Domingo, 10 de junio de 2012

EL PERDON NO REEMPLAZA A LA JUSTICIA

           La diócesis de Mondoñedo está siendo sacudida recientemente por unos lamentables sucesos relacionados con la abusiva administración de sus bienes, obras de arte y objetos de culto en algunas de sus parroquias. Saqueos cometidos por quien tenía encomendada la misión de cuidar y pastorear, no sólo a las ovejas a él encomendadas, sino también el encargo de proteger los pastos en los que estas se alimentan, es decir, los templos en donde se albergan los piadosos objetos de culto entorno a los cuales se dispensa a los fieles los sacramentos y sacramentales que alimentan su fe. 

           Pero, al revés del ejemplar comportamiento de Benedicto XVI al enfrentarse al grave problema de la pederastia enla Iglesiacuando en su viaje a Portugal en mayo del año 2010, manifestaba públicamente que “el perdón no ha de reemplazar a la justicia”, los responsables de la diócesis de Mondoñedo, en vez de enfrentarse al esclarecimiento de estos lamentables hechos de expolio de los objetos de culto de estos templos, parecen estar protegiendo con su actitud al autor o autores de este saqueo, permitiendo que el paso del tiempo cubra estos hechos con una silenciosa sombra y queden así sumidos en el olvido. Un grave incumplimiento de la norma emanada del Concilio Vaticano II que, en el número 126 del capítulo 7 de su Constitución sobrela Liturgia, dice textualmente: “Vigilen con cuidado los obispos para que los objetos sagrados y obras preciosas, dado que son ornato dela Casade Dios, no se vendan ni se dispersen”.

            Estando bajo la custodia y gestión del presbítero Silvaje Aparisi desaparecieron  de los templos de esta comarca de Ribadeo y Trabada muchos objetos de culto y obras de arte religioso, cuyo actual paradero se desconoce, sin que los responsables diocesanos hagan nada para averiguar su destino y tratar de recuperarlos, provocando con su actitud el enojo de los feligreses que exigen conocer la verdad y saber si se ha presentado en los juzgados la correspondiente denuncia de estos hechos para recuperarlos. Y aunque algunos de estos objetos fueron, finalmente, devueltos por el presunto autor de estos hechos son muchos aún los que faltan por recuperar. Bajo la disculpa de una falsa restauración en unos casos, en otros trató el cura de disimular ladinamente su actuación ante los feligreses sustituyendo las auténticas imágenes por otras de plástico, como hizo en el templo de Cedofeita, en cuya sacristía aún permanecen las falsas imágenes como prueba evidente de sus engaños.

 Estamos ante un triste suceso que huele muy mal y quedan en el aire muchas preguntas que están demandando respuesta. ¿Qué tenían que restaurar? los flamantes confesionarios de la iglesia de Cedofeita que, con esta disculpa, pretendía llevarse el presbítero Silvaje Aparisi? ¿Por qué no se inspeccionó ese supuesto taller de reparación de que habla?  ¿Qué hace el obispado para recuperar esa imagen de San Francisco, de  la parroquia de Rinlo, que se encuentra actualmente, al parecer, en la tienda de un anticuario de esta comarca? ¿Quién la llevó a esa tienda y con qué motivo? ¿En dónde se encuentran actualmente ciertos valiosos enseres que faltan del templo parroquial de Cedofeita y de otros de esta comarca, desde los tiempos en que el ex cura Silvaje Aparisi estaba al frente de su administración? ¿Quiénes y cuántas personas formaban  parte de esta mafia dedicada al comercio del patrimonio religioso? ¿Cómo puede el obispado tratar de ocultar ahora estos hechos bajo la disculpa de una falsa prudencia? ¿A quién intenta proteger  y amparar el obispado con su pasiva actitud? ¿Qué se ha hecho de la citada norma del Sagrado Concilio? ¿Va a recoger el obispado el guante lanzado por el ex cura Silvaje Aparisi cuando en una famosa revista le retaba a presentar una denuncia contra él? ¿Pueden permanecer en sus cargos quienes, teniendo la obligación de velar por el patrimonio religioso y tratar de recuperar lo robado, se dedican a amparan estos hechos con su silencio? Son éstas preguntas que, ante la falta de un esperado comunicado oficial por parte del obispado, las enojadas gentes de estas parroquias se hacen todos los días, amparadas en el derecho que tienen a conocer la verdad de los hechos y recuperar lo que es suyo.

           


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