Viernes, 28 de agosto de 2009

LA SUBIDA DE IMPUESTOS QUE SE AVECINA EN EL CONCEJO DE RIBADEO

 

            Todos somos conscientes de la profundidad de la crisis porque, unos más que otros, todos la estamos padeciendo en nuestros bolsillos. Poder llegar a final de mes, después de hacer malabarismos con el dinero, es para muchos un reto difícil de alcanzar.

            Pero también es verdad que la crisis no afecta sólo a las familias, aunque son las que más la padecen, sino también a las mismas administraciones, gravemente afectadas por la carencia de ingresos para hacer frente a la acumulación de servicios que desde hace años se echaron sobre los hombros para mejor servir a los ciudadanos? Y entre las administraciones afectadas está nuestra propia administración local de Ribadeo que lleva años en números rojos.

            Pero las actitudes y reacciones que se adoptan ante la crisis son muy diferentes en unos y otros. Mientras los ciudadanos ajustan con rigor sus hábitos de consumo a los disminuidos ingresos que perciben, nuestro concejo sigue con los mismos hábitos de gasto y derroche, heredados de aquellos pasados tiempos de bonanza, en los que acuñaron aquella famosa frase “¿será por dinero?”, como si nada pasara. A imitación del gobierno central el concejo de Ribadeo, incapaz de reconsiderar su postura ante esta crisis sigue hundiéndose cada vez más en la bancarrota, esperando echar mano de los contribuyentes para que le saquen las castañas del fuego. En vez de optar por una política seria y drástica para sanear la situación, disminuyendo las inversiones y gastos eliminado todos los innecesarios, que no son pocos, elige el camino de aumentar gastos en personal y, como consecuencia, aumentar los impuestos a las familias que ya se encuentran al borde la resistencia.

            La última serie de responsables de la administración local ribadense ha demostrado carecer del sentido común que acompaña al resto de los ciudadanos. Mientras estos tratan de aprovechar los tiempos de bonanza para ahorrar y poder hacer frente a la crisis, ellos, uno tras otro, administraron los tiempos de las vacas gordas gastando el dinero a raudales, con inversiones superfluas e innecesarias, dejando exhausto al concejo para poder hacer frente a los gastos en los tiempos de las vacas flacas.

            No me considero la persona indicada para aconsejar al gobierno local sobre la forma de administrar los recursos, ni tampoco figura esa responsabilidad entre mis obligaciones. Pero entre los derechos y obligaciones que tengo como contribuyente figura la de poder exigirle al alcalde un cambio radical de actitudes.

            Por eso, frente a las manifestaciones hechas recientemente en los medios por la Intervención municipal y asumidos por el alcalde, en las que se afirma que es imprescindible una subida de impuestos y tasas para corregir el desfase presupuestario, manifiesto y afirmo que hay otros caminos posibles, más sensatos y respetuosos con los contribuyentes,  para sanear la economía municipal y hacer frente a esta situación.

            No se trata sólo de optimizar los servicios, como reconoce el alcalde, cosa que se da por supuesto, sino sobre todo de racionalizarlos y administrarlos con eficacia, controlando el correcto funcionamiento de los medios de que dispone y suprimiendo los gastos y servicios innecesarios.

            Es urgente frenar el derroche de gastos incontrolados: control del uso de la maquinaria municipal, rendimiento de personal, congelación temporal de determinados salarios exagerados, supresión de las innecesarias aportaciones a los partidos políticos, eliminación de contrataciones innecesarias de personal y de gabinetes de imagen, mayor diligencia en la recaudación y corrección de toda una serie de libertades administrativas que se tomaron en los últimos años. La supresión de todo este derroche de gastos innecesarios sería suficiente para sanear el concejo y hacer frente a los gastos sin subir los impuestos y sin que los servicios esenciales sufran merma en su eficacia. Pero el alcalde parece que no está por la labor y sigue adelante con nuevas contrataciones como si nada hubiera pasado. Y a este paso, en el término de diez años, este concejo de 10.000 habitantes habrá de soportar una nómina de 200 trabajadores.

            Sirvan para ilustrar lo que digo, a modo de ejemplo, dos casos que observé desde la ventana de mi domicilio. Hace dos meses que fueron reparados los baches de la carretera del Faro, sin sanear previamente la calzada con la limpieza de las cunetas.  Y hoy, dos meses después, ya se está levantando de nuevo la carretera. La aguja del reloj de sol del Cargadoiro, que llevaba años doblada por los  gamberros de siempre, ayudados por sus padres, fue restituida hace días por otra igual, sin reforzar, sin tener en cuenta que iba a sufrir el mismo destino que la anterior. Al día siguiente ya volvía a estar doblada; y así sigue. He ahí dos simples ejemplos de cómo se tira el dinero y se despilfarran los recursos. Importa hacer menos cosas, pero hacerlas bien y dejarse de talleres de risoterapia, gimnasia de mantenimiento y otras tonterías con las que pasan el tiempo. O como el programa “Xantar sobre rodas”, del que algunos, que disponen de abundantes recursos económicos, se están aprovechando a costa de nuestros impuestos.

            Tomen los alcaldes ejemplo de los ciudadanos. ¿Cómo reaccionan los ciudadanos ante la crisis? Reduciendo los gastos. Aplíquense, pues, la lección y dejen a los ciudadanos en paz que bastante tienen con intentar sobrevivir. Pero a mi me ocurre lo mismo que le pasaba al ama y a la sobrina de D. Quijote con sus infructuosos esfuerzos para disuadirle de volver a las andadas; que todo era predicar en desierto y majar en hierro frío. Prepárense, pues, los ribadenses, tan pacientes ellos, para rascarse los bolsillos y sacarle las castañas del fuego al alcalde.-José Mª Rodríguez       

           


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