Domingo, 09 de noviembre de 2008

?QUI?N TIENE LA CULPA?

El día siete de este mes de noviembre la ministra Magdalena Álvarez procedió solemnemente a la inauguración y apertura del tramo Reinante-Barreiros de la autovía del Cantábrico.

            Un tramo que, al igual que lo fuera el de Ribadeo-Reinante, está siendo muy criticado por los vecinos afectados por el paso de la autovía y por las autoridades locales barreirenses a causa de los muchos defectos derivados de su defectuosa ejecución. Defectos que ahora traen de cabeza a los vecinos que sufren en carne propia las consecuencias de esta situación.

            Una de las principales deficiencias provocadas por este trazado es, sin duda, la alteración del discurrir natural de las aguas pluviales que bajan de la montaña. Aguas que antes buscaban su natural salida hacia el mar por numerosos arroyos y riachuelos labrados por la naturaleza. Los pocos desagües que dejó la obra de la autovía para dar ahora salida a los aluviones de agua que a veces se producen con las intensas lluvias, como pasó estos días pasados, parece que no sólo no son suficientes, sino que hacen que el agua se concentre y converja hacia ciertos puntos determinados formando grandes aluviones que luego provocan inundaciones. Otra de las deficiencias que se observan son los inadecuados accesos a los pueblos por donde atraviesa la autovía, como es el caso de la entrada a Ribadeo viniendo de Galicia y del que las autoridades locales de Ribadeo no se ocuparon hasta que ya no tenía remedio; y aún así lo hicieron con la negativa del PSOE, según dijeron los medios, a sumarse a la reclamación ante la Sra. Ministra para no disgustar a su partido, demostrando así cuales son los objetivos y prioridades a conseguir por parte del Sr. Pérez Vacas en la política.  Todo esto añadido a otros graves inconvenientes derivados de la ejecución de la autovía, como es la desaparición de muchos viales tradicionales que dificultan gravemente la comunicación de casas y barrios y provocan que los vecinos tengan que recorrer largas distancias para acceder a sus propiedades. Estas y otras actuaciones, como el deterioro que las  máquinas pesadas empleadas en la construcción provocan en los viales, son las consecuencias, muchas de ellas evitables, que ocasiona esta obra, tan añorada en su día por la mayor parte de los mariñanos.

            Gente que en aquellos momentos tuvieron la oportunidad de exigir otro trazado alternativo que les ofreciera los mismos servicios, menos lesivo para el territorio y para su forma de vida. Gente que dejó que otros decidieran por ellos, en vez de preocuparse por las consecuencias futuras que les depararía la actual alternativa elegida. Gente que sólo miró para su ombligo y que pensó que esto no iba con ellos. Gente que, al igual que lo hiciera Boabdil, lloran ahora por lo que no supieron defender en su día. Gente que ahora no puede aducir ignorancia pues sabían de sobra que estas situaciones se iban a dar.                                                                                                                                    Pero de estos problemas, que hoy padecen los afectados por estas obras, no son sólo los vecinos los responsables. Son responsables también y sobre todo los alcaldes, pues es a ellos a quien incumbe velar por la buena marcha de todo lo que se mueve en su concejo. Es a ellos a quien corresponde preocuparse, ya desde el mismo comienzo de la ejecución de las obras, para que todo se desarrolle y se ejecute sin que los vecinos tengan que pagar las consecuencias de los errores u omisiones en la realización de las mismas. Lo sensato sería nombrar, ya desde el comienzo de su ejecución, una comisión de seguimiento de todas las obras que se hacen en su concejo, tanto las públicas como las privadas, pues tanto las unas como las otras suelen dejar casi siempre problemas pendientes. Las reacciones y los lamentos tardíos, hechos cuando las empresas responsables ya se han marchado, no suelen ser la solución de los problemas que nos dejaron.

            Porque la carga de enderezar, luego, los entuertos provocados por estos errores y atropellos suele caer  casi siempre sobre los hombros de los vecinos o del concejo, que viene a ser lo mismo. Las empresas se dan el piro o, a veces, desaparecen del libro de los vivos. Y ha de ser, luego, la administración local la que asuma la carga de rectificar los errores, cuando ello es posible, que no siempre lo es.- José Mª Rodríguez

           

           


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