S?bado, 22 de agosto de 2009

EL GAY?S DE RIBADEO

            Del Gayás de Santiago se han escrito muchos comentarios y se han dicho muchas cosas. Los periódicos nos inundan todos los días con noticias sobre los gastos suntuosos que representa. La voracidad con que diariamente va consumiendo los fondos públicos ignorando la suerte de tantos gallegos que, día tras día, caen en la miseria víctimas de la crisis. Del de Ribadeo, casi nadie se ha ocupado; apenas se ha dicho nada. Pero el futuro que le espera hará correr, sin duda, ríos de tinta y, sobre todo, de sudores municipales cuando empiecen a llegar las facturas de su funcionamiento.

            Del de Santiago se ha dicho, entre otras cosas, que era el mausoleo a la memoria de Fraga. Un monumento a la improvisación y a la ligereza presupuestaria de los sucesivos gobiernos de la Xunta. Se ha dicho que su futuro estaba aún sin definir y que no se sabía a qué se iba a destinar o para qué iba a servir y cual iba a ser su coste final. Que se ignoraba cómo y cuándo estaría operativo y qué contenidos tendría. Un conejillo de indias en manos de los partidos que uno tras otro se fueron sucediendo en el gobierno de la Xunta, sujeto a toda clase de experimentos y pronósticos, dirigidos todos ellos a apaciguar las protestas de los gallegos que pagan con sus impuestos tamaña locura, mientras la gente se queda en el paro por cierre de empresas. Su importe económico se ha desbordado sin saber a cuanto ascenderá finalmente la inversión total, mientras se ignoran otras necesidades más perentorias para Galicia. Y a día de hoy las cosas siguen igual, sin saber qué hacer con  un proyecto que ya resulta tecnológicamente anacrónico ni qué destino tendrá. Y en todo caso, la cultura que necesita Galicia hay que impartirla en las aulas a lo largo del territorio y no concentrarla en el Gayás. Pero, así es cómo los políticos hacen, a veces, las cosas, protegidos por la impunidad que les da el poder de la partitocracia, una especie de dictadura con la que imponen sus criterios y dominan al pueblo.

            Ribadeo, a imitación de Santiago, también tiene su pequeño Gayas, que no es otro que el ascensor de la Atalaya, fruto de las fantasías de un soñador, que, al igual que el de Santiago, y sin pararse a pensar en las consecuencias, quiso también dejar la huella de su paso por nuestra alcaldía, ad perpetuam rei memoriam, como recuerdo de su buen hacer a las venideras generaciones. Y sobre el también cabría hacer la mismas preguntas que al de la Ciudad de la Cultura. 
           
            Porque, al igual que el de Santiago, nuestro Gayás tampoco tiene asegurada su viabilidad frente a un futuro económicamente incierto. El tiempo pronto desvelará la incógnita de algo que simplemente se ha dado por supuesto, sin que se haya hecho estudio alguno que confirme su necesidad, su utilidad y su sostenibilidad económica. Porque lo malo no es el excesivo coste de su instalación, que también, sino el elevado coste del mantenimiento y funcionamiento al que los ribadenses habrán que hacer frente. Las preguntas sobre estos extremos son simples: ¿Era necesaria esta obra? ¿Cuánto va a costar mantener este artefacto en funcionamiento? ¿Quién se va a hacer cargo de los costes de energía, mantenimiento y personal necesario para su funcionamiento? ¿Será el concejo o los posibles usuarios del ascensor? En la primera de las hipótesis, ¿tiene la caja municipal suficiente capacidad para hacer frente a este gasto, innecesario y superfluo, o se verá obligado el concejo subir los impuestos, una vez más, a los contribuyentes para hacerle frente? En la segunda hipótesis, ¿se ha hecho algún estudio sobre el posible coste que va a representar y su asunción por los usuarios? ¿Está justificada esta inversión? Son estas algunas preguntas, que ya hemos hecho otras veces, de las que no se conocen respuestas. Ya sabemos que la administración local tiene solución para todo. Pero, lamentablemente, a costa de impuestos a los contribuyentes. Y esa política actual, tan de moda, consistente en subir los impuestos para que algunos políticos se pongan medallas a costa del pueblo, está llevando al caos nuestra economía.

            Todo eso sin entrar a valorar la justificación de tamaña inversión de dinero público en los actuales momentos de crisis, olvidando que, en todo caso, se pudo haber invertido en otras necesidades más perentorias del casco antiguo de nuestra villa. Pero, además, ¿se ha evaluado el daño arqueológico y paisajístico que esta instalación representa para el espacio histórico y tradicional de la Atalaya y para  la imagen paisajística del entorno de la ría y de la villa de Ribadeo? Mientras en la alta Edad Media la villa de Ribadeo reservó su mejor espacio público para disfrute del pueblo, tanto en su vertiente religiosa como social, la actual especulación del turismo, que  somete todo al beneficio económico, dirigida por un alcalde que actuando sin escrúpulos ni respeto hacia la historia y la cultura, se encargó de sacrificar el más hermoso y romántico rincón de Ribadeo.

            He ahí un monumento erigido al feísmo, situado en uno de los rincones paisajísticos más hermosos de Ribadeo. Al contrario de la Ciudad de la Cultura del monte Gayás, que supo adaptarse a su entorno, el ascensor no logró fundirse con el medio natural que le rodea sino que, visto desde la ría, tiene la apariencia de un horroroso armatoste pegado al promontorio del litoral. Pasará el tiempo que todo lo borra y ahí quedará como expresión de derroche del erario público, como quedaron otras tantas cosas, fruto de la ignorancia y de la ligereza de nuestros gestores.

            ¿Y qué opina la oposición política de Ribadeo de la obra del ascensor? Porque la postura corresponsable del BNG está clara al haber asumido como suyo este proyecto. Pero, ¿y la oposición?  No está ni se la espera.-José Mª Rodríguez

 

 

 

 

             


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