Viernes, 18 de noviembre de 2011

MONOMARENTALIDAD

No se frote los ojos. Ha leído bien. No se trata de un error. Se trata de una nueva y recién inventada palabra que acaba de introducirse, sagaz y astutamente, en nuestro vocabulario para darle un toque de género al lenguaje en beneficio de la igualdad. Un extraño neologismo con el que sus creadoras, abanderadas por Bibiana Aído, pretenden describir la familia nuclear, compuesta de uno o varios hijos y a una madre sin pareja como única progenitora. Pero no la busquen en el Diccionario dela RealAcademia.Su reciente aparición no ha sido aún recogida en nuestro diccionario oficial, a pesar de los intentos de sus defensoras y hasta de su forzada presencia en el mismísimo BOE en los años 2008 y 2009, coincidiendo con la ministra Bibiana Aído en el entonces Ministerio de Igualdad y ‘miembra’ del gobierno de Zapatero.

Quienes emplean el término “monomarentalidad” como antónimo de “monoparentalidad”, lo hacen porque no consideran el uso de “monoparentalidad” políticamente correcto por su apariencia discriminatoria y machista. Se fundan para ello en la errónea creencia de que la palabra “parentalidad” se deriva del étimo latino “pater”, padre. Ignoran que las palabras “monoparentalidad” y “monomarentalidad” no se relacionan etimológicamente con “pater” o “mater”, es decir, ‘padre’ o ‘madre’, sino con el étimo latino “parens, ntis”, (y no con un supuesto “marens, ntis” que no existe en latín), con el significado de ‘progenitor/a’, es decir, padre o madre, sin distinción de género. Un derivado, pues, del verbo “pario” parir, que como tal verbo carece de género, aunque evidentemente su acción es propia y exclusiva de la mujer. Un verbo de cuya raíz se deriva el sustantivo “parens, ntis”, es decir, “parentalidad”, (y nunca “marentalidad&rdquoGui?o, y que incluye necesaria e indistintamente tanto a la madre como al padre.

Quienes han acuñado y divulgado la palabra “monomarentalidad”, oponiéndola a “monoparentalidad”, para referirse con esta palabra a una madre sin pareja, podrían utilizar con más propiedad otras expresiones, como “monoparentalidad femenina”, “monomaternalidad” o simplemente “monoprogenitora”, etc.

Cabe sospechar, por otra parte, que el uso impropio de este vocablo en nuestra lengua tuviera su origen en la catalana, lengua en la que la palabra española “madre” se corresponde con la catalana “mare”, dando así origen en esa lengua a la palabra “marentalidad”, de donde pasaría como préstamo al español en el que se emplea como catalanismo.

Cierto movimiento feminista, famoso por la invención de gazapos tales como “miembra”, “cantanta”, “integranta”, etc. acaba de dar vida a esta palabrota y de ponerla en circulación. Son las defensoras de la igualdad de género que, en su noble lucha por conseguir por todos los medios su, por otra parte, digno objetivo, no dudan en entrar a saco y espada en el mundo de la filología. El empleo de este nuevo neologismo no merecería pasar de un mero chiste lingüístico, es decir, una ingeniosa ocurrencia que, al igual que otras, como «el comercio y el bebercio» o «la mascarilla y la más baratilla», tuvo su origen en puras similitudes fonéticas y semánticas. Pero en este caso las autoras de este desaguisado lingüístico no se conformaron con tan poco, pues creyendo hacer un gran servicio a la lucha por la igualdad de género y tratando de evitar una discriminación que sólo estaba en su imaginación, acabaron creando otra allí donde no la había. En fin, que ni siquiera la filología es ajena al aquel principio de Maquiavelo que dice que el fin justifica los medios.

           

 

 

 


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