Viernes, 09 de abril de 2010

LOS PEREGRINOS CAMINAN A COMPOSTELA

            No es mi intención hacer hoy aquí un juicio de valor sobre el sentido y el significado actual de las peregrinaciones a la tumba del Apóstol Santiago en Compostela. Un fenómeno impulsado por la profunda fe religiosa europea de la Edad Media, independientemente de que su origen fuera priscilianista o apostólico, pero en el que hoy predominan otros valores, como pueden ser una nueva modalidad de hacer turismo para cubrir las necesidades de ocio o la búsqueda de nuevas experiencias vitales o la obediencia masificada a los mensajes publicitarios. Sean cuales fueren las razones que  mueven a los modernos peregrinos a ponerse en camino hacia Compostela, es un hecho que su presencia sigue estando ahí y que su número aumenta en los últimos años.

            El comportamiento de la sociedad con los peregrinos dista mucho de ser el mismo hoy de lo que fue en aquellos tiempos pasados de la Edad Media. Sin descartar las actuaciones públicas del Estado y de la Iglesia, que dedicaron grandes esfuerzos para dotar al Camino de Santiago de Hospitales y Albergues para acogerles, cuidarles y facilitarles así el viaje, eran sobre todo los sentimientos religiosos del pueblo, movido por aquella virtud cristiana de “Dar posada al peregrino”, una de las siete obras corporales de misericordia, como nos enseñaba el catecismo del P. Astete que aprendimos de niños, lo que movía a la sociedad de entonces a prestar ayuda desinteresada y caritativa a los peregrinos por su condición de penitentes.

            Pero con el devenir de los tiempos que todo lo cambia y la concepción materialista de la vida que se fue imponiendo en la sociedad a partir del siglo XVIII, el sentido de los religioso se fue desvaneciendo y con el la práctica de las virtudes cristianas, sobre todo en estos tiempos recientes. Por eso, para sustituir esa carencia, las actuales administraciones públicas, civiles y eclesiásticas, que supieron descubrir en este nuevo fenómeno de masas, fomentado por el papa Juan Pablo II en los años ochenta con su pastoral sobre el sentido del peregrinaje, una gran fuente de ingresos económicos capaces de sanear los presupuestos económicos gallegos, tanto civiles como eclesiásticos, no dudaron en suplir el abandono de la práctica de aquella obra de misericordia con nuevos procedimientos y recursos para atender y aun potenciar esta nueva versión del peregrinaje a Compostela.

            Por eso, para hacer frente a esta necesidad, el concejo de Ribadeo acaba de acogerse a una subvención de la Xunta, destinada a la contratación de un experto que se encargue de buscar, formar y coordinar a un grupo de voluntarios para que se dediquen a atender e informar a los peregrinos que pasen por nuestro concejo sobre las diversas alternativas que tienen para pernoctar y orientarles sobre otras necesidades. El salario fijado para el responsable elegido será de 5.000 euros durante los meses dure el servicio que ha de prestar, y los voluntarios percibirán un salario diario de 12 euros. Y así, un servicio que antes se resolvía con la práctica de una simple obra de misericordia, hoy ha de hacerse con cargo a las arcas públicas. De la necesidad de mejorar los actuales servicios y atenciones que necesitan no cabe duda alguna, pues yo mismo, que vivo a veinte metros del albergue de Ribadeo, estoy siendo diariamente requerido por los peregrinos que llegan hasta aquí y se encuentran con el establecimiento cerrado y el teléfono fuera de uso o desatendido y sin nadie a quien recurrir. Es entonces cuando llaman a la puerta de mi domicilio para pedirme usar mi teléfono o demandar otros servicios como utensilios de cocina, sal, aceite, limones o jabón y otras informaciones. Y hasta aquí la actuación del concejo parece impecable, sino fuera por las consecuencias que se suelen derivar de ella.

            Nos encontramos, pues, una vez más, frente a una nueva contratación por parte del concejo que, como siempre acontece, suele caer en manos de un amigo o simpatizante político o personal. Y una vez acabado el contrato, probablemente se convocará una nueva plaza de funcionario a cubrir en el concejo, con las bases de la convocatoria debidamente adaptadas al candidato previamente elegido, como casi siempre sucedió en anteriores casos. De esta forma el experto cesado podrá afianzar su futuro pasando a engrosar las listas de las exageradas nóminas del concejo con cargo al presupuesto municipal. No es esta una simple teoría de una mente calenturienta sino la opinión de quien ha visto ya muchos casos anteriores que se resolvieron siguiendo esta misma pauta y que hizo que nuestro concejo pasara de 30 a 150 empleados en poco tiempo y, como vemos, sigue dispuesto a continuar en esta línea ascendente. Este caso se convierte así en uno más de todos aquellos realizados por alcaldes que, desde hace ya más de quince años, utilizaron al concejo como si fuera su quinta de recreo privada para colocar a sus amigos de turno, sin pensar en las consecuencias que estas actuaciones van a tener para la economía del concejo. Y esta línea ascendente de gasto no tendrá fin hasta que un nuevo sistema electoral y una nueva ley de administración local le ponga remedio.- José Mª Rodríguez


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