Viernes, 25 de septiembre de 2009

ANTIG?EDAD DE LA ERMITA DE SAN ESTEBAN DE AGUAS SANTAS

            En un artículo publicado en este blog sobre la ermita de San Esteban de Aguas Santas, denominada vulgarmente “Santo Estevo do Ermo”, se hacía constar la existencia de esta ermita en el año 1124, por ser fecha del documento allí citado que la menciona.

            Pero la posterior lectura de otro documento, perteneciente al Tumbo de Lourenzá, publicado con el número 9 por A. Rodríguez González y J.A. Rey Caíña en el número 8 de Estudios Mindonienses del año 1992, nos descubre la existencia de esta ermita ya a mediados del siglo X, es decir, en época muy anterior al siglo XII, fecha del documento anteriormente citado. En el documento, sin fecha, (pero que la mayoría de los autores sitúan en el año 958, reinando Ordiño IV) del Tumbo del monasterio de Lourenzá, se da cuenta de la donación que Ordoño, rey de León, hace al conde Osorio Gutiérrez y a los monjes de ese monasterio de los bienes que habían pertenecido al monje Fonso, fallecido repentinamente y sin testamento antes de rubricar su decisión de dejárselos al monasterio. Los bienes citados, objeto de la donación, estaban constituidos por tres villae con sus iglesias, añadiendo el propio Ordoño la donación de dos iglesias más. Entre los bienes enumerados en el documento se cita el monasterio de Asperotani (situado en A Graña, en Ove) y la iglesia de San Esteban de la ribera del Masma. Dice así el documento: “…Et ob hac re disposui ego, Hordonius rex, cum omnem consilio episcoporum, abbatum necnon et comitum ut facerem testamento uobis, tio nostro Osorius Gutierriz, et confrater seu et fratibus tuis de monasterio quas ipse Fonsus obtinuit. Id sunt: Sancto Martino de Asperotani cum omnes ecclesias sibi subditas seu et homines quas ibidem testati sunt, alia ecclesia Sancti Stephani Rippa Masme...”. ‘… y por esta causa yo, el rey Ordoño, con la asamblea de todos los obispos, abades y condes dispuse un testamento a vuestro favor, nuestro tío y hermano Osorio Gutiérrez y a tus hermanos del monasterio, de lo que pertenecía a Fonso. Esto es: San Martín de Asperotani con todas las iglesias y hombres que le pertenecían, otra iglesia de San Esteban en la orilla del Masma…”.

            Es evidente que la mención a San Esteban de la ribera del Masma se refiere a la misma iglesia incluida más tarde en el documento citado del año 1124 con el nombre de “sancti Stephani de aquis santis”, es decir, San Esteban de Aguas Santas (también denominada Santo Estevo do Ermo) ya que no existe, ni hay constancia de que haya existido en tiempos pasados, otra iglesia bajo esta advocación en la cuenca del Masma, salvo esta.

            Así fue como el monasterio de Esperautano, así denominado en el llamado “Documento del rey don Silo”, del año 775, y la ermita de San Esteban de Aguas Santas pasaron a manos del monasterio de Lourenzá. El monasterio de Esperautano, (aquí llamado de Asperotani), pasaría más tarde, en el año 1231, a pertenecer al monasterio de Meira debido un importante intercambio de bienes efectuado entre este monasterio y el de Lourenzá. Y la ermita de San Esteban de Aguas Santas pasó a formar parte, de forma más o menos oscura, del patrimonio del conde Rodrigo Vélaz, encomendero del monasterio de Lourenzá y, por lo tanto, administrador de sus bienes. Hasta que en el año 1124, el rey Alfonso VII, para poner orden en estas propiedades de origen dudoso que traía en disputas constantes a obispos y condes y pacificar así la comarca, que vivía en “discordias, disputas, choques y guerras entre los obispos y los condes reales”, hizo un nuevo reparto de bienes entre el obispo de Mondoñedo don Nuño y su iglesia, por una parte, y el conde Rodrigo Vélaz, por otra, quedando asignada la propiedad de la ermita de San Esteban de Aguas Santas a la iglesia de Mondoñedo, que ostentaría su patronato en el futuro y percibiría las rentas y diezmos a lo largo de varios siglos.

            Queda, pues, despejada la incógnita de la antigüedad de la ermita de San Esteban de Aguas Santas o de Santo Estevo do Ermo, cuya existencia consta ya a mediados del siglo X, como acabamos de ver, sin que se pueda afirmar la fecha exacta de su fundación y erección. Ante los datos expuestos me atrevería, pues, a sugerir a quien corresponda la modificación de la leyenda que reza en los paneles interpretativos colocados junto a la ermita que, erróneamente, la datan en el siglo XV.-José Mª Rodríguez.

 

 

 


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