Martes, 13 de diciembre de 2011

APAGONES

           Mientras en algunos concejos de nuestro entorno empiezan ya a notarse los efectos de la crisis en sus presupuestos, en la alcaldía de Ribadeo sólo atisban unos lánguidos y tenues esfuerzos para hacer frente a las dificultades monetarias que sufre el concejo. La disposición del alcalde dirigida a controlar el abusivo gasto energético mediante la regulación racional de un exceso de iluminación en las calles de Ribadeo, mediante la supresión de puntos de luz y bombillas de bajo consumo, es un primer paso en la disposición del gobierno local para poner freno a la deriva del despilfarro de la gestión municipal de los recursos públicos. Frente a esta laudable disposición actual del alcalde, presagio de otras más importantes, como la reducción de efectivos policiales o del Gruñir, de las ayudas al hogar, y otras muchas que seguirán, surgen sin embargo en la calle voces de protesta de algunos vecinos que parecen ignorar que el dinero que se gasta en estos excesos lujosos con los que, ignorando la crítica situación económica que padecemos, pretenden refocilarse, es el dinero procedente de nuestros impuestos.

            Y aunque es verdad que quienes así protestan no han asumido todavía la necesidad de ajustar nuestra forma de vida a la realidad económica que hoy nos toca vivir, a ellos sumo yo hoy mi voz de queja y protesta, aunque no por los mismos motivos. Racionalizar el gasto en los servicios que ha de prestar el concejo a los vecinos, abandonando aquella dinámica de derroche y despilfarro de los tiempos de las vacas gordas, se ha convertido hoy en una necesidad impuesta por las graves circunstancias económicas en las que estamos inmersos. Felicitaciones, pues, al alcalde por estos primeros y tenues pasos.

            Pero, aun a riesgo de convertirme en un “solista desafinante”, como algunos del BNG local me califican, manifiesto mi indignación pública por estas restricciones impuestas en los servicios primarios a los ciudadanos, puestas en marcha por el alcalde, mientras por otro lado se sigue manteniendo el derroche económico en los gastos superfluos de personal no necesario en la administración del concejo, en despidos improcedentes y en tantas otras actuaciones seudo culturales, dirigidas más bien a la promoción y fomento de una ideología política determinada, al más puro estilo guebeliano.

Tenemos un concejo sobredimensionado por el excesivo número de personal, primero contratado bajo el amparo y la disculpa de las subvenciones públicas y convertido después en personal fijo gracias al favoritismo de los correspondientes partidos de turno en el gobierno, cuando no repartos pactados entre los mismos partidos que se turnaban en las adjudicaciones de plazas, en las que no eran ajenos los concursos trucados, la información privilegiada, la alteración de prioridades, en detrimento siempre de la igualdad de oportunidades de los concursantes. Todo ello sin mencionar los injustos despidos a los que muchos trabajadores fueron sometidos, con el consiguiente coste económico para las arcas municipales que se nutren con los dineros procedentes de los impuestos con los que gravan nuestras haciendas.  

Recortar, pues, los excesos de los servicios públicos que se deben prestar a los vecinos no es sólo conveniente en los momentos actuales sino absolutamente necesario para hacer sostenible y viable nuestro concejo y los servicios esenciales que se deben prestar a los vecinos. Y en esto aplaudo la decisión del alcalde. Pero, sobre todo, se impone empezar por lo más gordo y más importante, que son los recortes y el adelgazamiento de una administración local, desproporcionada y agigantada para lo que es nuestro concejo. Y en esto censuro la decisión del alcalde.

 


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