Viernes, 11 de diciembre de 2009

LA DECADENCIA DE RIBADEO

             Poco a poco y uno tras otro se van cumpliendo los aciagos pronósticos hechos en sucesivos escritos en este medio sobre el futuro de Ribadeo. En ellos se aludía a las consecuencias negativas que tenían las frecuentes actuaciones de diversos entes públicos ajenos a esta villa sobre las tradiciones y la vida de sus vecinos.

            Una de esas actuaciones, tantas veces mencionada en esos escritos, era la referida al mamotreto del ascensor, fruto de las incomprensibles actuaciones de Costas, de las fantasiosas frivolidades del ex alcalde Pérez Vacas y del pasotismo de la correspondiente Corporación Municipal más ocupada en las refriegas partidarias que en vigilar y promover el adecuado futuro del municipio. Una actuación de consecuencias desastrosas para la historia, el patrimonio y la economía de esta villa y que nadie se explica como pudo superar el visto bueno de Patrimonio y de la curia diocesana de Mondoñedo que permitieron tal expolio en el atrio de la capilla de la Atalaya.

            Y con la misma apatía y desidia con la que los gestores municipales renunciaron a la conservación de ese paisajístico e histórico rincón de Ribadeo, renunciaron también al uso y disfrute del puerto de Mirasol, permitiendo su total privatización en manos del ente público Portos de Galicia que, en su afán de sacar de él el máximo lucro económico posible, lo cerró para impedir el acceso del público a sus espacios. Una apropiación de la que ya advertíamos en la Comarca del Eo del 27 de junio de 2007: “La vida en Ribadeo – decíamos entonces – no volverá a ser como antes. La forma de vida de los vecinos de esta villa ha pasado a la historia. Desde sus orígenes en la oscuridad de los tiempos la existencia y la vida de los pobladores de esta villa estuvo marcada por sus puertos. Unos espacios que ahora le roban. De ellos emanaba su vida, por ellos entraban los alimentos y a través de ellos ejercían el comercio. A ellos acudía la gente para pasear y disfrutar de sus horas de ocio y lo que era un espacio público utilizado por el pueblo quedó convertido en privado utilizado sólo por el capital. Al perderlos ahora, Ribadeo pierde gran parte de su identidad y de su esencia”. Y pronosticábamos que, después del cierre de Mirasol, vendría el de Porcillán o Puerto Deportivo, como ya se le denomina ahora.

            Y, desgraciadamente, sin prisa pero sin pausa, los pronósticos se van cumpliendo uno tras otro. Portos de Galicia nos sorprende ahora de nuevo con su intención de peatonalizar la carretera del puerto de Porcillán. Una forma de ejercer su exclusivo dominio sobre ese espacio, que siempre fue público, y de ir poco a poco reduciendo su uso público para poder disponer a su antojo de su destino, que no será otro más que su explotación económica privada. Algo que no es nuevo en la forma de actuar de Portos de Galicia. Recuérdese, sino, el último relleno hecho en la ría, cuando afirmaba que no sería utilizado para levantar construcciones, algo que ahora desmienten los hechos. Una actuación más que consumaba así la traición del ex alcalde Pérez Vacas a su propio programa y al pueblo de Ribadeo.

            Menos mal que estas aspiraciones de Portos de peatonalizar Porcillán chocan, al menos por el momento, con el sentido común del alcalde que, al igual que hiciera con el macro edificio que Portos pretendía levantar en Mirasol, una vez más se opone a las pretensiones de Portos. Pero, ¿hasta cuándo?

            Y es así como, a pesar de su crecimiento poblacional y de gozar del privilegio de ser la capital de la comarca astur-galaica, la decadencia de Ribadeo se va convirtiendo poco a poco en una triste realidad. Perdió la Escuela de Náutica, la categoría pesquera y marítima de otros tiempos pasados, su Comandancia de Marina, sus industrias conserveras, el Partido Judicial, la empresa de transportes Empresa Ribadeo, el nivel sanitario adquirido en tiempos pasados con los dos hospitales privados y se dispone a perder ahora los dos puertos a los que debe su origen y está a punto de perder su enseña más emblemática, la Torre de los Moreno. Testimonios todos de una pasada época de esplendor fruto del esfuerzo, de la entrega, de la generosidad y del amor de nuestros antepasados por su pueblo. Y mientras asisten impasibles a esta decadencia nuestros gestores se pasan el tiempo jugando como los niños, entretenidos en difundir juegos y cultura infantiles, poner estatuas y bancos en los rincones de la villa, colocar ascensores inútiles y hacer inviables hermanamientos con pueblos lejanos y desconocidos. Hace falta un cambio de paradigma en la acción de gobierno para que Ribadeo recupere su antiguo rango de villa de referencia y el nivel que tuvo en tiempos pasados.- José Mª Rodríguez

           


Comentarios

Añadir un comentario