Viernes, 04 de junio de 2010

UN MUSEO PARA RIBADEO

           En el año 1809 el fuerte de San Damián, con tan solo 65 años de vida, fue totalmente destruido por las tropas del general Woster que, ayudado por la chusma que seguidamente daría muerte a D. Antonio Raimundo Ibáñez, volaron el polvorín, quedando sus ruinas convertidas desde entonces en espacios dedicados al cultivo de productos de huerta, que así es como las personas mayores lo recordamos, hasta que a finales del siglo XX fue recuperado para convertirlo en museo y sala de exposiciones. Un museo destinado a acoger a todos esos exponentes de la historia pasada de Ribadeo y de sus personajes, que hoy descansan olvidados en los salones y trasteros de muchas casas de la villa, sin hablar de tantas pinturas donadas por sus autores que duermen depositadas en el concejo o aquellas otras colecciones de pintores ribadenses que están esperando un lugar para poder donarlas al concejo y exponerlas a la contemplación de la gente. Pero ese proyecto se quedó sólo en eso.

            Pensar en un Ribadeo, como una villa turística, con pretensiones de ciudad en que algunos se empeñan en convertirla, y no disponer siquiera de un pequeño museo para recoger su historia y su arte y poder descubrirla a la gente que la visita es, cuando menos, expresión de un doloroso abandono por parte de los regidores que la gobernaron. Alcaldes que prefirieron invertir el presupuesto municipal en gastos de personal y cultura barata para dar brillo a su gestión, en vez de ahorrar dinero para solucionar las carencias que Ribadeo padece, como es, entre otras, un museo. Creemos que esta es una de tantas actuaciones urgentes que apremian a los alcaldes, actuales y futuros. Y, quizás, a falta de otro espacio más apropiado por su cercanía y seguridad, como pudo haber sido el edificio de la Aduana Vieja, se podría pensar en retomar ese antiguo proyecto y habilitar el fuerte de San Damián para este fin.

            Fue noticia hace días la petición presentada por el Club de submarinismo Illa Pancha, y recogida con gran acierto por el alcalde, para recuperar los valores etnográficos que permanecen sumergidos en los arenales de la Ría de Ribadeo, como barcos y lanchas hundidas, anclas, ánforas y vasijas, platos y otros objetos, como cañones; todo un tesoro de testimonios históricos, expuesto a graves expoliaciones, como de hecho ha pasado no hace aún muchos años, cuando se expoliaron gran cantidad de objetos de cerámica que hoy adornan ciertos establecimientos privados en la zona asturiana. Son los restos de los barcos hundidos en distintas épocas de la historia pasada que, por diversas razones, acabaron en el fondo de la Ría de Ribadeo.

            Es laudable, y mucho, la actitud del alcalde actual de trasladar a la Dirección Xeral de Patrimonio la petición de un plan para rescatar, exponer y conservar estos testimonios históricos subacuáticos, bajo la supervisión de personal técnico. Esperemos que la respuesta de Cultura sea favorable a las pretensiones del alcalde. Pero la misión del alcalde no debe estar limitada a esta actuación, sino que debe luchar por la creación de un museo. Las cosas no se consiguen con sólo hacer las gestiones. Hay que luchar con denuedo y constancia por ellas. Que no se repita el caso del castro de As Grobas que, después de un intento de recuperación, permanece ahí olvidado sin que nadie se preocupe de insistir en la continuidad de la actuación iniciada hace ya muchos meses y hoy reducida al olvido.

            Y se me dirá que no hay dinero para afrontar necesidades tales como dotar a Ribadeo de un museo, de un geriátrico, de un aparcamiento y de otras cosas de vital importancia. Y es cierto. No lo hay ni lo habrá mientras no se cambie el sistema administrativo actual. Porque si ya era difícil hacer frente a los pocos impuestos en aquellos ya lejanos tiempos en que España tenía un solo gobierno, qué no será ahora que tenemos que soportar el sostenimiento de 18 gobiernos con sus embajadas y toda su parafernalia de coches oficiales, asesores, etc., 18 parlamentos, 51 entes provinciales y más de 8.115 concejos con sus sueldos de ensueño, sin hablar del senado o de los sindicatos verticales. Todo un conglomerado de entes de lujo, cuya producción es cero y en los que se refugia una enorme cantidad de gente dedicada a la vagancia, al dinero fácil y al enriquecimiento a costa del contribuyente. Y mientras esto ocurre el pueblo mira para otro lado pendiente de los partidos de futbol. Ya nos lo recordaba Cervantes cuando, al dejar Sancho el gobierno de la ínsula Barataria, ponía en su boca estas palabras: “Nadie tienda más la pierna de cuanto fuere larga la sábana”.- José Mª Rodríguez

           

 

 


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