S?bado, 14 de noviembre de 2009

?VAYA TROP?!

           Después de una larga etapa de tranquilidad y de calma por la que trascurrieron los plenos municipales en el Concejo de Ribadeo desde que pasaron aquellos azarosos y turbulentos tiempos del desafortunado gobierno de Pérez Vacas de infausta memoria, en el que los insultos, los gritos, las provocaciones y los improperios formaban parte del menú de los plenos, parece que vuelve de nuevo a instalarse en el consistorio una asfixiante atmósfera de trifulcas y broncas en las relaciones entre los grupos políticos municipales. El último pleno celebrado el día 9 de noviembre fue un ejemplo paradigmático de la falta de educación y cortesía que las personas se deben unas a otras, aún estando situadas en posiciones políticamente distintas. Se vivió una ausencia total de educación y de modales que ni siquiera respetó al público allí asistente. Un pleno dominado por los gritos y acusaciones por desacuerdos sobre temas variados, como la ubicación del Centro de Alzheimer, la petición de un informe jurídico sobre ciertas facturas de supuesta dudosa legalidad, la justificación del pago de algunos contenedores o los diferentes criterios sobre el resultado de las cuentas del ejercicio de 2008, entre otros temas que allí se trataron.

            El dominio de los nervios y de los bajos instintos primarios del ser humano, lo que se entiende por educación, es exigible a todo el mundo que se dispone a vivir en sociedad, sobre todo si se trata de representantes del pueblo, como son los concejales, que se supone que están puestos ahí para tratar de encontrar, con el máximo consenso, las mejores soluciones de los problemas que se presentan, pensando únicamente en el mejor servicio a los ciudadanos del concejo.

            ¿Qué es lo que provoca esta situación? ¿Por qué se llega a estos extremos de hostilidad en los plenos municipales, a diferencia de otras reuniones en las predomina la templanza y la educación? ¿Por qué esas mismas personas se comportan de forma normal en sus relaciones con las personas fuera del consistorio?

            Sin descartar otras razones que pudieran ofrecer los sociólogos parece evidente que son las pasiones políticas las responsables del escaso dominio que nuestros concejales tienen de sus instintos en el desempeño de su misión. Las responsables son, sin duda, las innobles motivaciones y las intenciones torcidas que les llevaron a ocupar esos cargos que condicionan su proceder y la finalidad de sus actuaciones. Si su preocupación y el objetivo de su trabajo en los plenos estuviera dirigido únicamente a la búsqueda del bien común de los administrados a los que dicen y perjuran servir, no se darían los desacuerdos ni las posturas radicalmente dispares entre ellos que constantemente se observan. Sus actitudes no son otra cosa que el fruto de sus personales intereses y ambiciones con las que tratan de destruir por todos los medios la imagen del adversario para ensalzar su propio protagonismo político con vistas al poder.

            El último pleno celebrado en Ribadeo fue un ejemplo ilustrativo de lo que digo. En el se reiteraron las ya monótonas acusaciones de un pacto oculto entre los grupos del PP y del BNG, como si los pactos entre los grupos municipales no fueran lo más deseable para el buen gobierno de un concejo. El sentido común, el bien del pueblo y la fidelidad que cada grupo debe a los ciudadanos que los eligieron exigen, no sólo un pacto entre estas dos fuerzas políticas citadas, sino entre todos los grupos municipales, independientemente de su ideología política. El buen gobierno y la búsqueda de soluciones para una buena gestión exigen la dedicación de todos los grupos a la consecución del bien común por encima de las consideraciones partidistas de cada grupo. Pero las experiencias que se trasmiten en los plenos están muy lejos de esta realidad, pues se ve como son capaces de pactar con el diablo antes de favorecer las propuestas del oponente político. Más bien al contrario, se dedican siempre a torpedear las actuaciones del adversario, sin importarles su contenido. Y esta acusación es válida para todos los grupos existentes hoy en el concejo de Ribadeo sin ninguna excepción. Se observa como, sin rubor alguno, se dedican a votar siempre en contra según de quien vengan las propuestas, sin valorar la materia objeto de discusión. Lo mismo que ocurría con aquel grupo de canónigos de cierta catedral que si la propuesta a discutir en el cabildo venía del obispo depositaban la bola negra sin más, sin considerar lo que pedía.

            Y así, no es de extrañar que, fruto de las mutuas acusaciones que se dirigen unos a otros en los plenos, salgan a la luz cosas tan extrañas y perseguibles por la justicia como la acusación del alcalde actual, Sr. Suárez Barcia, al Sr. Pérez Vacas, alcalde anterior de Ribadeo, de que había certificado y pagado una obra que no llegó a ejecutarse en O Cargadoiro. Una grave acusación, materia de la Fiscalía. Claro está que el alcalde actual no está exento de culpa por haber ocultado este hecho a la ciudadanía y no haberlo denunciado como una actuación delictiva a la justicia. Asuntos escabrosos y perseguibles, fruto del ventilador que con su actitud han puesto en marcha los ediles y que seguramente nos depararán mayores sorpresas.

            En resumen, que en vez de asistir a un concejo, compuesto por un grupo de concejales dedicado a trabajar en armonía por el buen gobierno de Ribadeo, nos encontramos con un grupo de personajes dedicados a los insultos, insidias, mentiras, zancadillas, injurias y acusaciones. Un clima político irrespirable que probablemente irá a más según se vayan aproximando las elecciones. Como diría un nombrado líder político: ¡Vaya tropa! José Mª Rodríguez


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