Viernes, 22 de enero de 2010

?AY, SI LAS RANAS VOTARAN!

          La elección popular de los dirigentes políticos es el pilar básico de la democracia. “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”, dice  nuestra Constitución en su Título Preliminar. Pero, ¿cómo emanan esos poderes, cómo ejerce el pueblo esa soberanía? Porque este es el quid de la cuestión. La respuesta a esta pregunta está en la misma Constitución que dice que la transferencia de los poderes del pueblo hacia unas personas concretas para que gobiernen en su nombre se efectúa por medio de las elecciones. Hasta aquí, impecable. Pero es aquí en donde este protocolo empieza a cojear y a contaminarse. Porque es ahí en donde entran en juego los manejos, las astucias y las sagacidades de la clase política, cada vez más refinada, astuta y amaestrada en las artes de la convicción y de la seducción, de la mentira y del engaño. Porque es a través de las elecciones, llamadas libres pero totalmente condicionadas por la apatía política de la masa social, donde la clase política se dedica a manipular a una sociedad silente, sumisa, pasiva e inmadura, políticamente menor de edad, en la que abundan los drogatas y los narcotizados, los ambiciosos y los fanáticos, los esclavos y los ignorante, los corruptos y los que viven de las ubres de los partidos y del Estado y que se deja adormecer por los demiurgos de la palabra fácil, que son los políticos, para arrancarle ese poder con el fin de utilizarlo en su provecho personal, cuyo fruto y exponente es la corrupción generalizada que padecemos. Es así cómo la actual clase política,  enferma de egocentrismo, autocracia y avaricia, manipula al pueblo a su gusto y antojo rechazando cualquier cambio en el sistema político actual y practicando cínicamente la mendicidad y el engaño descarado en las urnas para apropiarse de ese poder que es del pueblo y convertirse luego en su  verdugo para servirse de él en vez de servirlo.

            Esta es la razón por la que las decisiones y actuaciones de la clase política, tanto en el gobierno como en la oposición, están siempre dirigidas y condicionadas a este fin: a conseguir con ellas los votos de los ciudadanos, por el medio que sea y a costa de lo que sea, a fin de conservar o hacerse con el poder. Es así como la objetividad y la justicia, el servicio del pueblo, el cumplimiento del deber y las exigencias de los ciudadanos, es decir, las virtudes de una verdadera democracia, pasan a un segundo plano de interés, pues no constituyen una prioridad en sus decisiones. Es la mendicidad del voto por los medios que sea, el engaño, el soborno o la mentira, lo que condiciona sus programas y su gestión de gobierno. Todos los actos políticos o de gobierno se hacen siempre en función de su rentabilidad electoral, en detrimento muchas veces del servicio a los ciudadanos que queda relegado a un segundo lugar en su escala de prioridades. Sirvan de ejemplo de lo que digo, a escala nacional, las concesiones y los pactos de Zapatero a los partidos nacionalistas para sacar adelante el Presupuesto.           

           Y a nivel autonómico sirve de ejemplo la actitud del PSOE con relación a la nueva reforma de la Ley do Solo de Galicia. Mientras el gobierno del PP de la Xunta pretende consagrar en esta reforma la “barra libre” para los ayuntamientos dándoles más atribuciones en urbanismo, aun sabiendo que la avaricia de estos fue la responsable de los mayores atropellos cometidos en los últimos tiempos, el PSOE, renegando de sus propias tesis mantenidas en su mandato, condicionado ahora por los votos se dispone a apoyar esta Ley del PP para no disgustar a la mayoría de los concejos ahora en manos de sus afines. Y así con esta reforma pretenden encomendar a la sraposas el cuidado de las gallinas.                                                                                                                               

           Y el mismo ejercicio de la política en el ámbito local no se escapa a esta dinámica sino que responde a estos mismos intereses. ¿Por qué sino el PP de Ribadeo pedía, nada menos que en un pleno municipal, la adopción de medidas contra el canto nocturno de las dos ranas que habitaban en la fuente del parque de Sela de esta villa y  exigía su condena al silencio total, mientras, al contrario, se callaba ante las reiteradas protestas vecinales por el ruido procedente de la movida y los altavoces de los bares nocturnos de copas cuando gobernaba en Ribadeo? Simplemente porque las ranas no votan y los actores de la movida sí.

            ¿Por qué engañó el PSOE al pueblo de Ribadeo cuando se presentó a las elecciones con un programa electoral que su candidato, el Sr. Pérez Vacas, nunca llegó a cumplir defraudando así a los engañados votantes? Porque sabía que los crédulos votantes tenían tantas ganas de cambiar la forma de gobernar del PP que se dejarían embaucar fácilmente por el espejismo de las engañosas promesas del PSOE, soñando que convertiría sus sueños en la realidad que prometía.

            ¿Por qué, en estos tiempos de profunda crisis, el gobierno actual del BNG, contra lo que pide el sentido común y mientras las empresas privadas reducen sus plantillas y afinan sus gastos, insensible ante la crisis, sigue empeñado en continuar engordando al concejo incrementando la plantilla de trabajadores municipales con nuevas contrataciones innecesarias y descaradas con las que nos sorprende todos los días, empobreciendo así cada vez más a los ribadenses gravándolos con más y mayores impuestos como pretendía ahora con las tasas del cementerio? Porque cree que este es el mejor medio para promocionar su imagen con vistas a la próxima convocatoria electoral frente a los otros partidos aspirantes a la alcaldía, aun a costa de empobrecer a los vecinos dejando vacías las arcas municipales y endeudado al concejo.

            Y así, todos los partidos sin excepción, dando al pueblo la espalda, utilizan los ayuntamientos como instrumento para hacer política según las ideologías o los intereses de cada partido en vez de utilizarlos como instrumento para hacer gestión a favor de los ciudadanos.

            Tengo la sensación de que, tanto en el concejo de Ribadeo como en todo el Estado, se está llegando a una situación límite en el abuso y la utilización que se está haciendo de la paciencia de los ciudadanos. Se ha llegado a provocar una situación de tal utilización y alejamiento del pueblo de la vida política que el pueblo, el verdadero protagonista de esta situación, se ha convertido en el juguete de los políticos. Y Ribadeo lleva ya demasiado tiempo soportando esta difícil situación, embarcado en esta dinámica de abuso de poder y de despilfarro, en la que cada nuevo alcalde pretende superar al anterior, pues ante los votos, a los partidos les pasa como a los gatos que, por la noche, todos son pardos. 

            Estamos ante una calamitosa situación general, no exclusiva de Ribadeo, que afecta a todas las administraciones del Estado español. A quién ponga en duda estas apreciaciones le recomiendo, si no lo ha hecho ya, la lectura del artículo “La Voz de la Calle”, del Presidente de La Voz de Galicia, D. Santiago Rey-Fernández Latorre, aparecido en ese diario el día 30 de agosto de 2009 en el que clama por el renacimiento de una nueva sociedad civil. Un buen análisis de los problemas de la actual democracia española de la que, refiriéndose a Galicia, afirma que “hemos llegado a un tiempo donde el dinero solapa a la ética, donde la zancadilla cortoplacista prima sobre los grandes consensos a favor del bien general, donde los intereses partidistas o personales se anteponen a los de Galicia”.-José Mª Rodríguez


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