Domingo, 25 de marzo de 2012

LA SOLUCIÓN A LA CRISIS

           La existencia de más de 4.000 empresas públicas, muchas de ellas sin actividad pero con empleados en nómina desde hace más de 20 años, nos hablan de los intolerables abusos que en su prolongada y delictiva orgía de despilfarro ha cometido y aun comete la clase política de este país. Empresas públicas innecesarias, creadas para refugio de familiares y amigos, que hablan de la estafa y fraude que los políticos han infringido a unos ciudadanos que ahora se ven obligados a soportar en sus vidas las consecuencias de esta crisis que ellos mismos provocaron, mientras mantienen impunemente sus lujos, privilegios y despilfarros ante la indignación y el asombro de un pueblo avocado a la pobreza. Un pueblo que sufre impotente las garras de la estrechez, sin poder hacer nada para evitarlo, salvo arriesgar su libertad, cuando no su seguridad, con manifestaciones callejeras, mientras la clase política vive protegida por unas leyes hechas ad hoc para blindarse ante la posible persecución de la justicia.

            Porque, ¿cuál es en realidad el origen de esta grave situación de crisis económica que hoy padecemos, sino la mala gestión ejercida por nuestros políticos gobernantes durante estos últimos años? Una larga etapa de corrupción, agravada en estos últimos años, en la que privan los privilegios de clase y se blindan los sueldos y las desorbitadas pensiones de los políticos de este país.

            Pero, tranquilos ciudadanos, que la clase política se ha puesto por fin en marcha en busca de la solución de la crisis. Ha descubierto que se está gastando demasiado dinero en el llamado estado de bienestar. El pueblo ha sido declarado culpable de esta crisis. Hay que ponerle remedio. Bajar los sueldos a los funcionarios, aumentar la jornada laboral, congelar y bajar las pensiones, subir los impuestos directos e indirectos, suavizar las normas que regulan las relaciones laborales, establecer el repago de la sanidad,  recortar las inversiones en educación y bienestar y un largo etcétera.

            Una equivocada y empobrecedora política de parches con la que tratan de disimular la verdadera causa de este desastre para poder continuar con sus orgías y privilegios, disfrutando de sus grandes sueldos y pensiones, sus costosas televisiones autonómicas, sus ridículas embajadas, sus privilegiados retiros en el Senado y en otros órganos vacíos de contenido, sus duplicadas administraciones para situar en ellas a sus afines y amigos y sus generosas y seductoras subvenciones. La verdadera causa de la crisis está en esta obesa e inviable forma actual de la estructura territorial del Estado que mantenemos, con sus 17 pequeñas españas, sus televisiones autonómicas, su inútil Senado y demás entes superfluos, creados para refugio y cobijo de políticos caducos. Esa es la causa de que tengamos que trabajar medio año para el Estado a cambio de casi nada y de que los españoles nos vayamos hundiendo cada vez más en la pobreza.

 La verdadera solución de la crisis no pasa sólo por la agrupación de concejos, la eliminación de empresas públicas, o los recortes impuestos al pueblo. Es necesario suprimir las televisiones autonómicas, las subvenciones, bajar los sueldos, pensiones y otros privilegios de la clase política, eliminar el senado y, sobre todo, reducir el modelo territorial del Estado de las Autonomías por ser económicamente inviable para la actual sociedad española. Un monstruo creado con la falsa disculpa de acercar los servicios al ciudadano, como si estuviéramos en la edad media y no en el siglo de las modernas tecnologías en el que no hay distancias. Es necesario retornar a un gobierno central como único administrador de los bienes y servicios de la nación. Pues, como aconteció con los antiguos reinos de taifas dela Españamusulmana, estamos ante un Estado de las Autonomías inviable e insostenible en la forma en que actualmente está funcionando - y es muy difícil que con esta clase política pueda funcionar de forma distinta - y que ha ido lenta pero inexorablemente desmembrando la unidad del Estado, cargando sobre los hombros de los más débiles la gran factura de la crisis provocada por las duplicidades y hundiendo cada vez más la economía del país con su enloquecido endeudamiento y despilfarro del dinero público. Sólo así estaremos en condiciones de eliminar este enorme cáncer en situación de metástasis, cuya erradicación supera los límites de la cirugía política actual.  

 

 

 

           


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