Lunes, 27 de julio de 2015

EL MONDOÑEDO ILUSTRADO

      Comienzos del siglo XX. En la Ciudad de la Paula la vida de sus habitantes estaba profundamente marcada por la presencia del prestigioso y numeroso clero que en ella desempeñaba sus funciones educativas en el Seminario, religiosas en la Catedral, curiales en la administración diocesana y pastorales en las parroquias de su Ciudad. Ilustres personajes, tan significados como Vicente Saavedra, Francisco Fanego, Enrique Costas o la pujante saga de los Agrelo que, a través de su participación en la vida social de la Ciudad, trasmitían a sus habitantes su ilustración y su cultura humanística. Este flujo cultural, humanístico, filosófico y teológico, que desde los centros de enseñanza y opinión de la episcopal Ciudad impregnaba la sociedad mindoniense, tenía su expresión y reflejo en la vida familiar, en las charlas de las barberías, de las cafeterías, de los paseos por el Cantón. Los ecos de las magistrales lecciones impartidas en las aulas del antiguo seminario y transmitidas al pueblo por los alumnos externos residentes en las casas de la vieja Ciudad constituían el tema central de los comentarios de las tertulias y corrillos que a diario se formaban en sus calles, bares y barberías y hasta en el mismo casino. El elevado nivel de las disertaciones de los opositores a las canonjías, que con frecuencia tenían lugar en los púlpitos de la catedral, eran magistrales lecciones que ilustraban al pueblo que en gran número asistía a escucharlas, tomando apasionadamente partido por uno u otro contendiente. Los brillantes y solemnes sermones que en las fiestas mayores de la catedral pronunciaba su canónigo magistral o los apasionados sermones penitenciales de la cuaresma, que el pueblo acudía devotamente a escuchar, constituían una fuente de conocimiento sólo asequible a un pueblo tan estrechamente vinculado a su clero, tan numeroso y elitista. Fuentes todas de conocimiento en cuyas aguas bebieron tantos personajes célebres, músicos, poetas, literatos y hombres ilustres que en Mondoñedo brillaron y que están en la mente de todos.

      Expresión de esa profunda y enriquecedora comunicación entre los mindonienses y sus centros  de cultura, origen a veces de las profundas pasiones y acerbas críticas que los avatares del conocimiento desencadenaban en el pueblo, fueron los acontecimientos que tuvieron lugar en el año 1900 con motivo de unas oposiciones a una canonjía en la Catedral.

      Sucedió que, siendo obispo D. Manuel Fernández de Castro y Menéndez, popularmente conocido en Mondoñedo con el sobrenombre de D. Manueliño, se convocaron oposiciones a una canonjía en la Catedral. Entre los opositores figuraba el cura párroco de Las Angustias de Ferrol, Lic. D. Antonio María Agrelo Barrera, natural de Cubelas (Ribadeo) y tío del que unos años más tarde sería cura párroco de la parroquia de Santiago de Mondoñedo, José Mª Agrelo Rego, natural de Cedofeita y de memorable recuerdo por sus brillantes y apasionados sermones en los púlpitos de la vieja Ciudad y aún de toda la diócesis, y de quién el cronista Lence Santar, comentando sus famosos sermones con motivo de las muertes de Calvo Sotelo y del General Mola, escribió: “El Dr. Agrelo, además de su cultura y de su elocuencia, verdaderamente notables, es hombre de gallarda presencia, de voz clara y potente y de acción pura y delicada”.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 

      Ocurrió que el fallo del tribunal de la mencionada oposición, formado por los canónigos, D. Julián Hervás, D. Sergio de la Vega y D. Jesús Carreiras, fue favorable a uno de los contendientes, Gervasio Rodil, dejando eliminado a Antonio María Agrelo Barrera, que tuvo que regresar a su parroquia de Ferrol, hasta que meses después fue recompensado con la canonjía de Maestro de Ceremonias.

      El impacto negativo emitido por el tribunal causó tan profunda indignación y protesta en el pueblo de Mondoñedo, que había seguido atento el desarrollo de las intervenciones de los opositores, que dio pie a una publicación de protesta titulada “Historia del horroroso y sangriento crimen perpetrado en Mondoñedo por tres desalmados – se refiere al tribunal – el día 11 de mayo de 1900”. En ella que se describe la indignación popular la tamaña injusticia cometida, considerando el fallo del tribunal como un claro robo y un atropello, describiendo los hechos del siguiente tenor: “Un tribunal eclesiástico y desaprensivo por mayoría de un voto, prefirió un mequetrefe y pospuso a un sabio. ¿Pospuso a Agrelo? ¡Sí!, que también el pueblo judío pospuso a Cristo. ¡No en valde! El desaire que se dio al sabio y virtuoso sacerdote, vertió la última gota en el vaso del sufrimiento, que estaba ya rebosando, echaron fuero al barreno y se promovió la explosión. Mondoñedo recogió el guante y protesta, ¡protesta como sabe!, pero…¡vaya si protesta!, y al protestar sin esperanza de enmienda, al protestar en vano, protesta enérgico y decisivo, ¡protesta rugiendo! Y su voz de trueno es en esta ocasión una sola voz. Protesta como un solo individuo, ¡como jamás nuestro pueblo ha protestado! Y se recuerda de las pasadas oposiciones a la Magistralía, de las imperdonables felonías, de los sagrados compromisos, (bien pudiera llamarse sagrada la palabra de un canónigo). ¡Maldito el hombre que confía en el hombre! Maledictus homo qui confidit in homine, dice el Eclesiástico. Maldito quien se fía de Prebendados, podía parodiar Agrelo, victima de sus talentos, si enhorabuena fuese tan pésimo como aparecen sus verdugos. Volvamos los ojos a tiempos no muy lejanos; es necesario recordar la notable desventaja que llevó el “danzante” al contender con Agrelo. ¡Madre de Dios! Hacía más daño entre los latines, que un jabalí dejado a su albedrío en los maizales . ¡Qué interminable serie de fútiles boticarias – ahuecando la voz y no probando nada - , qué desbarajuste, que confusión de ideas! ¡Qué significado desconocimiento de las más rudimentarias reglas de la vía logística! ¡Qué exposición de premisas! ¡Qué consecuencias de pie de banco! ¡ Qué lógica más peregrina, niñas de la catequesis! ¡Fustibus est arguendum! Y continúa la mencionada publicación con expresiones como estas: Mondoñedo, estupefacto e indignado, pone el grito en el cielo. Mondoñedo probo, ilustrado, Mondoñedo siempre justo, admirador de sus legítimas glorias. ¡Mondoñedo en pleno exclama unánime: ¡Viva Agrelo! ¡Abajo los farsantes! Agrelo no va en Ferrol, quedó grabado para siempre en el corazón de todos los mindonienses…No nació en Mondoñedo, pero Mondoñedo lo aclama su hijo adoptivo… Mientras haya mujeres bonitas en Los Molinos, no quedarán sin castigo los vejámenes que tomemos en serio los de Mondoñedo.” Una larga composición poética corona la curiosa publicación, de la que entresaco el siguiente verso:  “Hasta las piedras  /  de nuestras calles  /  quieren protestar…  /  Lo que te hicieron  /  ilustre Agrelo,  /  no se olvidará;  /  si te desechan,  /  bravos obreros  /  ¡piden justicia!  /  No es de razón que triunfe tanto  /  la pillería.

         Pero el Mondoñedo de aquellos tiempos pasados ya no volverá. Solo nos quedan las antiguas piedras de sus edificios como silenciosos registros de su pasada historia y el recuerdo de su pasado esplendor. Y al recordarlo, en nuestro interior brota con profunda e inevitable añoranza aquella expresión de M. T. Cicerón en su primera Catilinaria: “O tempora! O mores!” ¡Oh tiempos aquellos, Oh costumbres!

 


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