Martes, 12 de junio de 2012

ATENTADOS PATRIMONIALES

 Son tantos los abusos y atropellos a los que estamos asistiendo en los últimos tiempos que la presencia de uno más, en este caso en el patrimonio local de Ribadeo, ya no suscita reacción alguna en la gente, acostumbrada a contemplar impotente, uno tras otro, casos como el de la destrucción del entorno deLa Atalaya, las vidrieras de la capilla del cementerio, o los innumerables, inexplicables y graves errores que se contienen, tanto en la toponimia como en las demarcaciones territoriales del PGOM del concejo de Ribadeo, de los que sólo señalo una muestra para que los lectores de este semanario juzguen la ligereza con que se gasta el dinero procedente de nuestros abusivos impuestos.

 La actual redacción que nos ofrece el PXOM fija erróneamente los límites entre las parroquias de Cubelas y Vilausende en el Río Grande, atribuyendo por tanto el castro de A Pumarega a la parroquia de Vilausende, cuando, como todo el mundo sabe, pertenece a la parroquia de Cubelas, dado que el deslinde que separa ambas parroquias en esa parte del territorio no está fijado por el Río Grande, como erróneamente creen los redactores del PGOM, sino por una pared levantada mucho más al sur, en la cumbre de esas montañas. Errores que, partiendo de la base de un documento equivocado, serán tomados, si no se corrigen, como verídicos y fiables y transmitidos como tales a través de posteriores documentos a las futuras generaciones, alterando así gravemente, no sólo la identificación, sino también los contenidos del patrimonio histórico de nuestro concejo y de nuestras parroquias y núcleos rurales.

Cuando hace ya cuatro años la empresa Eptisa presentó el documento citado a los vecinos de este concejo, en el Salón del Auditorio Municipal de Ribadeo, fue advertida por algunos de los asistentes, entre los que me contaba yo mismo, de los muchos y graves errores que contenía el documento que presentaban, con el ruego de que procediesen a su corrección antes de su aprobación y publicación definitiva. Pero nadie hizo nada, salvo la honrosa excepción de las precisiones hechas últimamente en la prensa por el Sr. Gutiérrez.

Y hablando de atentados patrimoniales, acabo de contemplar atónito, en mi  habitual paseo por O Cargadoiro, un pequeño monolito con la siguiente leyenda: “PARQUE DE XAVIER R. BAIXEIRAS”. Es decir, una parte del histórico paraje conocido hasta hoy con el nombre popular de O Cargadeiro, quela ComisiónOficialde Toponimia dela Xuntade Galicia, ignorando el verdadero nombre consagrado por el uso popular, sustituyó por el de O Cargadoiro, se encuentra ahora bautizado con el nombre de Parque de Xavier R. Baixeiras. Y de esta irresponsable manera se destruyen así más de 100 años de historia de este bello paraje con un nombre que, aunque no muy antiguo, era así por todos conocido.

            La sustitución de los nombres con los que nuestros antepasados bautizaron nuestras calles y parques y que los utilizaban para describir una realidad geográfica, histórica, arqueológica, filológica o social, constituye un  grave atentado patrimonial contra uno de los más preciados bienes culturales de nuestra comunidad, que es la herencia natural y cultural que nuestros ancestros nos legaron.

            Estamos ante una equivocada actitud por parte de quienes se dedican, unas veces en nombre dela Leyde la memoria histórica, a sustituir nombres asociados a la dictadura franquista, que ya a su vez habían desplazado a otros más antiguos, y otras veces por deficiencias culturales, se dedican a sustituir los nombres históricos que hemos heredado de nuestros antepasados por otros topónimos honoríficos para homenajear con ellos a sus admirados personajes famosos.

            Y al hacerlo no dudan en ignorar la primera de las Directrices sobre Topónimos Conmemorativos dictadas por el grupo de expertos en nombre geográficos  dela ONU(UNGEGN), que dice: “Para proponer un topónimo sólo se consideraran personas a título póstumo; antes de que la propuesta de un topónimo conmemorativo se considere debe haber transcurrido un mínimo de 5 años desde la muerte de la persona”.

            Para rendir homenaje a una persona no escasean recursos sin tener que acudir a estas destructivas actitudes. Se le puede erigir una estatua o dedicar una biografía para divulgar su trayectoria personal y social. Lo que se debe evitar es enterrar para siempre topónimos que llevan años y siglos conformando un territorio y la propia vida que nos legaron nuestros mayores.


Comentarios

Añadir un comentario