Viernes, 10 de julio de 2009

ADMINISTRAR EN TIEMPOS DE CRISIS

           Aunque cada uno puede hacer de su capa un sayo en uso de su libertad, la buena administración de la hacienda es patrimonio de personas sensatas. Sobre todo cuando los bienes son producto del trabajo y del esfuerzo de las personas. Pero cuando se trata de la administración de lo público el buen uso de los recursos es una exigencia moral incuestionable. Y lo es porque el dinero público es el producto del esfuerzo y del duro trabajo y del sudor de la frente de los contribuyentes a través de los impuestos y contribuciones, casi siempre exageradas e impuestas contra su volluntad.
           De ahí la grave responsabilidad de los gestores municipales a la hora de administrar e invertir el dinero de los contribuyentes. Es verdad que no faltan gestores que creen que el dinero público no es de nadie y que pueden hacer con el lo que quieran. De eso, algunos nos dejaron sobrados ejemplos. De los que así piensan nació, por ejemplo, ese famoso convenio de funcionarios en el concejo de Ribadeo, con sus nóminas escandalosas y otras descabelladas inversiones hechas en detrimento de nuestro patrimonio histórico que, ni eran necesarias, ni siquiera convenientes y soportables para la economía de un concejo como el de Ribadeo.
            Pero, aun suponiendo la recta intención de muchos gestores a la hora de invertir el dinero, que sin duda la hay, no faltan entre estos quienes lo gastan con ligereza y sin el cuidado y la precaución que requiere la administración de lo público. Son los que no reparan en hipotecar al concejo con tal de invertir el dinero en actuaciones innecesarias y superfluas con el único fin de promover su imagen política, en vez de dedicar sus esfuerzos a invertir únicamente en lo necesario, como son los servicios públicos indispensables. Despilfarrar así el dinero público para acabar subiendo las tasas a los contribuyentes muy por encima del IPC, como se hizo este año con la subida de 4,5% cuando el IPC estaba en el 2%, es un grave error sobre el que los ciudadanos deben reflexionar.
          Pero hay, también, otras formas de dilapidar el dinero. Son esas actuaciones mal programadas y hechas sin el asesoramiento técnico suficiente cuyo resultado final es el fracaso. A nadie se le escapa, por ejemplo, que ponerse a bachear una carretera sin antes quitarle las aguas con la limpieza de las cunetas, como se hizo estos días pasados con la carretera del faro, es tirar el dinero. Y si los conocimientos de los gestores de turno no dan para más, para eso están los técnicos municipales. Pero, y lo que aún es más grave, es que tampoco los grupos de la oposición, que llevaban tiempo reclamando en los plenos la reparación de ese vial, se preocuparon por exigir la previa limpieza de las cunetas para quitar el agua de la calzada para que la reparación fuera duradera y exitosa. Ignoro a cuanto ascendió la reparación, pero en todo caso, es dinero gastado inútilmente o, como vulgarmente se dice, pan para hoy y hambre para mañana. Et sic de caeteris.
          Parece que los gestores municipales no sienten en sus carnes la crisis, ni entienden de apretarse el cinturón. A la vista de los últimos reparos que plantea la oposición a los presupuestos municipales que presenta el gobierno del BNG, exigiéndole la reducción de partidas en el gasto corriente y a aplicar la máxima austeridad posible en las inversiones, no se puede decir que el gobierno local actual, a pesar de su mensaje de austeridad en el gasto, esté haciendo todo lo posible para reducirlos, como sería lo sensato en los tiempos que corren. Porque, en todo caso, si el gobierno del BNG acepta recortar el presupuesto, no lo hace por propia voluntad, sino porque se lo impone la oposición. Es de agradecer la postura de los grupos de la oposición poniéndose de parte de los intereses de los ciudadanos, aunque al mismo tiempo es de lamentar que no fueran capaces de dar ejemplo cuando a ellos les tocó gobernar y se dedicaban a derrochar el dinero a manos llenas, a veces en veleidades, dejando hipotecado al concejo por varias generaciones.-José Mª Rodríguez

           


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