S?bado, 05 de diciembre de 2009

SIMPLEMENTE CORU?A

          Coruña es un topónimo que está siendo vapuleado estos días por disputas tan estériles como inútiles, fruto de las pasiones políticas que todo lo utilizan para la consecución de sus fines. Ríos de tinta se han escrito y se seguirán escribiendo en el futuro sobre el tan discutido artículo que debe acompañar a este topónimo. Es difícil encontrar un elemento más simple y sencillo que suscitara tantas pasiones entre los que se dedican al mundo de la política de vía estrecha. Resulta sorprendente y hasta escandaloso que habiendo tantos apremiantes temas sociales y económicos esperando las aportaciones de los políticos, como la dependencia, el paro, el trabajo, la enseñanza, la corrupción y la seguridad entre otros, se entretengan discutiendo sobre el empleo del artículo “La” o “A” que debe acompañar a este topónimo, inclinándose por uno u otro, dependiendo del lado político en que se encuentren, olvidando los graves problemas reales que afectan a los ciudadanos. Sobre todo cuando, condicionados por sus pasiones políticas, se niegan a considerar la única solución racional y lógica que la filología y el sentido común aconsejan en este caso que es la de Coruña a secas.

            La derivación de ‘Coruña’ del étimo ‘Clunia’, con el significado de ‘inundado’, es un hecho aceptado por la mayoría de los autores que se ocupan de su origen, que a su vez la hacen derivar de la raíz preeuropea ‘*klu ‘inundar’. Un topónimo que descansa sobre el principio de evidencia semántica y motivación objetiva, pues según constata la historia, en ese espacio comprendido entre la ensenada de Riazor y el puerto, que hoy ocupa la capital, se formaba una corriente de agua, sobre todo en mareas vivas o cuando había temporal, separando la isla de tierra firme e inundando esa zona. De los datos históricos se deduce que la primitiva Coruña era una isla y la corriente entre los dos mares era continua, hasta que desapareció rindiendo tributo al acelerado proceso de urbanización de la zona. El Diccionario Geográfico Universal de Antonio Montpalau, del año 1783, dice que “se entraba en la Ciudad o Plaza principal por puentes levadizos”. Testimonios, sin duda, de la antigua configuración de esta ciudad. La analogía entre esta ‘Coruña’ y la antigua ‘Clunia de los Arévacos, hoy ‘Coruña del Conde’, en Burgos, denominada ‘Colúnia’ por Ptolomeo, es un argumento concluyente sobre su origen. ‘Clunia’ es, pues, la versión romanizada sincopada de ‘Colunia.

            La actual forma ‘Coruña’ aparece ya en los documentos más antiguos, como el Códice Calixtino, bajo la forma de ‘Crunia’, por la elisión de la vocal pretónica -o-: Crunia apud turrim de Faro” (año 1208) o Crunna en un documento de la Colección Diplomática del Archivo de la Catedral de Mondoñedo (año 1352) que contiene una carta del rey don Pedro Primero de Castela: “…et a Johan uesino de la Crunna…”  y lo mismo en varios documentos del Tumbo de Caaveiro, después de haber sufrido la normal alternancia evolutiva de -l- en -r-, ‘Clunia > Crunia’, igual que ‘ecclesia / iglesia’, y seguida después por la normal palatización de -ni- en -ñ-, llegando así a la forma ‘Cruña’, que sigue siendo aún la utilizada hoy por muchas personas y está presente, también, en canciones como ‘viva Lugo, viva Cruña, viva Ourense e Pontevedra’.   

            Pero el tema de discusión no está en el topónimo, sino en el artículo “La” o “A” que le antecede que, tanto tiros como troyanos, con una ignorancia lamentable de los criterios filológicos o lingüísticos, pretenden colocarle delante al nombre apoyados únicamente en criterios y objetivos políticos. Un artículo que no forma parte del nombre, como se acaba de ver en los textos citados aquí y se puede comprobar en otros textos medievales más antiguos, latinos y romances, en los que aparece bajo las forma de ‘Colunia’, ‘Corunia’, ‘Crunia’, ‘Crunna’, ‘Cruna’ o ‘Cruña’, con la elisión de la vocal átona ínter consonántica -o-. Es sólo a partir del siglo XIII cuando empieza a aparecer en algunos textos tardíos como ‘La Coruña’ o ya más tarde ‘A Coruña’. El uso, pues, del artículo, tanto en  gallego como en castellano, no tiene justificación alguna, por no formar parte del nombre, convirtiéndose así en redundante e incoherente. Y si el artículo no forma parte del nombre la guerra entre los políticos sobre la normalización de una y otra forma resulta absurda e inútil. 

            Si el artículo formase parte del topónimo, ¿qué pasaría al colocarle un epíteto delante del nombre? Si el artículo formase parte del nombre el epíteto tendría que ir colocado lógicamente antes del artículo y no entre el artículo y el nombre, resultando así expresiones tan ridículas como “la hermosa La Coruña”, en vez de “la hermosa Coruña” o “aquela A Coruña que tanto me namoraba”, en vez de “aquela Coruña que tanto me namoraba”. Y lo mismo ocurre cuando al nombre le preceden dos artículos, como “vou a A Coruña andando” en vez de “vou a Coruña andando” o “recuerdo la La Coruña que tanto me gustaba” en vez de “recuerdo la Coruña que tanto me gustaba”. En todo caso, de usarse algún artículo, debería ser el que corresponde a la lengua que se utilice en cada momento, pues no parece correcto decir o escribir, como se ve muchas veces obligados por el respeto a la forma oficial, “La Colegiata de A Coruña”, en vez de “La Colegiata de La Coruña” o “A praia de La Coruña” en vez de “A praia de A Coruña”.

            Y si el artículo no forma parte del nombre su comportamiento en los aspectos morfológicos, sintácticos y fonéticos ha de ser como el de cualquier artículo, con un funcionamiento independiente del nombre al que acompaña. Y si eso es así, debería ser, en todo caso, el de la lengua que se emplea y en minúscula en el lenguaje escrito. De tal forma que no resultaría correcto decir o escribir, por ejemplo, “El puerto de A Coruña” o “O peirao de La Coruña”, sino “El puerto de la Coruña” o “O peirao da Coruña”. Aunque la forma más acertada sería, sin duda, sin el artículo, como “El puerto de Coruña” o “O peirao de Coruña”.

            Por otra parte, la función del artículo es la de convertir al sustantivo común en propio para individualizarlo y distinguirlo de los demás; cuando decimos “la amiga viene mañana” el artículo está individualizando a una amiga determinada. Algo cuyo empleo no se justifica ni explica con un nombre propio que ya viene determinado por su propia naturaleza individual. Y si bien es cierto que existen nombre propios con artículo ello se debe a otras razones, como pueden ser las etimológicas, los falsos cortes, las pleonásticas, etc. Algo que no se da en el caso de ‘Coruña’.

            A la vista de todo lo anterior parece lógico exigir a nuestros políticos que elijan “Coruña” como forma oficial, sin artículo, sobre todo cuando sabemos que el artículo no forma parte etimológica del topónimo ni pretende individualizarlo de otro sustantivo común. Sin duda que esta sería la decisión más acertada y se habrían ahorrado esta eterna disputa entre los políticos y el desgaste de energías que ello supone, dedicando su tiempo y atención a otros temas más importantes y de candente actualidad que en estos momentos acosan gravemente a la sociedad.-José Mª Rodríguez

           


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