Viernes, 11 de septiembre de 2009

LAS FIESTAS DE RIBADEO

           Quienes ya peinamos canas y recordamos cómo eran las fiestas de Ribadeo en épocas pasadas sentimos hoy una gran añoranza. Y lo digo porque somos muchos los que nos vemos negativamente afectados y apenados por la forma en que se desarrollaron este año las fiestas, recordando aquellas fiestas que se disfrutaban escuchando a las bandas y orquestas que constituían el núcleo central de las atracciones en torno a las cuales la gente se congregaba en el campo de San Francisco, rodeando el quiosco o sentados en las terrazas del Mediante escuchando con tranquilidad los conciertos de la sesión vermú, las actuaciones en las horas vespertinas y en las verbenas en las cuales la gente se divertía bailando. No faltaban algunas atracciones que, como  los coches eléctricos y algunas tiendas de golosinas, discretamente colocadas sin molestar a la gente, contribuían a la diversión de los niños, mientras que alguna tómbola saciaba las apetencias de los adultos de tentar a la suerte. La nota suprema de colorido la ponían los fuegos artificiales, que congregaban una gran concurrencia de gente. Esas eran las fiestas de Ribadeo, tan visitadas por la gente del entorno rural y de los concejos vecinos, incluidos los asturianos. Y no faltan, como no, quienes manifiestan su opinión favorable hacia las fiestas celebradas este año por la sencilla razón de que con ellas se cumplieron, dicen, los objetivos económicos propuestos, que no eran otros que amortizar la deuda arrastrada de años anteriores. Ignoran los que así piensan que el objetivo real de las fiestas no es subsanar errores pasados, sino ofrecer un espectáculo lúdico grato a los vecinos.

            En mi opinión, el espectáculo al que hemos tenido que asistir este año es realmente bochornoso y denigrante. No encuentro otro calificativo mejor para reflejar la triste realidad que hemos tenido que soportar con unas fiestas convertidas en un mercado con tintes de comuna, situado en el lugar más señero e importante de Ribadeo.

            El parque municipal estuvo abarrotado de tiendas, restaurantes, vendedores ambulantes, coches y “pendellos” que lo invadían por todas partes como si fuera un auténtico campo de refugiados, sin respetar las zonas de césped en donde los vendedores instalaban las tiendas de campaña para dormir y hacían pública y descaradamente otras necesidades fisiológicas más urgentes. Sin espacio para el tránsito de las personas los espacios dedicados a césped, recientemente renovado, quedaron convertidos en caminos de paso para los peatones, quedando todo el césped machacado y arruinado. Y ante las protestas de los bares cercanos al parque hasta hubo que instalar unos improvisados inodoros en el medio del campo para servicio del restaurante y de los vendedores, que aprovechaban las fuentes públicas para bañarse desnudos a plena luz del día, ante el asombro de la gente. 
     
            Esta es una estampa, muy brevemente contada, del caos que ofrecía el parque de la villa de Ribadeo que, por primera vez, entregó sus espacios a los mercaderes en aras de la recaudación y a costa de las fiestas de la Patrona, basándose en el falso argumento de que la villa debe disponer de todos sus espacios para adaptarse al número de cuantos los demandan, cuando en realidad han de ser estos los que se adapten a los espacios disponibles, teniendo en cuenta que la calidad de las fiestas no depende del número de “pendellos” instalados en ellas.  Y ante este cuadro cabe hacer algunas reflexiones.

            La primera es preguntarse si quedan aún ciudadanos en Ribadeo capaces de sentir vergüenza ante esta humillante situación en la que la torpeza de algunos, so pretexto de recaudar fondos, han convertido las fiestas de Ribadeo en una feria o mercado en el lugar más emblemático de la villa. 

            La segunda es preguntarse si los gestores del consistorio tienen idea de las preferencias del pueblo de Ribadeo a la hora de definir el tipo de fiestas que quiere tener. ¿Es tan difícil preguntar al pueblo, mediante una encuesta o cualquier otro medio, cuales son sus preferencias?

            Ante este atropello el alcalde no puede evadir su responsabilidad y escudarse en nadie para justificar estas actuaciones y otros abusos, pues él es el único responsable de la correcta utilización del parque y de la forma en que se encuentra su estado actual.                  

            Porque, de seguir así las cosas, y todo parece indicar que así seguirán, hay que concluir que tenía razón mi amigo cuando decía que “Ribadeo é unha aldea sin cómaros” en donde, como en el Oeste, todo es posible. Con la diferencia de que en cualquier aldea de nuestro entorno se celebran mejores fiestas que en Ribadeo, porque en ellas se puede escuchar, con tranquilidad y sin interferencias, mejores conjuntos de los que intervienen en Ribadeo. Y esto es lo que explica que no faltaran quienes se desplazaran esos días a Ferreira do Valadouro a deleitar sus oídos escuchando allí, en un ambiente apropiado, a buenos conjuntos musicales.

            Por lo que he podido constatar hablando con la gente del pueblo el sentimiento de disgusto y de cabreo por el estado caótico que están tomando las cosas en Ribadeo es general. Pero, lo que es aún peor, creo que, si los ribadenses no despiertan de su sueño y pasotismo, la deriva por estos derroteros va a seguir y los tiempos que se avecinan no van a ser mejores.- José Mª Rodríguez


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