Viernes, 26 de febrero de 2010

LA GESTI?N DEL CONCEJO DE RIBADEO ANTE LA CRISIS

            No voy a hablar de la crisis. De ella se ocupan a diario los columnistas en la prensa y la soportan y padecen a diario los españoles en su bolsillo, salvo los ricos y los políticos. Es un hecho que está ahí y que todos sufrimos sin pararnos a hacer elucubraciones sobre sus causas.

            Me voy a parar, más bien, a analizar el comportamiento irresponsable de aquellos a quienes se les ha encomendado la administración del dinero que pagamos con nuestros impuestos. Y sobre todo, a analizar el itinerario que siguieron en los últimos años las administraciones locales, que son las que más nos afectan por su inmediatez y cercanía. Y me voy a referir más en concreto a la equivocada gestión que practicaron los administradores del ayuntamiento de Ribadeo en los últimos años.

            Para ello voy tomar como referencia, aunque sólo sea de forma genérica, a los tres últimos grupos que nos gobernaron y de los que tenemos más reciente recuerdo. Concretamente, de los gobiernos de los últimos quince años, empezando por el mandato del PP, conducido por el Sr. Rodríguez Andina. De los alcaldes anteriores a este no voy a ocuparme, pues se trataba, sin duda, de unos alcaldes que, con los pocos medios económicos de entonces, con una plantilla municipal mucho más reducida y, sobre todo, con un alto respeto hacia los recursos municipales aportados por los vecinos, supieron conducir la gestión municipal con igual o mayor eficacia que todos sus sucesores. Alcaldes que, con más o menos errores y aciertos, supieron gobernar el concejo con ejemplaridad y rigor, sin interés personal económico y sin despilfarro, respetando las arcas municipales y a los vecinos, que viene a ser lo mismo.

            No puedo por menos de alabar y ensalzar el trabajo y esfuerzo en la gestión municipal desarrollada durante el primer mandato del PP, hace ya 15 años, a pesar de no gobernar con dedicación exclusiva y por lo tanto sin remuneración económica. Trabajo y esfuerzo del que son testimonio las muchas infraestructuras y dotaciones que aportó al concejo y que hoy disfrutan los ribadenses. Lo que demuestra que un concejo como este se puede gobernar con eficacia aunque el alcalde no goce de dedicación exclusiva, tal como hicieron todos los alcaldes anteriores a este mandato del PP. Pero la ambición rompe el saco. Y fue así como en el segundo mandato del PP, a imitación de lo que ya se empezaba a hacer en otros concejos por España adelante, el alcalde, con mayoría en el pleno, se dotó de una dedicación exclusiva y, por lo tanto, de un sustancioso salario pagado por los vecinos. Una decisión que, para más inri, se vio ensombrecida por el desempeño de un cargo en la Diputación, con la consiguiente ausencia de su puesto de trabajo y merma de dedicación al concejo del que percibía sus honorarios y, por lo tanto, con menor rendimiento en la gestión. Eso sí, para contar con una sólida base de apoyo, no dudó en aumentar la plantilla del concejo ni en equiparar el salario de los trabajadores municipales con los que disfrutaban los funcionarios de la capital de la provincia, dotándolos de otras ventajas y liberándolos al mismo tiempo de la carga que suponían ciertos negociados, como la gestión del agua y la recaudación de la contribución, que fueron privatizadas. Y fue así como en este mandato el concejo quedó condicionado y lastrado para el futuro y la deuda municipal alcanzó alarmantes proporciones de las que tardará en liberarse y a las que el pueblo tendrá que hacer frente.

            Pero esto no fue más que el comienzo de un nuevo talante de gobernar que tuvo una brillante y acentuada continuación en el siguiente mandato, el correspondiente al del PSOE, presidido por el Sr. Pérez Vacas. Un desastroso mandato del que no quedan otros recuerdos dignos de mención, más que las estatuas de los cocos y de Ibáñez, el ascensor de la Atalaya, el castro del parque y la fuente ornamental frente al Parador. El ya olvidado hermanamiento con Loctudy, el inútil espacio que une el Cantón con el parque o el fracasado intento de la construcción de nuevas urbanizaciones desde El Costal hasta A Devesa no son más malos recuerdos y pesadillas de los fracasos de su inconcebible gestión. Lo relevante de este mandato fue el colosal aumento de los gastos del concejo que coronaba y superaba el edificio empezado por el PP. El famoso convenio de los funcionarios significó un enorme golpe para las arcas municipales y una fuente de agravios comparativos para los mismos trabajadores. Los números rojos de la hacienda municipal, hostigada por los exagerados costos de los salarios y las dedicaciones exclusivas del alcalde y del teniente de alcalde y por los constantes viajes del alcalde acompañado de su séquito por Europa adelante, continuaron hundiendo las arcas municipales precipitándolas hacia la quiebra.

            Luego, el acceso al poder municipal de los chicos del BNG disipó bien pronto la tenue esperanza de cambio en la administración de los recursos puesta por algunos en su gestión. Una gestión muy discutida, alabada por unos y criticada por los más, que no hizo más que continuar con la ruta de despilfarro trazada por sus antecesores. Ignorando la grave crisis por la que están pasando los vecinos, su trayectoria de gasto sigue imparable incrementando cada vez más, si cabe, la deuda municipal. Cautivados por el ansia de promover el culto a la propia imagen, dedican su gestión a deslumbrar a los vecinos con multiplicidad de actividades y talleres, duplicando, innecesariamente a veces, los servicios que son propios de otras administraciones, con el consiguiente aumento del gasto económico para el concejo e insensibles ante la crisis que padecen los ciudadanos que están reclamando una necesaria bajada en los gastos corrientes y en los sueldos de los funcionarios así como en la reducción de la plantilla municipal, que se traduzcan en menos impuestos, suprimiendo actuaciones que ni son necesarias ni prioritarias para la vida diaria de los vecinos. Sirva de muestra de lo que digo la última programación de actividades a realizar por las parroquias del concejo, que incluye talleres de inteligencia emocional, risoterapia y prevención de la depresión. Cosas que ni son prioritarias ni son incumbencia del concejo sino del Servicio Sanitario del Sergas que es el que debe ocuparse de la curación de esas enfermedades. Pero no deja de llamar la atención el hecho de que sea el mismo concejo el que, por una parte, ocasione la depresión de la gente con sus exagerados impuestos y, por otra, tenga que dedicarse después a curarla. Lo decepcionante de la actitud del BNG ante la crisis es que actúa como si no existiera, ignorando que, según los criterios bíblicos, los ciclos económicos en los que las siete vacas flacas se comen a las siete vacas gordas tienen una duración de siete años, por lo que aún nos quedan unos cuatro años de vacas flacas. Por desgracia nuestros modernos gobernantes no tuvieron la sabiduría del mayordomo del Faraón que guardó los excedentes de los siete años de abundancia para sobrevivir durante los siete de años de hambruna.

            La conclusión que se saca del análisis de los últimos mandatos que padecieron los ribadenses es que a estos profesionales de la política, que se ocuparon y ocupan de gobernar el concejo, sólo les interesa su promoción personal y les trae al pairo la realidad social de los vecinos a quienes gobiernan. Dedicados a enaltecer su propia imagen con fines electorales convirtieron el concejo en una ONG dedicada a gestiones más propias de otros entes, para lo que no dudaron en aumentar la plantilla pasando de 30 a 150 empleados en pocos años. ¿A dónde piensan llegar con este ritmo de crecimiento? Como el resto de la clase política su meta es el poder y con el poder el dinero. El concejo está hoy en números rojos muy elevados y todos sabemos que una casa con las cuentas en números rojos es una hacienda mal administrada. Una realidad que los vecinos no deberían olvidar porque se trata de su propia casa.- José Mª Rodríguez  


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