Viernes, 14 de noviembre de 2008

EL NUEV O PLAN ACU?COLA

Sin esperar a que los ánimos se enfriaran, la Xunta de Galicia, impenitente en su afán de beneficiar a las grandes empresas a costa de los valores medioambientales, vuelve a poner de actualidad el tema de las piscifactorías. Con su reciente aprobación del nuevo Plan Acuícola, tan lesivo para nuestro ecosistema costero como lo era el anterior del PP, surgen otra vez las protestas de aquellos que, sensibles a la conservación medioambiental, se posicionan en contra de este Plan que sólo contempla los intereses puramente monetarios de las grandes empresas acuícolas que pretenden hacer sus negocios a costa de la destrucción de nuestro bello ecosistema costero.             Un Plan en el que nuestro concejo sale especialmente perjudicado por ser el concejo al que más suelo se le expolia destinado a la explotación acuícola: casi 500.000 metros cuadrados entre las dos piscifactorías que se proyectan construir en el concejo; una en Foxo Longo, en las proximidades de Rinlo y otra en Punta do Corvo, en Piñeira.

Pero especialmente grave nos parece la de Piñeira por las consecuencias negativas que se derivan de su ubicación: es decir, por su incidencia en el espacio de Rede Natura con el que limita, un diseño del PP, ya de por si muy escaso; por afectar al castro de As Grobas, que extiende su zona de protección hasta los límites de ese complejo; y también por su incidencia en el Espacio de la Biosfera, ya que, tarde o temprano, sus vertidos contaminantes podrían afectar a la propia ría de Ribadeo. Tres razones de suficiente peso para tratar de reconsiderar la ubicación de ese complejo.

Y para justificar este atropello se acude a los acostumbrados tópicos de siempre: los beneficios que esta operación acarrea a los vecinos mediante la compra de sus parcelas y los muchos puestos de trabajo que con este complejo se van a crear, ignorando, eso sí, el empleo que se va a destruir o se dejará de crear en otros importantes sectores como el turismo y el sector pesquero o marisquero, mientras que los beneficios que genere irán a engrosar los bolsillos de las grandes multinacionales.                        Y mientras tanto la conselleira, Sra. Caride, se empeña en justificar este Plan escudándose en que cumple toda la normativa medioambiental. Muy bien, pero, ¿qué pasa con la contaminación que tan enorme complejo va a provocar con el vertido de sus residuos en el litoral marítimo? ¿Está suficientemente estudiada la influencia negativa que va a ejercer en la pesca y en el marisqueo del litoral y hasta en la misma ría de Ribadeo? ¿Qué efectos va a producir en el turismo la subsiguiente degradación del paisaje? ¿Están contemplados todos estos aspectos en los informes medioambientales a los que alude la conselleira?

            Se tiene la sensación de que, con la urgente aprobación de este Plan, la Xunta trata de aplicar la política de hechos consumados. Pues, al igual de lo que ahora pretende hacer con los parques eólicos, trata también de otorgar las licencias a las industrias acuícolas antes de que entre en vigor el nuevo plan sectorial regulador.

            No se trata, por mi parte, de adoptar posturas obstruccionistas a estos proyectos. Si de los estudios realizados resultan ser necesarias para la sociedad y una fuente de riqueza para la comarca, bienvenidas sean esas industrias. Pero otra cosa distinta es que el lugar elegido sea el más adecuado para su ubicación, que debería respetar ciertos valores irrenunciables que han de estar por encima de los puramente monetarios.                                En el caso de la piscifactoría de Piñeira, que deberían ubicar en una zona más alejada del litoral, como hicieron con la de Rinlo, la sitúan en una zona de similar tipología que la zona afectada por la Rede Natura, un espacio de protección demasiado restringido diseñado en su día por el PP y cuya posible futura ampliación se vería limitada por la presencia de esta piscifactoría. Una zona afectada, también, por el alto valor histórico y arqueológico del castro de As Grobas. Y por si esto no fuera bastante, su ubicación dentro de los 200 metros del litoral ignora la especial protección de que goza este suelo, altera su naturaleza rústica especialmente protegida por la ley e ignora el fuerte impacto paisajístico que va a ejercer sobre el litoral                                             Tanto las autoridades locales como los propios vecinos harían bien en considerar su postura, tanto por la alteración que el nuevo destino del litoral puede suponer para su medio de vida tradicional, para muchos de ellos derivado del medio marino, tanto en el litoral como en la ría, como por la perturbación que la piscifactoría puede suponer para su calidad de vida y de la de sus descendientes, así como su incidencia en el turismo de esta comarca.-José Mª Rodríguez

           

           

           


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