Viernes, 27 de noviembre de 2009

ADMINISTRACIONES LOCALES EN CRISIS

         Ante la profunda crisis económica por la que están pasando nuestros concejos surgen estos días distintos comentarios y opiniones, según la edad, ideología o intereses políticos de sus autores, sobre sus causas y su tratamiento. La opinión de quienes hemos conocido cómo eran las administraciones locales en otros tiempos pasados y las carencias y forma de vida de la sociedad de entonces no suele coincidir con la opinión de quienes la edad les impide tener referencias de otras etapas pasadas o de quienes sólo ven en la política el objetivo de sus intereses personales y la solución de su vida o de quienes, por una u otra razón, tienen alguna afinidad con los actuales colores políticos y están condicionados por ellos. Multiplicar por cinco el número de trabajadores en los concejos, como ha ocurrido en el breve espacio de tiempo transcurrido desde los años setenta hasta hoy, no parece estar justificado si tenemos en cuenta que ese desenfrenado aumento no se corresponde ni con el crecimiento de la población ni con el aumento de nuevas necesidades que no dejan de ser las mismas que antes. ¿A qué se debe, pues, tan espectacular aumento de personal en los concejos en tan poco tiempo, causa de la situación actual de insolvencia que sufren?

         Que las administraciones locales están a dos velas es una triste realidad, según nos cuentan los medios informativos. Después de un corto período tiempo de intenso y artificial crecimiento y mejora de los servicios y la creación de otros nuevos, lo que ha supuesto un enorme aumento de contratación de personal para atenderlos, los concejos se encuentran ahora con verdaderas dificultades para hacer frente a los gastos que tan elevado número de trabajadores supone. En el espacio de una sola generación, deslumbrados por la abundancia económica que se ha disfrutado en estos últimos años, empeñados cada uno de los sucesivos alcaldes, demasiado politizados, en superar al anterior en esa dinámica de crecimiento y consiguiente endeudamiento para ganar imagen y votos frente a sus rivales políticos, se han ido creando sucesivamente nuevos servicios, chiringuitos y talleres, muchos de ellos innecesarios, servicios que antes no existían, creyendo que esta situación de bonanza era eterna. Actuando con una temeridad manifiesta y un excesivo interés en mejorar su situación personal a costa de la política ignoraron la experiencia que los antiguos nos transmitieron, plasmada en aquel refrán que dice que al período de las vacas gordas siempre sigue el de las flacas. Dar ahora marcha atrás en los hábitos de despilfarro adquiridos resulta muy doloroso y difícil. Pero, sin duda, que va a ser inevitable.

         Se impone recuperar la sensatez y aceptar la realidad de la situación actual, abandonando esa frenética carrera de gastos y renunciando a ese mito de superar políticamente al anterior. Es necesario recuperar la vieja cultura del sacrificio, del esfuerzo y del ahorro. Volver a los antiguos moldes y formas por los que antes transcurría la vida municipal, para a hacer frente únicamente a las necesidades reales y primarias del concejo. El ritmo de gasto actual es insostenible. Es necesario ajustar la gestión a las posibilidades económicas reales, desmontando todos esos numerosos chiringuitos de lujo que se han ido montando para dar brillo a la gestión, cuando no para colocar a sus afines y amigos, y que renuncio a enumerar aquí pues están en la mente de todos. Chiringuitos que en muchos casos suponen una duplicación de servicios y siempre un lujo insostenible, propios de una sociedad de bienestar y derroche, que no se corresponde con nuestras posibilidades. Actuaciones dirigidas, a veces, a promover actitudes de apoyo a programas dirigidos a socavar nuestra cultura autóctona, como pasó hace días con el apoyo municipal a la celebración del Halloween en Ribadeo, algo tan anejo a nuestras tradiciones autóctonas y a nuestra cultura, sin hablar de esas programaciones seudo culturales que se ven a diario, más propias de una guardería infantil y en las que nuestros gobernantes gastan sin medida sus energías u nuestro dinero.

         Es hora de tomar un nuevo rumbo, más realista y austero. Es hora de volver por los antiguos fueros del sacrificio y la sensatez para no oprimir a los contribuyentes con más subidas de impuestos. Continuar en esta equivocada dirección no conduce más que al fracaso y a dejar como herencia a las futuras generaciones un concejo inviable y en bancarrota.- José Mª Rodríguez

 

 

 

 

 


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