S?bado, 06 de marzo de 2010

ASTURIAS SE ENFRENTA A RIBADEO

            Una vez más, ahora con el puerto de Ribadeo como tema de fondo, la animadversión sustentada por ciertos personajes y grupos políticos asturianos contra Ribadeo en estos últimos tiempos está contribuyendo a crear una atmósfera de alejamiento y de ruptura de la convivencia entre estos dos pueblos que hasta ahora habían sabido convivir en paz y armonía desde la presencia de los suevos en la Gallecia. ¿Es, acaso, uno de los frutos de la actual división territorial del Estado?

            Fue primero la postura cerril y obstinada de un grupo de fanáticos, apoyados por sus actuales políticos que, contra todas las evidencias históricas y normativas, se empeñan en distorsionar la realidad del auténtico nombre de la Ría de Ribadeo. Y toda esta campaña, sostenida contra la denominación oficial del nombre de la ría, se está haciendo ante el pasotismo de los gobernantes gallegos, tanto los de Ribadeo como los de la Xunta, que no sólo no se preocupan de exigir el cumplimiento de la normativa oficial sobre este topónimo, sino que, lo que aún es peor, son ellos mismos los que a veces las conculcan.

            Y dando un paso más en su animosidad contra la villa de Ribadeo, el mismo  alcalde de Castropol, aprovechando los problemas surgidos con el mercado de Ribadeo y celoso del protagonismo de esta villa en la comarca,  no desaprovechó la ocasión de intentar crear en Castropol otro mercado paralelo y coincidente con el de Ribadeo, para intentar contrarrestar el peso que esta villa tiene en esta comarca galaico asturiana.

            Y ahora, casi sin solución de continuidad, es el propio gobierno asturiano, acompañado de algunos de los alcaldes del occidente de Asturias los que se empeñan en desviar del puerto de Ribadeo la actividad que la empresa ENCE, desde su creación, viene desarrollando en este puerto. ¿Son los complejos de inferioridad o las envidias que suscita el protagonismo de Ribadeo los responsables de esta actitud?

            Sin tratar de justificar las pésimas formas de negociar las descargas de la celulosa de ENCE en el puerto de Ribadeo, ni la dilación en hacerlo por parte del ente Portos de Galicia, que en ninguna de las dos estuvo acertado, creo que las decisiones futuras que la empresa ENCE habrá de tomar dependen más bien de las leyes del mercado que de las conveniencias particulares de los gobiernos o de ciertos grupos de personas. El propio alcalde de Navia ignora que, frente a los intereses económicos de una empresa, no existen los “convenios cerrados” que él invoca. La ley del mercado es inexorable. Es por eso que, en mi opinión, ENCE seguirá dependiendo del puerto de Ribadeo y lo seguirá utilizando para dar salida a la mayor parte de su producción, con las adaptaciones necesarias para poder hacerlo. Porque renunciar a esta alternativa, tan próxima al centro de producción y, sin duda, la más natural y apropiada desde Gijón a Ferrol, no sería de gestores sensatos.

            Y por si las razones económicas no fueran suficientes para fijar las decisiones de la empresa, ahí están las de carácter laboral que demandan la permanencia de las descargas en el puerto de Ribadeo.                                                                                        

            Pero, sorprendentemente, entre los pros y contras que hoy se barajan a favor y en contra del puerto de Ribadeo en los muchos comentarios que tratan este tema nadie se ocupa de los efectos que las futuras alteraciones y adaptaciones del puerto de Ribadeo para los usos de ENCE puedan producir sobre la ría. ¿Se verá negativamente afectada por las posibles reformas o adaptaciones de los muelles de embarque? ¿Se tendrán en cuenta las consecuencias que unos fuertes dragados puedan producir en sus aguas?  

            No deja de extrañar, eso sí, el hecho de que el ente Portos de Galicia esté dispuesto a ofertar a ENCE una importante rebaja de las tasas por la utilización de sus instalaciones. La primera lectura que este hecho nos sugiere es que Portos de Galicia se estuvo forrando con las ganancias derivadas del uso del puerto, mientras que el pueblo de Ribadeo, que perdió el uso y disfrute de estos espacios, no percibe beneficio alguno de tales ganancias.

           

 

 


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