Viernes, 30 de abril de 2010

RIBADEO, UN CONCEJO ENFERMO DE OBESIDAD

            Según las noticias aparecidas estos días en los medios parece que se pone en marcha una de las promesas electorales del PP en las pasadas elecciones autonómicas gallegas: El adelgazamiento de la Administración Pública. Por vez primera, la Xunta rompe con la secular tendencia de los partidos políticos a engordar las administraciones públicas. Porque eso fue a lo que se dedicaron todos los partidos que tocaron poder, incluido el PP del gobierno anterior, lo que trajo como consecuencia el constante aumento de “chiringuitos” y de enchufados, sin pensar en las consecuencias. Pero ahora vino la crisis. Una crisis difícil de remontar para un pueblo, que tiene que sostener a 17 gobiernos de lujosa obesidad. 
           
            Pero con esta valiente decisión parece que el actual gobierno del PP en la Xunta, que encabeza el Sr. Núñez Feijoo, opta por la reducción de los gastos en vez de subir los impuestos, como hacen los pseudos progresistas zapateriles, y se dispone a dar un ejemplo de austeridad, continuando así las medidas puestas en marcha al comienzo de la legislatura en la que redujo el número de consellerías y de altos cargos. El tiempo nos dirá si se trata de un simple maquillaje de cara a la galería o estamos ante una auténtica racionalización del sistema. Porque, a veces, la estrategia de los políticos se reduce a cambiar todo para que todo siga igual; y tengo la impresión de es en lo que estamos.

            Se trata de racionalizar y modernizar la administración en orden a una mayor eficacia y menor gasto, evitando las consabidas duplicidades a que condujo el Estado de las Autonomías y el nepotismo de políticos sin escrúpulos que se dedicaron a utilizar el dinero del pueblo trabajador para sus fines políticos. Se trata de acabar con los famosos “chiringuitos”, tan criticados por unos y otros desde la oposición pero que siempre se repiten cuando tocan poder, para poner a sus amigos a hacer clientelismo político y a retozar a la sombra de fundaciones, sociedades y consorcios creados ad hoc. Una verdadera administración paralela, de más de 60 organismos, que el actual gobierno del PP se dispone a reconvertir, sometiendo el organigrama administrativo a un fuerte y necesario régimen de adelgazamiento, disolviendo o integrando en otros de similares características y finalidades a unos 46 entes y refundiendo otros varios.

            He ahí un ejemplo a imitar por las administraciones locales, de la que Ribadeo en concreto, debería tomar buen ejemplo. Han sido ya muchas y reiteradas las ocasiones en las que me he referido a la necesidad de romper definitivamente con esta permanente dinámica de aumentar la plantilla de trabajadores municipales. Un objetivo en el que cada administración local pretende superar a las anteriores, como si de una competición deportiva se tratase. Y así, nos encontramos con que hay muchos servicios duplicados y mal aprovechados, que se crearon como “chiringuitos” para los amigos, y sobran otros muchos que no responden a las necesidades esenciales que debe prestar un concejo, sobre todo en tiempos de crisis. Porque una administración lógica y racional debe estar gestionada, sobre todo en estos tiempos que corren, con criterios de absoluta austeridad. Y la austeridad supone apretarse el cinturón y renunciar a actividades superfluas e innecesarias, y que implican, además de un gasto inútil, un importante lastre para la gestión y para la dedicación a otras cosas más necesarias e inexcusables, como pueden ser las medioambientales, que en el caso de un concejo turístico como el de Ribadeo son una gran demanda, o los servicios de primera necesidad que se deben prestar, como es la limpieza de espacios, habilitación de aparcamientos, organización del tráfico, reparación de desperfectos en carreteras, caminos y enseres públicos como es el caso del reloj solar del Cargadoiro, cuidado de los jardines, recuperación de las fuentes del parque, atención a la tercera edad y demás servicios necesarios para los vecinos. Y si queremos ir más lejos, y dado que estamos en un concejo turístico, soterrar la conducción eléctrica de la carretera del faro,  reclamar la continuidad de la recuperación del castro de As Grobas y todo lo que contribuya a la recuperación de los valores turísticos.

            Porque, ¿cuál ha de ser la función de la administración local? ¿Extender al ámbito del concejo las funciones educativas y de ocio, propias de la escuela primaria y de la que es responsable el Ministerio de Cultura? ¿O suplir la actividad de la Sociedad Filarmónica de Ribadeo, programando festivales dramáticos, musicales y culturales? ¿Suplantar, acaso, la función de las guarderías, dedicándose a impartir sesiones de juegos infantiles o de risoterapia y otras lindeces más propias de esas instituciones o de las escuelas de primaria? ¿O no es duplicar funciones que corresponden a otros organismos, como Sanidad o INEM, dedicarse a impartir cursos de gimnasia o de masaje o sostener agencias de colocación? ¿Qué espacio se deja a la iniciativa privada para dedicarse a la oferta de estos y otros servicios, como es el caso de las escuelas deportivas? ¿Cuál es, en definitiva, la verdadera función de una administración local? Porque esta es la cuestión.

            La función de la administración local no parece ser otra más que la de ofertar a la comunidad los servicios necesarios e imprescindibles para cumplir un cometido que los particulares no pueden por si solos desempeñar. Su objetivo debe ser gestionar los asuntos públicos necesarios e indispensables, con el menor coste posible, que deberán quedar blindados y sujetos a una dedicación más intensa. En una palabra, retornar al modelo de tiempos pasados en los que la labor del concejo se reducía a lo imprescindible, dejando lo demás a la iniciativa privada y a las administraciones superiores. Eso le daría al concejo una importante capacidad económica para poder afrontar mejoras más sustanciales para la comunidad vecinal, como, por poner dos ejemplos, enfrentarse a la construcción de un geriátrico o habilitar un aparcamiento municipal. Pero, al contrario, el concejo de Ribadeo abandonando responsabilidades que le son propias, como la gestión del servicio del agua o el cobro de la contribución, pasó a dedicarse a actividades ajenas, como son todas esas con las que inunda todos los días la prensa.  Por eso, el borrador de la RPT, elaborado por la USC para Ribadeo, no puede servir de modelo para una estructura municipal moderna y eficaz por carecer de la moderación y de la sobriedad que requiere una administración más austera y eficaz y menos hortera.- José Mª Rodríguez

           

           


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