S?bado, 05 de septiembre de 2009

SAN ESTEBAN DE AGUAS SANTAS

Desvelada la ubicación de la ermita de San Esteban de Pagadi, de la que se habla en el nº 4664 de La Comarca del Eo, de fecha 1 de agosto de 2009 y que no es otra que la conocida hoy por San Esteban de Pagá, situada en la parroquia de San Miguel de Reinante, pasamos hoy a ocuparnos de la localización de la ermita de San Esteban de Aguas Santas, citada en el mismo documento del año 1124 que reproduce la “Colección Diplomática Medieval del Archivo de la Catedral de Mondoñedo”, publicada por el canónigo-archivero D. Enrique Cal Pardo. Un documento por el que el rey Alfonso VII hace un reparto de bienes entre el obispo de Mondoñedo, don Nuño y el conde Rodrigo Vélaz, en el que, entre otros muchos bienes, cita las ermitas de San Esteban de Pagadi y San Esteban de Aquas Santas, situadas entre el Eo y el Masma: “… et infra ipsos terminos inter Euue et Masme deuenerunt in particione sedis santus Iacobus de Regnanti sanctus Michael de Uillaplana  sanctus Cosmedi sanctus Uincencius de Couelas sancta Maria de Citofacta sanctus Iulianus de Cauarcus sanctus Iustus sancta Chirstina de Cellario et duas ermidas sanctus Stephanus de Pagadi et sanctus Stephanus de Aquis Sanctis”. 

            Un documento en donde se ve cómo las iglesias citadas, entre las cuales están las ermitas de San Esteban de Pagadi y la de San Esteban de Aguas Santas, pasan a ser propiedad de la sede mindoniense. Esto explica que el Cabildo de la Catedral de Mondoñedo ostentase el patronato de la ermita de San Esteban de Aguas Santas a lo largo de los siglos y percibiese la mitad de los frutos y diezmos procedentes de la ermita.                                                                                                

            Las diversas fuentes consultadas, todas ellas pertenecientes al citado Archivo Catedralicio y al Archivo Diocesano, ambos de Mondoñedo, en los cuales sus respectivos responsables D. Enrique Cal Pardo y D. José Mª Fernández me proporcionaron amablemente toda clase de información, nos aclaran las dudas  acerca de la ubicación de esta ermita. El nombre de Augas Santas con el que se conoce desde antiguo a la playa bautizada hoy con el nombre de As Catedrais nos llevó a pensar que pudiera aludir a la existencia de una ermita en las inmediaciones de dicha playa, de la que heredara este nombre. Pero las evidencias documentales desmienten esta hipótesis, por lo que el origen de este primitivo nombre de la playa habrá que atribuirlo al río que divide los concejos de Ribadeo y Barreiros, conocido por el nombre de Rio de Augas Santas y que desemboca en la parte occidental de esta playa.

            En el folio 228 y 229 del Tumbo Pachado del archivo catedralicio, en un documento-inventario hecho en Viladaylle por dos canónigos de Mondoñedo el 22 de junio de 1467, estando presentes la mayor parte de los feligreses de dicha iglesia de San Cosme, aparece citado por primera vez, relacionado con la jurisdicción de San Cosme, el nombre de la ermita de San Esteban de Aguas Santas con estas palabras: “… et disso que leuaua esta iglesia de San Cosmede a metade dos froytos et disimos da iglesia de Santo Esteuo de Agoas Santas…”. Y más adelante: “…et presentaba a metade da dita iglesia de Santo Esteuo de Agoas Santas daquela sen cura…”.

            Y en otro extenso documento, de fecha 4 de enero de 1479, situado a continuación del anterior, en el que se declaran las heredades y bienes de la administración de San Cosme, se lee: “…Iten dixeron que la iglesia de San Esteuoo de Aguas Santas que la meytad conn cura era anexa a San Cosmede et que de alli resçebian los feligreses los ofiçios debinos et que alli se enterraban …”.

            Estos dos textos citados del siglo XV definen e identifican con toda exactitud la existencia y situación de la ermita de San Esteban, citada ya en el documento del siglo XII, como hemos visto, con el apelativo de Augas Santas. Se trata, sin duda, de la ermita conocida hoy con el nombre de San Estebo do Ermo, nombre con el que ya se la denominaba en el siglo XVIII, como veremos, perteneciente a la parroquia de San Cosme de Barreiros, en el ayuntamiento del mismo nombre.

            San Esteban de Aguas Santas es, sin duda, el templo más antiguo de la feligresía de San Cosme. Constatada ya su existencia a principios del siglo XII en el documento arriba citado, esta ermita era el centro religioso en torno al cual se congregaban las pequeñas comunidades humanas asentadas en ese territorio, antes de la creación de la parroquia de San Cosme. Según dice el documento del año 1479, antes citado, en esa ermita “recibían los feligreses los oficios divinos y allí se enterraban”. Lo que quiere decir que en ella se ejecutaban funciones parroquiales. En ella se continuaban aún ejerciendo numerosas manifestaciones de culto en el siglo XVIII, tal como se manifiesta en el siguiente documento, perteneciente al Archivo Diocesano de Mondoñedo, que contiene una certificación dirigida al obispo emitida por el párroco de San Cosme, D. Francisco Xavier Soto, en fecha 12 de diciembre de 1782. En ella se dice que “…La primera, que por haber sido antiguamente ayuda de parroquia en la que percibía el cura medios Diézmos, es en el día la que tiene más uso para las funciones parroquiales. Se intitula San Esteban del Yermo, así dicho por su situación o Aguas Santas por el beneficio que reciben los fieles con el agua de su fuente. .. Hay ahora obligación de celebrar allí misa al pueblo en los segundos días de las tres pascuas, en las letanías mayores, y primer día de las menores: en el septimo, octavo y veinte y nueve de septiembre, y cuando los vecinos piden se haga allí rogación por buenos temporales.

            Y ya en fecha anterior, en el folio nº 15 de las memorias de las visitas pastorales del año 1756, existentes en el mismo Archivo Diocesano, se lee el siguiente informe: “…Hai en esta dicha feligresia la capilla de San Esteban de Augas Santas, o, del Yermo, de quien es patrón el Cabildo de la Ciudad de Mondoñedo, la que tiene de renta la metad enteramente de los diezmos del barrio que dicen de Heiras, terminos de esta citada feligresía cuya renta percibe el precitado Cabildo, y la saca a pública puxa cada tres años en su mesa de ventas, la que a punto fixo no puedo decir lo en que se remató este último trienio solo habiendo preguntado se me dixo fuera su remate en treintainccinco maravedís, poco mas o menos.”

            El primitivo edificio de la ermita, existente a comienzos del siglo XII, acusó los efectos del paso del tiempo y en el año 1740 se hallaba en tal estado de ruina que el obispo D. Alejandro Sarmiento de Sotomayor mandó demolerla para evitar la profanación a la que se veía expuesta. Una orden que, por fortuna, no llegó a ejecutarse. Y así, el 23 de junio de 1758, el obispo Carlos A. Riomol y Quiroga manda a D. Sebastián de la Peña, canónigo de Mondoñedo, "fayar y retejar", así como nivelar el pavimento y reparar el muro que se halla a espaldas del altar mayor de la ermita, juntamente con la puerta de la entrada de la casa del ermitaño que estaba adosada a la ermita. Lo que confirma que la ermita gozaba de la presencia y la protección de un ermitaño que se preocupaba de su cuidado y de la atención de los fieles. La ejecución de la nivelación del suelo no fue fácil, según se queja el cura en su informe, porque la ermita se hallaba asentada en un suelo de roca muy desnivelado. De la casa del ermitaño que estaba pegada a la ermita ya sólo quedaba en esa fecha, según dice el cura en su informe, el techo y las paredes y era utilizada para el abrigo del ganado en tiempos de temporal.                                                                                                                          

           Como se ve en estos documentos, esta ermita, conocida hasta ahora con el apelativo de San Esteban de Augas Santas, empieza ya a cambiar, a partir del siglo XVIII, su primitiva denominación por la de San Esteban do Ermo. Una nueva denominación que permanecerá hasta hoy, en detrimento de la primitiva de Augas Santas que está cayendo en desuso.

            Su primitivo nombre le viene dado por la virtud milagrosa que, al igual que otras muchas ermitas e iglesias que tienen una fuente en sus cercanías, se le atribuía a las aguas mineromedicinales de la fuente que hay en sus proximidades. Fuentes con aguas ferruginosas a las que la gente atribuía propiedades curativas y milagrosas, a donde los peregrinos y devotos acudían y aún acuden actualmente a pedirle un deseo y a recogerla para llevarla a sus casas y utilizarla como remedio de sus enfermedades. Una circunstancia que la iglesia aprovechó para levantar templos a su lado. Ejemplos señeros de ello son los santuarios de Lourdes o de San Andrés de Teixido, etc.

            El nombre de “Yermo”, gallego “Ermo”, con el que ya más tardíamente empezó a llamarse a esta ermita le vino dado por lo despoblado de su ubicación. “Ermo” es una palabra derivada del latín tardío “eremus” ‘desierto, lugar apartado o deshabitado’ que a su vez la recoge del griego “eremos”. Por extensión pasó luego a utilizarse, sobre todo por los escritores eclesiásticos de la baja Edad Media, para designar un lugar poblado por ermitaños. Un apelativo que le cuadra bien a este santuario por lo despoblado del lugar en donde se encuentra. 

            Estas confirmaciones documentales me llevaron a visitar la ermita. El primer impacto, una vez llegado al lugar de la ermita, fue indescriptible por el carácter primitivo y solitario y la belleza salvaje del lugar en el que está situada. Un paraje natural sensacional, encajonado entre altos riscos y peñascos que cuelgan verticales, poblado por una exuberante vegetación autóctona de castaños, abedules, robles y grandes helechos, líquenes, musgos y otras especies vegetales entre las que discurre encañado un ríachuelo de aguas transparentes que baja de las montañas y que forma una imponente cascada un poco más arriba de la ermita. Un paraje que está pidiendo a gritos una declaración de protección medioambiental, como un BIC o una zona LIC.

            En este bello y abrupto escenario, escondida entre los pliegues formados por las montañas de la sierra que separa la planicie mariñana del territorio interior, se encuentra la ermita de San Esteban de Augas Santas o Santo Estevo do Ermo.

            El templo es de planta rectangular as dos aguas y pórtico cerrado a tres aguas en la fachada con dos ventanas, sacristía en la parte posterior a tres aguas y tejado cubierto con losas. Corona la ermita una espadaña con arco de medio punto. Su interior está pisado con viejas y sólidas lastras de piedra. Su amplia nave está separada del altar por un arco triunfal de medio punto. Consta de un pequeño y hermoso retablo jaspeado y dorado de talla popular de dos cuerpos. Es de orden compuesto. En el primer cuerpo alberga tres imágenes: una de San Esteban en el centro de tipo popular pintada al óleo, de 0´95 centímetros de alto. A la derecha una de San Marcos del siglo XVI de 0´65 centímetros de alto y, a la izquierda, una de la Inmaculada del siglo XVII con mucho resabio popular, de 0´56 centímetros de alto. En el cuerpo superior, coronando el retablo, se halla una imagen de San Esteban de vestir. Sobre el altar se encuentra una pequeña imagencita popular de San Esteban de besar, de 0´33 centímetros. 
            
            Montaña arriba, en las cercanías de la ermita, se halla la fuente de aguas ferruginosas que dio nombre a la ermita. Un poco más alejada, encima de la cascada, se encuentra la fuente de Santa Rosa, a cuyas aguas se atribuyen propiedades curativas y a la que acuden los fieles y peregrinos en busca de remedio para las afecciones de la piel. Y, como la fe se expresa mediante los ritos, también esta práctica tiene su rito: mojar un paño en el agua de la fuente y frotar con él la parte afectada por la enfermedad. Después de lo cual se ha de dejar allí  el pañuelo atado a un árbol como testimonio y ofrenda. El acceso a ambas fuentes es fatigoso y muy empinado, aunque se halla debidamente acondicionado por el concejo.

            La ermita, construida antes del siglo XII, como hemos visto por el documento anteriormente citado, fue reconstruida en el siglo XVIII y reparada nuevamente en el año 1992. La afluencia de gente a ella por motivos religiosos o simplemente turísticos es frecuente. Su festividad se celebra el lunes de Pascua.-José Mª Rodríguez

                       


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