rodríguez

           


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