Viernes, 31 de octubre de 2008

EL PARQUE DE INDIANOS

En estos días pasados, provocado por las protestas del anterior alcalde de Ribadeo, se avivó el debate en torno a la remodelación del Jardín de Sela, o del Jardín simplemente, que con estos dos nombres es conocido por los ribadenses. Se trata de un proyecto de modificación de un espacio que fue impulsado por el Sr. Pérez Vacas y cuya ejecución actual parece que nada tiene que ver, según él, con su proyecto original. Un proyecto que el pueblo desconocía. Aficionado como era este personaje a viajar a las indias, entre viaje y viaje se dio en imaginar lo bien que estaría dedicar ese espacio a los indianos de esta comarca, gentes que en tiempos pasados habían emigrado a países lejanos. Y, ni corto ni perezoso, como era en él habitual cuando se veía iluminado por ideas brillantes, se puso manos a la obra, encargando a sus afines políticos en la Xunta la redacción y ejecución de un proyecto que convirtiera sus sueños en realidad.

            Pero la sorpresa, y lo que constituye el centro de las actuales críticas y desencadenó las protestas del Sr. Pérez Vacas, es que el proyecto realizado no responde a lo que el ex alcalde esperaba. Unas protestas y críticas, en las que el pueblo no tomó parte, para quedarse sólo en el ámbito de los políticos y de los medios. Lo que nada tiene de extraño dado que el ex alcalde, como es habitual en los políticos, sustrajo al pueblo la oportunidad de elegir y de opinar sobre el tipo de jardín que quería tener. Pues es así como los políticos toman las decisiones: ejerciendo la representación popular desde la oligocracia, sin contar con los deseos y la opinión de los ciudadanos. Un claro abuso de representatividad política que acaba transformando la democracia en oligocracia.

            Lo sorprendente de este cambio en la ejecución del proyecto es que fue promovido por los propios afines políticos del Sr. Pérez Vacas: la Consellería de Medio Ambiente, en manos del PSOE, formación a la que pertenece el citado ex alcalde. Lo que quiere decir que le hubiera sido muy fácil al ex regidor conseguir su objetivo. ¿Por qué no lo hizo?

            Mi impresión personal es que la imagen que ofrece el actual diseño del jardín, aunque no se ajuste a lo que pretendía el ex regidor, se corresponde con un diseño moderno y una ornamentación adaptada a nuestro entorno. Un jardín bonito, con espacios para el paseo y para el descanso y una fuente decorativa y bien diseñada que transmite una imagen de frescura muy apropiada al conjunto. La forma en que se encuentra ubicada, de espaldas el propio jardín, puede ser discutible y, eso sí, la pared exterior que la encierra debería de estar decorada. No hay que olvidar que hay dos maneras de contemplar y admirar un jardín: desde su propio interior o desde el espacio exterior, dependiendo de la posición desde donde se mire.

            Desconocemos el proyecto del ex regidor. Pero, a juzgar por otras obras planeadas por él, diseñadas o ejecutadas en su etapa de gobierno, imaginar su jardín de indianos es para ponerse a temblar. Véase, sino, la lamentable e inútil supresión del vial frente al Cantón. ¿Para qué sirve y cual es la utilidad de ese espacio que se creó a costa de la supresión del vial? Y si vamos a la reforma del parque de Santa María, proyectada también en su mandato, ¿qué decir de la fuente, bautizada por el pueblo con el nombre de “el orinal de King Kong? Otra obra impulsada por él, que será en el futuro la causa de nuestros pesares, es el ascensor de la Atalaya; una obra superflua, extemporánea y ruinosa para la economía del concejo. Todas estas y otras actuaciones, exponentes de la gestión del Sr. Pérez Vacas, me hacen dudar del éxito de su soñado jardín de indianos.

            Todo esta acalorada discusión sobre el parque vino dada por las fantasías del Sr. Pérez Vacas que, ignorando aquel principio de que ‘non sunt mutipliacanda entia praeter necessitatem’, dedicó su tiempo a crear problemas en donde no los había. El jardín de Sela, que tenía su propia entidad y estaba suficientemente bien planificado fue una obra innecesaria para un jardín que sólo necesitaba un mantenimiento adecuado. Todo lo demás no son más que simples ocurrencias superficiales propias de quien no tuvo capacidad para ejecutar un programa que contenía suficientes iniciativas para mejorar la vida de nuestro concejo.- José Mª Rodríguez

           

           


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