Viernes, 19 de febrero de 2010

EL SUCIO JUEGO POL?TICO

            Sin que merezca ser nominado aspirante a un premio por la conservación del patrimonio artístico y arqueológico local, al alcalde de Ribadeo, Fernando Suárez, no se le conoce que haya cometido directamente atropellos contra el patrimonio histórico local dignos de especial mención, salvo algunas actuaciones que cabe calificar más bien de exentas de buen gusto, como las fuentes de la plazuela Álvarez Miranda o la misma fuente decorativa del parque. Se le puede imputar, eso sí, la responsabilidad histórica que le cabe por haber apoyado y aún formando parte en el mandato anterior de un gobierno, presidido por el Sr. Pérez Vacas, que pasará a la historia como el mayor detractor de los valores históricos del patrimonio de Ribadeo. Pero eso no ha impedido que el ex alcalde, el Sr. Pérez Vacas, proclamándose ahora defensor y mecenas de un patrimonio local que antes como alcalde no supo respetar, se cebe ahora con él acusándolo de ser el responsable del derrumbe de un muro, reliquia de la antigua muralla de Ribadeo, según la acusación, en la bajada a la histórica playa de Cabanela. Y aunque en una verdadera democracia la críticas de la oposición a las actuaciones del gobierno son un elemento esencial de control democrático, en el caso que nos ocupa no parece que tengan sentido, más que como un sucio juego político, viniendo de quien no dudó en cometer los mayores atropellos de los últimos tiempos contra el patrimonio histórico de Ribadeo.  Pues, ¿cabe mayor atropello contra el patrimonio de esta villa que el que se perpetró durante el mandato del Sr. Pérez Vacas con muchas de sus actuaciones, como las obras permitidas en la calle de la Muralla que permitieron alterar los restos históricos de la antigua muralla que allí se conserva? ¿Cabe mayor atentado contra el tradicional patrimonio de Ribadeo que el cometido por el Sr. Pérez Vacas con su nefasto proyecto del ascensor de la Atalaya que, ignorando las condiciones impuestas por Patrimonio, destruyó la identidad y el aspecto tradicional de este bello e histórico rincón de la villa? ¿O qué privilegios tuvo el edificio situado frente a la capilla de la Atalaya que se reconstruyó conculcando las normas que rigen para la conservación del casco histórico de Ribadeo, sin el mínimo respeto a su antigua fisonomía, mientras a otros edificios se les aplicaron las normas con suma dureza? ¿Cabe mayor atropello que el que hizo este ex alcalde, con la anuencia cómplice de Patrimonio, situando un falso y ridículo castro en el centro de la villa para confusión de los turistas?

            También es noticia estos días el reconocimiento judicial del derecho del Sr. Pérez Vacas a no verse desprovisto de los dos meses de sueldo en su etapa de alcalde, 13.581 euros, con los que le había castigado el pueblo, representado en el Pleno municipal, por su ociosidad en la gestión. Chocante reclamación esta de quien había prometido seguir trabajando gratis en el concejo, pero que luego, una vez perdidas las elecciones, reclamó sus dineros al pueblo. Lamentamos que este ex alcalde tenga que pasar por estos apuros económicos después de un reconocido trabajo y esfuerzo en su gestión al frente de la alcaldía. En contra de lo que cree el pueblo que, representado por el Pleno, le inflingió tamaño castigo, este alcalde, en el tiempo que le dejaban libre sus muchos viajes, se dedicaba con gran esfuerzo y trabajo a la gestión del concejo. Prueba de ello son las innumerables obras que dejó como testimonio de su trabajo en su paso por la alcaldía. No se puede tener a nadie trabajando sin su correspondiente salario, sobre todo a personas tan eficaces y diligentes como este ex alcalde que tuvo tanto celo en la gestión que, ya antes de ser elegido por el pueblo para ocupar la primera magistratura local, ya tenía pactado con los Molineros las condiciones del acuerdo que posteriormente ejecutó, referido al famoso edificio situado entre las calles Rosalía de Castro y Calvo Sotelo. Eso, sí se llama diligencia. Esas y otras actuaciones que no salen a la luz son el resultado del trabajo, de la eficacia, de la diligencia y del esfuerzo de este gran ex alcalde a quien el pueblo, engañado por la oposición, pretendió castigar por su vagancia. Pero, por suerte para Ribadeo, su gesto altruista no se vio recompensado por los votos del pueblo. Al contrario de lo que hizo su teniente de alcalde de entonces, el Sr. Suárez Barcia, que al verse sin sueldo se incorporó de inmediato a su trabajo anterior, el Sr. Pérez Vacas, movido por su gran amor a los ribadenses, prefirió seguir con su dedicación exclusiva “trabajando” en el concejo antes que incorporarse a su puesto anterior. Las sentencias, como sabemos, no expresan otra cosa más que el criterio legal de los asuntos que se someten a la justicia. Otra cosa son los juicios morales que estos hechos se merecen. Y esos juicios ya se los hizo patentes el pueblo de Ribadeo.

            ¿Y qué decir de los progres iconoclastas que se dedican a destruir todo el pasado histórico de la época franquista a base de eliminar todos los símbolos que lo recuerdan  tratando así de ocultar ese largo período histórico a las futuras generaciones como si nunca existiera? Cuando Vds. lean este comentario el hermoso escudo “preconstitucional” que adornaba la fachada del edificio de Aduanas ya habrá sido  hecho añicos a golpes de martillo. Habrá sido destruido por los cinceles de los modernos talibanes que, a imagen de los de Afganistán que eliminaron las estatuas de Buda, pretenden borrar todas las huellas de nuestro pasado histórico. Una lamentable decisión que, como un destructivo vendaval, pretende borrar de la geografía española todo lo que de artístico e histórico nos dejó ese oscuro período en el que muchas generaciones, a pesar de vivir con una mermada libertad, lo hicieron en paz, en orden y en progreso durante cuarenta años. Al fin, lo que hoy llaman democracia en España no lo es tal. Porque votar cada cuatro años no es democracia. Es necesario tener hábitos y conciencia democrática. Tanto la gente como la clase política siguen con los mismos hábitos y criterios de siempre, arrastrados del período franquista anterior. Antes gobernaban ellos, ahora gobiernan estos, sin que nada cambiara a mejor. ¿Por qué no se arbitró un museo para recoger todas estas reliquias artísticas e históricas de ese período? El Valle de los Caídos hubiera sido un lugar idóneo para este fin.

 

           

           


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